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Los bombardeos de las ciudades sirias nos ratifican que la memoria tiene todavía mucho que hacer a favor de nuestra humanidad
FELIX CORTES CAMARILLO
abril 10, 2018, 6:09 am

Es prácticamente imposible saber cuándo cesará el martirologio de la población civil de Siria, de Duma a Alepo y de Homs a Damasco, ciudades rodeadas por una maraña de intereses políticos y de capital y radicalismos raciales y religiosos. El más reciente bombardeo con armas químicas rebasa todos los límites de los intereses del capital de los fabricantes de armas.

Como siempre, las víctimas son los más débiles. Los civiles, que nunca pidieron entrar a este fuego cruzado que todavía se empeña alguien en llamar guerra civil. Peor aún, los niños.

Los mayores tratamos de olvidar la foto aquella de una niña vietnamita corriendo desnuda por la calle porque una bomba de napalm norteamericana la estaba matando.

Los bombardeos de las ciudades sirias nos ratifican que la memoria tiene todavía mucho que hacer a favor de nuestra humanidad.

No tenemos derecho a olvidarnos de nuestra animalidad, aunque ésta se manifieste miles de kilómetros alejada de nosotros.

PILÓN.- Desde que el mercado de las publicaciones periódicas en México abandonó a las revistas de información y opiniones, como las que hacía José Pagés Llergo para dejar paso a las revistas que en España se llaman de cotilleo o del corazón, este país dejó de ser serio.

No sorprende, por lo mismo, que los cuatro candidatos a la Presidencia de México se muestren absolutamente carentes de propuestas claras y precisas sobre los principales problemas de nuestro país, que no son pocos.

De esta suerte, la opinión política en nuestro país se origina y digiere a partir de la lista de quienes fueron invitados, y además asistieron, a la mariscada para celebrar los primeros setenta años de nuestro villano favorito, Carlos Salinas de Gortari. O la lista de quienes no fueron invitados o simplemente no fueron.

Enrique Peña Nieto y los secretarios de Estado que por ahí se mostraron tienen todo el derecho del mundo de ir a las fiestas que les dé la gana. Su vida privada es eso. Lo mismo vale decir para los miembros del Judicial o del Legislativo que acompañaron al expresidente.

Si Quirino Ordaz Coppel metió mano al erario del estado del cual es gobernador para pagarle a un restaurante de Mazatlán los mariscos que hicieron la delicia de las mesas de invitados, es otro asunto.

Como dice el clásico: Hay que ser marranos, pero no trompudos.