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Sé que habrá quienes podrán compartir algunos de mis planteamientos, y lógicamente habrá quienes piensen de manera diferente; pero deseo dejar en claro que mis palabras llevan la mejor intención, y están construidas con buena fe, para un futuro de progreso en todos los órdenes.
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noviembre 22, 2018, 7:50 am

POR HERIBERTO GALINDO

En medio de la vorágine y de las vicisitudes políticas, el PRI podría empezar a resurgir, con mayor libertad y vigor, desuñes del 1 de diciembre próximo. La explicación en este ensayo en tres partes.

I. La terca realidad y las posibilidades de su resurgimiento

Uno de los problemas más grandes del PRI es que funciona como oficina electoral del poder ejecutivo en los tres órdenes de gobierno, y le corresponde cargar o con el lastre o con el prestigio, derivados de los desempeños gubernamentales, lo cual es, también, uno de los factores del desprestigio, que le han hecho ir perdiendo la supremacía como el poderoso partido político que fue, y que debería volver a ser para luchar, organizar, encabezar, proponer, proclamar, demandar, reclamar, criticar, convocar, exigir, encauzar, competir, acordar, construir y lograr.

El PRI puede y debe ser el máximo instrumento político electoral del poder que impulsa, pero antes debe ser un gran partido político, de causas y de gran penetración social.

Mi fidelidad al PRI desde hace 50 años me obliga, moral y políticamente, a expresar mis puntos de vista sinceros, respecto de la realidad política de mi partido, y sus perspectivas a futuro.

Con lealtad, pero sin timidez

Una cosa es la lealtad, el respaldo y la solidaridad del partido con los jefes políticos y otra, muy distinta, es actuar con timidez, temor, sujeción y dependencia de los más altos funcionarios del gobierno, actuando sin iniciativas propias, fieles a la cultura de la línea, la disciplina y la obediencia, que inmovilizan el trabajo político y dan paso a la sumisión y a la abyección que no contribuyen a la grandeza política de un partido, sino que representan modelos atávicos, asfixiantes, autoritarios, anquilosados, antidemocráticos y retrógradas que, en el fondo, son rechazados por la militancia, aunque ésta no se manifieste de manera contundente, y prefiera optar, en la mayoría de los casos, por el silencio, la inacción, la simulación y por una táctica de parálisis política, inmovilidad y “brazos caídos”.

El PRI tiene la necesidad de de un partido audaz, no pusilánime y menos consecuente con estado de cosas imperante.

Por eso es válido el comentario generalizado, a nivel nacional, en el sentido de que el PRI iniciará su resurgimiento, cuando concluya el mandato presidencial que hoy lo domina y lo limita; y por ello es de esperarse que, a partir de 1 de diciembre próximo, habrá mayor libertad para expresarse, participar y actuar; sin temor alguno.

Sin ingenuidad

No existe ingenuidad de mi parte, como para pensar que los gobernantes surgidos de las filas tricolores no puedan ni deban influir en las decisiones más trascendentes del partido político en el que militan, pero todos los excesos son dañinos, y más aún cuando las decisiones o las imposiciones recaen en personas no aptas, que no están preparadas para ejercer las dirigencias y menos aún los liderazgos, ya que para lograrlo, de manera óptima, se requieren virtudes esenciales, que son vitales para enarbolar las tareas partidistas.

Para que el PRI tenga el mayor éxito en la renovación del Comité Ejecutivo Nacional, el año entrante, en primer lugar se requiere tener la voluntad de convocar y de hacerlo mediante un método verdaderamente democrático, que apele a la madurez y a la civilidad de la gente, que sienta el ánimo de impulsar y proyectar a las personas más idóneas, con formación, preparación, capacidad, honradez, prestigio, emoción, liderazgo potencial, determinación, compromiso, honorabilidad, patriotismo, vigor, innovación, creatividad, proyecto y conectividad con visión de futuro. Pero, además, debe operarse con transparencia total, para elegir tanto a dirigentes nacionales en agosto, y en su tiempo a candidatos a puestos de elección popular.

Estos serán los primeros pasos que podrían coadyuvar a que la gente vuelva a creer y a confiar, poco a poco, en el PRI.

No se trata de que el partido y sus dirigentes se conviertan en oposición a los gobiernos surgidos de sus propias filas, pero sí de que exista capacidad de expresión, persuasión y crítica responsable y constructiva.

El partido y sus gobiernos

El Partido debe apoyar a los gobernantes surgidos de sus filas, al tiempo que, también, debe trabajar para acercarse al pueblo y enarbolar sus causas, y ser un eficiente gestor de las demandas ciudadanas, y un eficaz vaso comunicante entre el gobierno y la población.

Tener partidos políticos fuertes siempre será mejor para la sociedad y para los gobiernos.

Se requiere, también, un PRI fuerte para que sea un opositor responsable, serio, digno y con tesis bien sustentadas, frente al autoritarismo que se está gestando en las mentes de muchos de los que militan en Morena, que ya domina el poder legislativo y que se apresta a asumir el poder ejecutivo federal el próximo 1 de diciembre.

Al interior del PRI y en el país en general debe respetarse y fomentarse la libertad de expresión y de manifestación políticas, y se debe aceptar y alentar la crítica que, razonada, constructiva y propositiva, contribuya al fortalecimiento de la unidad y en defensa de los intereses auténticamente nacionales.

Pero lo anterior no fructificará si lo que se promueve es el ascenso a las dirigencias de ineptos, incondicionales, sumisos, simuladores o corruptos, y a personas carentes de vocación social y política, ética, principios y escrúpulos, pues eso se traduciría en la peor y la más nociva de las lacras para el PRI y para cualquier partido político.

Los otros partidos también en crisis

El PAN, el PRD, el PVEM y MC están en situaciones cruciales, también.

Nueva Alianza y el PES están en posiciones más delicadas aún, y el PT se cuece aparte.

Sería ocioso señalar nombres de los responsables o de los culpables del pasado fallido reciente en el PRI. Tampoco es útil denostar y ofender a las personas, pues los señalamientos son del conocimiento público.

Sin embargo me parece válido responsabilizar a quienes, mediante métodos y mecanismos interesados y antidemocráticos seleccionaron a personas nefastas y negadas para la política, en todos los niveles.

En lo que va de este sexenio, a nivel nacional, cubriendo las formas legales y las normas estatutarias vigentes, se eligió (designó) a César Camacho Quiroz, Manlio Fabio Beltrones, Enrique Ochoa Reza, René Juárez Cisneros y Claudia Ruiz Massieu, como los cinco dirigentes máximos del PRI de la era peñanietista pero, con todo respeto, y hay que decirlo con sinceridad, hubo quienes acertaron y quienes fallaron. La militancia lo sabe bien.

La política y la competencia partidista y electoral exigen la participación intensa de personalidades con perfiles indiscutibles de capacidad y liderazgo.

Las fallas más notables de algunos dirigentes han sido el desconocimiento de la vida partidaria, la ausencia de contactos y de eficacia en la operación con las estructuras; la falta de entrega, imaginación y vocación política y social verdaderas, para convencer y para poder atraer a la población.

Pasar de lo cupular a lo popular

Ha existido, así mismo, una carencia de motivación política por la escasez de estímulos para la militancia y por la estrechez de oportunidades para el ascenso político de verdaderos líderes populares —urge pasar de lo cupular a lo popular—; y existe una peligrosa suerte de mercantilismo que ha conducido a un penoso fenómeno de corrupción colectiva y pudrición, para no decir que de prostitución en el quehacer político, prácticamente en todos los niveles. Esto es muy duro al ser expresado, pero es muy cierto y no se bebe omitir, pues ha causado daños terribles.

Obviamente que los actuales dirigentes nacionales, estatales y municipales llegaron a los máximos cargos priístas por disposiciones superiores, algunos por méritos propios reales y por capacidad, y otros por ser una mera garantía de sumisión y de obediencia o, inclusive, por la recomendación interesada de los personajes más cercanos al jefe político, lo que en muchos casos, al final de cuentas, ha significado un lacerante lastre para el PRI.

Dentro de la militancia, en todo el país, existen personalidades que poseen características esenciales e intrínsecas, como para levantar al PRI e impulsarlo a nuevos horizontes, con valor férreo como para ejercer liderazgos de calidad, que sean excelentes opciones y de alta potencialidad y competitividad para triunfar; que abracen posiciones de causas y de vanguardia, y que abandonen la vergonzosa retaguardia en la que está sumido el otrora más poderoso partido político mexicano que, afortunadamente, todavía es el partido político con el mayor número de afiliados, sin contar a los simpatizantes.

Pero la búsqueda tiene que ser, necesariamente, por la vía democrática.

Hay cuadros de excelencia como para echar mano de ellos, bajo un espíritu de inclusión y de tolerancia.

El estado de desánimo generado por las derrotas, no es corresponsabilidad mayoritaria solamente de los gobernantes de origen priísta y de los dirigentes partidarios sino, también, de los llamados militantes de a pie, por la inactividad, la pérdida de ánimo y de interés genuino, por acciones erróneas y por omisiones, simulaciones, corrupción, conformismo, componendas, ausencia de compromiso, insensibilidad, traiciones y desatenciones con las bases.

Los recursos escasos

La falta de recursos financieros y la distribución correcta y fluida de los fondos existentes disponibles, también ha sido una causa importante de los fracasos.

Es urgente que entre los militantes y los simpatizantes del PRI imperen valores y espíritus democráticos, de lucha y de cambio, de honradez y de honestidad, de determinación y de libertad de expresión y de manifestación, de valentía y de innovación, de creatividad y de esperanza para resurgir. Si estos valores no existen, no habrá resurgimiento alguno, y estas tareas deberán hacerlas mujeres y hombres de todas las edades, en el marco de un verdadero y urgente entreveramiento generacional, dispuesto a nuevos pactos y alianzas inteligentes, pertinentes, éticos y factibles, para remontar la situación actual.

Si ello no se concreta, lamentablemente, estaremos asistiendo a la penosa disminución de la fuerza de la franquicia tricolor, y al surgimiento de nuevos partidos, derivados del potencial futuro cisma priista, más lo que surja del PAN, del PRD y de los demás partidos.

Si en el caso del PRI, para lograr lo anterior, hay que hacer cambios y adecuaciones a los documentos básicos, pues deberán hacerse, cuanto antes, a la luz de la asamblea nacional pendiente, más aún en el marco del 90o. Aniversario (en marzo próximo) del nacimiento del Partido Nacional Revolucionario, primer antecedente del PRI.

Línea, disciplina y obediencia

El origen del priismo está marcado en principio por la lealtad, sustentada en la cultura de la unidad, la línea, la disciplina y la obediencia; lo que confunde y confronta con la lealtad verdadera y plena, pues guardar silencio, simular y ocultar la verdad, por temor a represalias de la superioridad, es una muestra de deslealtad o, en el mejor de los casos, es ausencia de lealtad.

El flujo de las iniciativas que fortalezcan al PRI rendirán sus mejores frutos cuando disminuyan las imposiciones y cuando realmente se escuche a la militancia y a la sociedad en general, cuando haya verdadera participación propositiva y cuando se aminore o se acabe la dependencia de los poderes —lícitos o ilícitos—; para que el instituto político concebido y fundado por el General Plutarco Elías Calles se transforme y se convierta en un mejor partido político, que vuelva a interpretar el sentido popular y que sea moderno, innovador, responsable, eficaz y eficiente.

Esto que podría parecer un sueño guajiro, muy pronto podrá empezar a ser realidad, por lo menos por espacio de seis años, para dar paso a las inminentes luchas internas que pondrán en juego temple, intereses y proclamas de pronóstico reservado, ya sin “el fiel de la balanza” en funciones presidenciales.

Lo mismo ocurrirá en veinte Estados de la República en los que el PRI ya no gobierna. Serán seis años que permitirán la libre discusión de las ideas.

Sobre Enrique Peña Nieto —quien todavía es el líder y jefe nacional del PRI, por ocho días más—, expreso y sostengo que posee proverbial sensibilidad, innegable vocación política y magnífica capacidad como operador pero, lamentablemente, en el ejercicio del poder abusó de su talento y de su destreza, y cometió equívocos al rodearse de algunos colaboradores en los que confió al máximo, y quienes no le dieron los mejores resultados; a pesar de que eran elementos preparados, pero para otro tipo de tareas; pues son gentes un tanto arrogantes, sectarias, excluyentes y de criterio obtuso que, con el tiempo, se convirtieron en demasiado poderosos, y por sus ambiciones e intereses, prácticamente, envolvieron, aislaron, cercaron y mantuvieron al Presidente de la República alejado de la población, en un círculo muy reducido e impenetrable; habiéndolo perjudicado de manera notable en su imagen, no obstante que el balance de su gobierno, en mi opinión, es positivo, por obras tangibles e intangibles, que a lo largo del devenir histórico de nuestro país mostrarán su utilidad publica pero, sin embargo, lo más lamentable es la percepción social que es mayoritariamente negativa hacia él y su gobierno, precisamente por los descuidos ya citados, y por algunos evidentes desempeños fallidos de servidores públicos que tienen fama, cierta o falsa, de corruptos o ineptos.

Pareciera que en los altos mandos no se ha interpretado, a cabalidad, lo que pasó el pasado 1 de julio.

Por lo menos en el PAN ya se confirmó el liderazgo aunque vive un cisma.

En el PRD existe una guerra en pos de sus cenizas, y Nueva Alianza discute qué hacer con el regreso de la maestra Elba Esther Gordillo, quien acaba de anunciar que luchará, con su gente, para recuperar el SNTE y quizá el partido que nació bajo su inspiración.

En el PRI lo que hoy más se requiere es que exista un partido cada vez más fuerte, más activo, más democrático, de causas de corte social, que luche por el bienestar de la gente, como un partido progresista y de avanzada, cada vez menos neoliberal y cada vez más democrático y comprometido con el pueblo, pero sin caer en las locuras políticas propias de estrategias populistas, que son etapas superadas, aunque hoy las enarbolan Morena y el PT.

Recuperar banderas

Se trata, precisamente, de recuperar banderas de reivindicación, y sobre todo ahora que las fracciones priistas son minoritarias en ambas Cámaras del poder legislativo; y porque nuevamente se es oposición, y se deberá actuar como un partido político responsable, digno y serio, bien sea para oponerse a lo que no le conviene al país, o incluso para apoyar causas de interés verdaderamente nacional en el H. Congreso de la Unión, y en apoyo a las buenas actitudes de los gobernadores de origen priista que, con los de origen panista y perredista podrían y deberían integrar un bloque de poder civilizado, que se convierta en un contrapeso digno de ser atendido por quienes triunfaron en las elecciones más recientes, habida cuenta de la falta de contrapesos en el poder legislativo.

El sector empresarial, los mercados financieros y destacados comentaristas de los medios de comunicación social, más la innovación creciente de la redes sociales podrían fortalecer una sinergia interesante en tal sentido, es decir, convertirse en contrapesos serios, estables y bien sustentados.

Nuestro país los necesita para un exitoso devenir.

Si los priistas se aplican, tiempos nuevos vendrán para el PRI.

Debe impulsarse la evolución del partido, sobre todo ideológica y estratégica par una óptima actualización, ante las exigencias y aspiraciones de la sociedad que pide innovación y creatividad, y que señala a la corrupción, a la falta de seguridad y a la impunidad como los males mayores de México.

El presidente de la República y su partido

Es usual e innegable que el presidente de la República en turno influye, de manera importante y definitiva, en las decisiones más trascendentales en la vida interna del partido político en el que milita; así ha ocurrido desde siempre en el PRI, y en menor o mayor medida en el PAN, en los tiempos de los presidentes Vicente Fox y Felipe Calderón, respectivamente, y así será, seguramente, en Morena con la influencia manifiesta y dominante de Andrés Manuel López Obrador, en su calidad de presidente de la República y líder real de su partido.

Así fue en el PNR y en el PRM, desde los tiempos del “maximato” Callista, durante los períodos cardenista y avilacamachista, hasta llegar al alemanismo y demás “ismos”, salvo algunas excepciones, pues este fenómeno político es consubstancial al ejercicio pleno del poder presidencial en México.

II. La influencia de Peña Nieto en la historia priista reciente

La influencia de Enrique Peña Nieto en el CEN del PRI, data desde que era gobernador del Estado de México, sobre todo durante la segunda mitad de su período gubernamental, y hasta la fecha.

Veamos:

Cuando la Presidencia de la República estaba encabezada por Felipe Calderón Hinojosa, desde Toluca el gobernador Enrique Peña Nieto ejerció influencia y poder que articularon alianzas para que Beatriz Paredes, Humberto Moreira y Pedro Joaquín Coldwell asumieran, en tres momentos continuos, las presidencias del CEN del PRI.

Mientras el gobernador Peña Nieto construía y tejía su candidatura presidencial, mediante acuerdos, pactos y “amarres”, Luis Videgaray y Luis Miranda llevaban el peso del gobierno estatal.

Aurelio Nuño ya estaba en el equipo, y empezaba a desempeñarse como un joven y talentoso asesor de EPN. Los tres al igual que el exgobernador de Hidalgo, Miguel Angel Osorio Chong lograron enorme poder en la campaña presidencial, y más tarde en la presidencia de la República, en las áreas más importantes, con una influencia que fue calificada de excepcionalmente poderosa, trascendental y definitoria y, a veces, hasta de monstruosa, por excesiva y dominante, misma que terminó dañando al PRI, al gobierno, al país, al propio Presidente de la República, y a ellos mismos.

El Pacto

Enrique Peña Nieto fue un excelente gobernador, y como presidente de la República tuvo un magnífico y lucidor despegue con el llamado PACTO POR MÉXICO, que dio razón y sustento político a la sinergia que engendró las iniciativas de reformas estructurales que fueron aprobadas por el poder legislativo, del que yo formé parte.

Pero para obtener un justo equilibrio y un mayor éxito, al Presidente quizá le hubiera sido útil integrar un equipo adicional espejo, que le significara un contrapeso al interior de su propio gobierno, para ubicar y acotar al poderoso círculo más cercano, dada la devastadora influencia que ejercieron, frente al acotado poder de la mayoría del resto de los Secretarios de su gabinete.

El contrapeso formal para la buena gobernanza durante la administración de EPN se halló en las Cámaras legislativas, lo cual no existe en la actualidad.

Los personajes y el poder

Las historias de MÉXICO y del presidencialismo mexicano nos aportan la sabiduría de los equilibrios y de los pesos y los contrapesos.

* Miguel Ángel Osorio Chong, siendo un político con oficio político probado y con trayectoria significativa, tuvo cargas pesadas sobre sus hombros propios de la Secretaria de Gobernación, sobre todo por el tema de la seguridad. Luchó, sin éxito, por la candidatura presidencial hasta el final de la competencia interna. Hay quienes le adjudican el patrocinio original del Partido Encuentro Social.

* Luis Videgaray, se convenció de que no sería el candidato presidencial del PRI, tras el descalabro público sufrido por haber recomendado a EPN la visita a México, como jefe de Estado, del candidato presidencial estadounidense Donald Trump, lo cual lo forzó a renunciar a la titularidad de Secretaría de Hacienda y Crédito Público, aunque tras el triunfo del republicano, Videgaray fue reinstalado, pero como Secretario de Relaciones Exteriores, donde ha desempeñado un papel importante en las negociaciones bilaterales, y no ha dejado de ejercer influencia politica relativa en lo interior.

* Según los que se asumieron como muy enterados, Aurelio Nuño fue el finalista de la contienda interna secreta, llevada cabo solamente en la mente y en el corazón de EPN y de muy pocos consejeros áulicos.

* Sin embargo se consideró más rentable al Dr. José Antonio Meade, como el candidato más indicado para competir y para ganar, y a Nuño se le encargó la coordinación de la campaña.

* Manlio Fabio Beltrones optó por no moverse más en la búsqueda de la candidatura presidencial, no obstante ser considerado por su trayectoria y desempeños, después de EPN, como el político más completo y destacado de estos tiempo.

* José Narro Robles, con una desatada hoja de servicios, habiendo podido ser una prestigiada opción presidencial en términos de la aceptación de la opinión pública, sobre todo de la ilustrada, se quedó como se dice en el argot beisbolero “con el bat en el hombro”.

* Igual ocurrió con Enrique de la Madrid Cordero, joven pero maduro político y servidor público con magnífico desempeño, quién abiertamente manifestó sus deseos de competir. Su perfil y juventud, le podrían permitir tener acceso a futuras oportunidades en mejores tiempos políticos.

* EPN y el PRI optaran por el Dr. José Antonio Meade como candidato presidencial, por considerarlo la carta más sólida, prestigiada e indicada en ese momento, después de haber sido cinco veces secretario (Hacienda dos veces, Energía, Desarrollo Social y Relaciones Exteriores) en gobiernos panistas y priistas, y por contar con fama de inteligente, capaz, honrado y ordenado. Durante los primeros meses de la campaña había la esperanza de triunfar.

* Luis Miranda, no fue mencionado como aspirante presidencial, y fue ascendido de Subsecretario de Gobernación a Secretario de Desarrollo Social, y más tarde se le encauzó hacia la Diputación federal, desde donde defiende fielmente a EPN.

* El Senador Emilio Gamboa, hombre de enorme trayectoria en el servicio público nacional, ex líder de la Cámara de Diputados, líder de la fracción priísta en el Senado de la República, y muy buen amigo de EPN, avanzó, “como la humedad”, pues consolidó y amplió su magnífica cercanía, al grado de convertirse, de manera notoria, sobre todo en la segunda mitad del período presidencial, en el político más influyente del régimen, dada su experiencia, buen carácter, y habilidad, por sus gratas conversaciones, oficio político y destreza para el golf —deporte favorito de EPN—; habiéndose convertido en un útil aunque tardío contrapeso, ante el poderío ejercido por Videgaray, Osorio, Nuño y Miranda.

Gamboa es un campeón de la habilidad para influir, así lo ha hecho siempre, desde sus primeros desempeños en los gobiernos de José López Portillo y Miguel de la Madrid, pasando por los de Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo y hasta ahora; aportándole útiles opiniones al presidente Peña Nieto, y colocando en magnificas posiciones del PRI y del poder ejecutivo a sus colegas Senadores de ambos géneros, dadas la generosidad y habilidad, también excesivas, que le caracterizan.

Sin inquina personal

No tengo inquina personal contra persona alguna, y reconozco el talento y la capacidad que poseen los personajes mencionados.

En este texto simplemente señalo con satisfacción lo positivo y con tristeza y pena lo negativo; comento así mismo, -antes de que concluya el mandato federal- los excesos de acción y de omisión, que en mi opinión se cometieron, y las afectaciones que se generaron, quienes aislaron al Presidente y lo alejaron en especial de la clase política, del mundo intelectual, de los medios de comunicación social y de las redes sociales.

Un poco más de historia

Ya siendo Presidente de la República EPN, ungió a César Camacho Quiroz, político mexiquense con amplia trayectoria, como relevo de Pedro Joaquín Coldwell quien cumplió bien con su dirigencia en plena campaña presidencial; y Camacho también exgobernador mexiquense salió bien librado de su desempeño, con buenos resultados tras la 21 Asamblea Nacional del PRI.

Manlio Fabio Beltrones fue electo al frente del PRI en relevo de Camacho Quiroz.

El excelente político sonorense hizo su mejor esfuerzo por refrendar, desde el CEN del PRI, su eficacia como operador político de altos vuelos, y para refrendar su lealtad a EPN, mostrada, con sobradas pruebas, en la 62 Legislatura de la Cámara de Diputados, donde su liderazgo fue indiscutible y su lealtad y eficacia con EPN y con el país fueron manifiestas, al encabezar la fracción parlamentaria mayoritaria de la legislatura más prolija y reformadora de toda la historia.

Enrique Ochoa Reza fue ungido como presidente del CEN del PRI, luego de la renuncia que, por vergüenza política, presentó Beltrones ante los pésimos resultados electorales del 2016.

Al ex líder parlamentario le jugaron las contras desde varias posiciones del gabinete presidencial, teniendo como propósito eliminarlo de la carrera presidencial; lo cual lograron, tras aquella debacle, premonitoria de la recibida el 1 de julio próximo pasado.

Ochoa Reza tuvo un desempeño cuestionado al frente del PRI, no obstante sus buenos resultados como Subsecretario de Hidrocarburos de la Secretaría de Energía y como Director General de la Comisión Federal de Electricidad.

El michoacano, abogado, economista y doctorado, no conocía las entrañas del Partido ni a la mayor parte de los actores políticos nacionales y regionales, y por ello no logró una óptima conectividad que le permitiera un diálogo más intenso con líderes y operadores.

Ochoa tiene lo suyo como servidor público eficaz, pero liderar y conducir al PRI no es fácil.

Tras la renuncia de Ochoa Reza a la dirigencia nacional del PRI, éste fue relevado por el entonces Senador René Juárez Cisneros, quien había sido valorado por EPN luego de su buen desempeño en la reconstrucción de los pueblos oaxaqueños dañados por el sismo del año pasado.

Juárez Cisneros es un servidor público de resultados, “echado para adelante”, economista y político, que fue alcalde de Acapulco, diputado y gobernador del Estado de Guerrero, muy experimentado; hombre que sabe afrontar retos, proveniente de la cultura del esfuerzo, de origen extremadamente humilde, valiente, esforzado y decidido, quien en unos cuantos meses se consolidó como dirigente partidista en la etapa final de la campaña electoral. Fue muy bien aceptado por la militancia, con buen discurso y rápida conectividad, aunque la derrota ya venía en camino.

Tras su renuncia para convertirse en líder parlamentario de la disminuida fracción priísta en la Cámara de Diputados, fue relevado, por prelación estatutaria, por quien fungía como su Secretaria General en el CEN: Claudia Ruiz Massieu, mujer aplicada y de carrera meteórica, quien ocupó las Secretarías de Turismo y de Relaciones Exteriores en el actual gobierno federal; y hoy sufre las presiones propias que se ejercen en estos avatares, presta para concluir la etapa que le corresponde terminar, preparando los pormenores de la Convocatoria respectiva para su propia sucesión. La lucha por el relevo en el Comité Ejecutivo Nacional del PRI seguramente que será intensa y como dicen en los barrios: será “a navaja libre”.

III. ¿Quiénes aspiran a presidir el CEN del PRI?

1.- Miguel Ángel Osorio Chong, Senador de la República y actual Coordinador de la fracción parlamentaria del PRI en el Senado de la República; exgobernador del Estado de Hidalgo, exdiputado federal, expresidente del CDE del PRI en su Estado natal; Secretario de Operación Política y de Organización del CEN del PRI, y Secretario de Gobernación en el gabinete del presidente Enrique Peña Nieto.

2.- Alejandro Moreno Cárdenas, Gobernador del Estado de Campeche, ex Diputado federal, ex Senador, ex dirigente juvenil y ex Secretario de Organización del CEN del PRI. Fue presidente de la Comisión de Gobernación durante la 62 Legislatura.

3.- René Juárez Cisneros, exgobernador del Estado de Guerrero, ex Senador y dos veces Diputado federal, actualmente es el Coordinador de la fracción del PRI en la 64 Legislatura de la Cámara de Diputados. Fue presidente municipal de Acapulco en tiempos del gobernador José Francisco Ruiz Massieu, y se desempeñó como Subsecretario de Gobernación al lado de Osorio Chong, aunque para ese cargo fue promovido ante EPN por el entonces lider sanatorial Emilio Gamboa Patrón. A lo largo de su carrera ha ocupado varías posiciones en el CEN del PRI.

4.-Rubén Moreira Valdés, exgobernador de Coahuila, actual Diputado federal, presidente de la Comisión de Frontera Norte de la 64 Legislatura, expresidente del CDE del PRI en Coahuila, Secretario de Acción Electoral y de Organización del CEN del PRI.

5.-Ismael Hernández Deras, exgobernador de Durango, expresidente municipal de la capital del Estado, Diputado federal en dos ocasiones, dos veces Senador de la República, actual dirigente nacional de la CNC; presidente del CDE del PRI en su Estado natal, Delegado del CEN en varias entidades federativas. Fue dirigente juvenil del PRI en Durango.

6.-Ulises Ruiz, exgobernador de Oaxaca, ex dirigente estatal del PRI, ex secretario de Acción electoral del CEN, ex delegado general del CEN en varios Estados de la República. Sus últimos y más exitosos desempeños fueron en Quintana Roo, como Delegado del CEN del PRI. De él de dice que, si no logra la presidencia del PRI, pretenderá fundar otro partido político.

7.- César Augusto Santiago, destacado politicé oriundo del Estado de Chiapas, ha sido Secretario de Acción Electoral del CEN del PRI en varias ocasiones y encargado de la presidencia del CEN. ExDiputado federal varías veces, Asambleísta local en el DF; y exSenador de la República. ViceCoordinador de la fracción priísta de la 61 Legislatura en la Cámara de Diputados al lado del entonces Coordinador Francisco Rojas Gutiérrez; funcionario de alto nivel en Pemex y en CFE. De él también se afirma que, de no obtener éxito en su aspiración, podría aplicarse a la fundación de otro partido político.

8.- José Ramón Martel López, ex dirigente juvenil nacional del PRI; varias veces Diputado federal; ViceCoordinador de la fracción priísta en la 61 Legislatura al lado del Coordinador parlamentario Francisco Rojas Gutiérrez; Delegado del CEN del PRI en distintos Estados de la República; Secretario de Organización del CEN del PRI Delegado político en el gobierno del DDF; Director General del Consejo Nacional de Recursos para la Atención de la Juventud, (CREA). Oficial Mayor de la Secretaría de la Reforma Agraria; Asesor político del Secretario de la SEDESOL, José Antonio Meade y en su campaña presidencial. Posee el mayor número de contactos y de relaciones políticas con líderes estatales de la estructura priísta.

9.- Ivonne Ortega Pacheco, exgobernadora de Yucatán, exDiputada federal, ex Senadora y ex presidenta municipal de su pueblo natal. Fue Secretaria general del CEN del PRI, siendo César Camacho Quiroz presidente. Aspiró a la candidatura presidencial del PRI.

10.- Un aspirante que surja de última hora, hombre o mujer, con arrestos, capacidad y prestigio notables; que pueda conciliar y que logre proyectar un liderazgo fuera de duda, y que sea producto de acuerdos, negociaciones y equilibrios, pero que esté dispuesto a recorrer el país para buscar el respaldo del priismo, participando en una contienda democrática en pos de la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Revolucionario Institucional. En este contexto podría hablarse de personajes como José Narro Robles, Enrique de la Madrid Cordero, David Penchyna, Jorge Carlos Ramírez Marín y José Calzada Rovirosa, por ejemplo.

Quienes se inscriban para competir y surjan a la palestra, deberán someterse al escrutinio público que impone todo proceso democrático.

Consideraciones finales:

La derrota sufrida por el PRI el 1 de julio próximo pasado fue de dimensiones inesperadas, y por ello el pronóstico de adversarios y de muchos analistas y observadores es tan negativo que hasta hablan de desaparición o de defunción del PRI; sin embargo el partido está vivo y puede resurgir con el impulso de las viejas y de las nuevas generaciones que seguimos pensando que somos y podemos seguir siendo, si lo intentamos, la mejor opción, para volver a enarbolar las mejores causas de MÉXICO, habiendo aprendido las lecciones, con madurez, y con disposición para cambiar y para adecuarnos a la nueva realidad nacional.

La responsabilidad es de todos los priistas y simpatizantes, pero la culpa de la derrota es imputable a factores que se sustentan en el criticado desempeño y en la mala conducta de quienes le fallaron al pueblo. Lamentablemente la carga más pesada fue para el PRI, y el hartazgo de la sociedad no quiso esperar, y se manifestó de manera contundente y arrolladora en las elecciones más importantes de la historia nacional.

Para la renovación de la dirigencia nacional del PRI habrá que esperar al 2019, para que se emita la convocatoria correspondiente.

Habrá que esperar, también, una disputa y una lucha democrática y madura, de altura, con debate de ideas y con discusión de propuestas serias, para que el todavía partido político más numeroso de México, -aunque esté disminuido por haber perdido la presidencia de la República y la mayoría en los poderes legislativos federales y locales-, pueda resurgir y renacer, bajo los mejores augurios.

Elegido el relevo, en una primera etapa será urgente preparar estrategias, tácticas y cuadros para competir en las elecciones intermedias del 2021.

La vida nacional requiere de pesos y de contrapesos ante el apabullante dominio de las y los legisladores de Morena, para contrarrestar sus afanes autoritarios, pues ellos y ellas están actuando sin contrapesos, y sin importarles las opiniones ni las posiciones diferentes.

Todos somos mexicanos y merecemos respeto absoluto a las ideas y a la dignidad humana.

Habrá que convocar a lo mejor de la sociedad en general, a las y a los mejores y más prestigiados veteranos de gran experiencia y brillantez, y a las y los jóvenes más talentosos, entusiastas y capaces.

Serán muy necesarias y saludables las contiendas libres y respetuosas, propositivas y creativas, que sacudan al PRI desde sus entrañas hasta la superficie, por el bien del mismo partido y de México.

Los partidos políticos requieren de gente prestigiada y de bien, para encauzar sus liderazgos; por eso mismo se debe tener mucho cuidado en el proceso que viene.

El pueblo está cansado y harto de los corruptos, de los ineptos y de los soberbios.

Para volver a despegar se requiere de verdaderos portentos de la política, y habrá que buscarlos y encontrarlos, pues existen.

En el caso del partido tricolor habrá que seleccionar gente honorable, que tenga compromiso, preparación, capacidad y prestigio.

De los nombres expuestos se puede colegir que no todos aprueban el más mínimo examen, pero allí están a la vista del público escrutador.

Así que habrá que estar pendientes y ser muy acuciosos y muy nítidos como observadores y como actores, para tomar las decisiones trascendentales que el pais exige.

Al exponer mis reflexiones expreso mi satisfacción por manifestar, con libertad absoluta, mis observaciones leales y respetuosas, como priísta comprometido y preocupado por el futuro del partido político en el que milito desde hace cincuenta años. Sé que habrá quienes podrán compartir algunos de mis planteamientos, y lógicamente habrá quienes piensen de manera diferente; pero deseo dejar en claro que mis palabras llevan la mejor intención, y están construidas con buena fe, para un futuro de progreso en todos los órdenes.