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Ayer vi en el cine Bohemian Rhapsody. La película es buena, con la salvedad de que a ratos, el actor Rami Malek se parece más a Rigo Tovar que a Freddie Mercury.
Eloy Garza
noviembre 12, 2018, 6:26 am

Ayer vi en el cine Bohemian Rhapsody. La película es buena, con la salvedad de que a ratos, el actor Rami Malek se parece más a Rigo Tovar que a Freddie Mercury.

Contra la opinión general, lo menos atractivo del film fue precisamente la caracterización de Remi Malek: está muy chaparro para interpretar al vocalista de Queen y era de esperarse que las escenas de Live Aid fueran una copia opaca y triste de la realidad.

No podía ser de otra manera: arriba del escenario, Mercury era un inigualable fenómeno de la naturaleza; una fuerza descomunal que avasallaba con su performance: era  the great pretender.

Por cierto, no aceptemos la hipocresía implícita de la película que lo pinta como un inocente y aniñado artista: Mercury era un cabrón bien hecho, un perfecto hijo de la chingada. Sabía muy bien a quién herir y cómo lastimar los sentimientos ajenos.

Es cierto: las rolas de Queen no tienen la dimensión revolucionaria de otras bandas de rock históricas. Es cierto: su última etapa discográfica es pobre y no hace justicia a la primera etapa. Pero Queen cumplía con creces las expectativas de todo boleto pagado para un concierto o presentación en vivo. Eran fantásticos.

Que ahora el resto de la banda produzca una película para ajustar cuentas contra Mercury me parece una revancha infantil. No creo que Mercury volviera con la cola entre las patas con sus antiguos amigos, arrepentido de grabar un álbum en solitario, porque todos los integrantes de esa banda lo hicieron antes y después. Es más: el propio Mercury lo volvió a hacer dos o tres veces el resto de su vida.

Tampoco creo que Mercury fracasara con su álbum como solista que grabó en Munich, porque no tenía a su lado a sus colegas de Queen. Fracasó simplemente porque se la pasó en la droga y en la fiesta loca. Y la creatividad no siempre aflora en situaciones límites. Así de simple.

Finalmente, el director de la cinta (que no acabó de dirigirla por completo) Bryan Singer, es un narrador de historias hecho y derecho. No es mérito menor: esa cualidad narrativa sostiene Bohemian Rhapsody como espectáculo audiovisual.

Incluso, de no ser por su ritmo y desarrollo dramático, la película sobre Freddie Mercury no hubiera pasado de ser una versión edulcorada de nuestro ídolo, casi rebajado a un lindo personaje de Disney.