La Carpeta:
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Nada. Cuando pudo, no quiso romper con Enrique Peña Nieto y ahora el rompimiento viene desde Los Pinos. Si AMLO proclama en esta campaña que “Juntos Haremos Historia”, lo de José Antonio, como tercer lugar, no será histórico, apenas será anecdótico.
Jose Jaime Ruiz
junio 7, 2018, 1:11 pm

El candidato del PRI a la Presidencia de la República, José Antonio Meade Kuribreña, no quiso o no pudo romper con el presidente Enrique Peña Nieto. Ahora el presidente rompe con su candidato. Cosas de política, cosas de sucesión, cosas de poder, cosas de cambio, no de continuidad.

José Antonio, aún con el gen PRIAN en su ADN, no pudo ni codificar a Los Pinos ni al PRI ni a los panistas ni, siendo ciudadano, a los ciudadanos. Luis Echeverría rompió con Gustavo Díaz Ordaz, José López Portillo con Echeverría, Miguel de la Madrid con López Portillo, Carlos Salinas con De la Madrid, Ernesto Zedillo con CSG, con Vicente Fox el PAN llegó a Los Pinos y, para ser candidato, Felipe Calderón rompió con Fox aunque le ayudó la animadversión de Fox en contra de Andrés Manuel López Obrador y después de Calderón el PRI retomó Los Pinos con Peña Nieto.

Nuestros sexenios han sido una tradición de la ruptura política. José Antonio Meade, sujeto a los equipos de EPN y Luis Videgaray, ha perdido el tiempo. Hubo muchos momentos para deslindarse y romper con la Presidencia y no lo hizo. Equivocados en la estrategia ciudadana y en la lectura de la “marca PRI”, forzaron al partido primero a abrirse y, después, a aceptar una “candidatura” ciudadana. Primer error, el presidente insultó al partido.

Ya como ungido, José Antonio sufrió la inercia de la gestión de Peña Nieto, y se estancó. Para avanzar tendría que romper con Peña Nieto. Meade nunca se atrevió, pero EPN sí se atreve. Paradojas del poder. Quien debería enfrentar la ruptura, no lo hizo; quien debería apostar por su continuidad, es ahora quien rompe.

José Antonio Meade no va a ser presidente de México. Por eso el PRI se reagrupa, porque ven perdidas Presidencia y gubernaturas. Las campañas que de verdad importan para el PRI ya se reducen a alcaldías, congresos locales y el federal. Y Enrique Peña Nieto cuida su espalda y la de su familia.

En la fraseología de la derrota anticipada, Ricardo Anaya y Jorge Castañeda gritan foul: “hay pacto de impunidad”. La discusión en el equipo de Morena ya se da en la estructuración de las políticas públicas, en la integración del gabinete (hasta se mencionó a Guillermo Ortiz y Santiago Levy, aunque luego atajaron esa posibilidad), en la reconciliación entre los extremos de Morena y en el trazo del proyecto de nación incluyendo, después de la reunión del abrazo entre Claudio X. González y Andrés Manuel, a la élite empresarial hasta con la posibilidad viable de la construcción del NAICM.

En Anaya el discurso de la derrota.

En AMLO, transición y estructura del nuevo gobierno.

¿Y en José Antonio Meade Kuribreña?

¿Y en José Antonio Meade?

¿Y en José Antonio?

¿Y en Pepe?

Nada. Cuando pudo, no quiso romper con Enrique Peña Nieto y ahora el rompimiento viene desde Los Pinos. Si AMLO proclama en esta campaña que “Juntos Haremos Historia”, lo de José Antonio, como tercer lugar, no será histórico, apenas será anecdótico.