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¿A poco ya se nos olvidaron las “huelgas locas” que azotaron a buena parte de México y en especial a Nuevo León bajo el mandato federal de Luis Echeverría y el estatal de Pedro Zorrilla?
Carlos Chavarria
marzo 4, 2018, 12:45 pm

López Obrador aprendió del PRI viejo, del PRI mañoso, del PRI traicionero, de aquellos gobiernos que decían una cosa y hacian otra, del que “negociaba” siempre torciéndoles la mano a los oponentes.

Esos gobiernos que para sobrevivir debían regirlo todo, la economía, la prensa, los bancos, etc., fueron gobiernos socialistoides que pensaban en un socialismo burocrático conveneciero y a modo, y tal como el chavismo de Venezuela, o como los presidentes mexicanos priístas hasta JOLOPO, este tipo de gobiernos necesitan enemigos para “legitimar ante el tribunal el pueblo” sus acciones.

Para eso Lázaro Cárdenas creó el corporativismo mexicano que le facilitó formar grupos de choque en las ciudades y el campo, los que amparados en una “legalidad” también a modo sirvieran de carne de cañón para “convencer” a los enemigos del momento.

¿A poco ya se nos olvidaron las “huelgas locas” que azotaron a buena parte de México y en especial a Nuevo León bajo el mandato federal de Luis Echeverría y el estatal de Pedro Zorrilla?

Díaz Ordaz fue el último presidente del periodo conocido como “desarrollo estabilizador” y bajo las acuerdos de la Internacional Socialista del período de la Guerra Fría convertirían a la América Latina en el Talón de Aquiles de la “Pax Americana”, todo esto que antes fue sospecha, ahora queda confirmado con la reciente apertura de documentos tanto del Kremlin como del Departamento de Estado de los EEUU.

Bajo la óptica geopolítica y la oposición de muchos países a la globalización, los bloques de poder dentro del Grupo de los 8, encabezados por Rusia, China comunista, Alemania y Gran Bretaña con total descaro financian los fútiles esfuerzos del socialismo del Siglo XXI en latinoamérica.

Si creemos que la globalización no ha resuelto el problema de la desigualdad social y la pobreza endémica, el socialismo probó que los gobiernos totalitarios distribuidores son la peor estrategia para mejorar. No esta el socialismo bajo juicio, pues nunca se ha llegado a los estadios de desarrollo  que justifican, según Marx y Engels, su aparición.

La bien orquestada campaña contra la corrupción que surgió de los banqueros  europeos a finales de los 90´s del Siglo XX, ahora  dirige todas sus baterías; no hacia los países del Primer Mundo, los mas corruptos y promotores de la corrupción que se han conocido en la historia; sino hacia aquellas tierras que han sido explotadas  por ellos para sostener sus niveles de vida, tratando de debilitar  sus gobiernos y en especial a los de América Latina.

Ya no se habla de que la crisis y recesión por la que no acaba de atravesar la economía mundial tiene sus raíces en la corrupción de los sistemas bancarios y sus reguladores, tanto en  los EEUU y como en  Europa.

Ahora necesitan de nueva cuenta de países emproblemados para que se mueva la rueda y el ciclo  de las deudas impagables para que esos países del “Primer Mundo” regresen a sus niveles de vida anteriores al 2007.

Ahora los países “ricos” se vuelven proteccionistas y abjuran del libre comercio y de los acuerdos y organismos internacionales que ellos mismos crearon en los ciclos y crisis de deuda anteriores que empezaron con el Efecto Tequila mexicano y que concluyó con la “justificada apertura” del mundo al libre flujo de  capitales.

AMLO no es socialista, es estatista al mas viejo estilo del PRI de los 70´s y eso es lo que necesitan los opositores a los EEUU, más crisis en Latinoamérica.

Napoleón Gómez Urrutia además de otros de los dinosaurios que esta “rescatando y reviviendo” AMLO jugarán el papel de grupos de choque contra los “enemigos” que habrá de inventar para justificar sus intentonas de sometimiento al poder absoluto presidencial.