La Carpeta:
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Si lo interpreto bien, el próximo domingo puede entrar a mi casa cualquier sicario a impedirme mi democrático derecho de pistear. No se vale.
FELIX CORTES CAMARILLO
junio 28, 2012, 7:34 am

Y espero que así sea.

Yo he vivido una buena cantidad de campañas promocionales políticas en varios países del mundo. Ninguna tan abrumadora ni tan vomitiva como las campañas mexicanas. La omnipresencia de los rostros de los candidatos en anuncios llamados espectaculares, spots de televisión o cartelones múltiples, es lamentable.

Uno pensaría que esa abundancia de exposición mediática debiera conducir a una profusión de pensamientos, propuestas, ideas o planteamientos. Nada de eso. Nos hemos convertido en una sociedad icónica en la que el rostro del protagonista es lo que importa.

Son los mismos dinosaurios, pero más bonitos, dice un imbécil spot, solamente comparable a la medida porfiriana de decretarnos la ley seca el día de las elecciones. Hoy me enteré que la ley seca no es solamente de prohibición de venta de alcohol sino también de su consumo.

La torpe medida tiene un origen comprensible. Yo recuerdo cuando los comicios –“Junta que tenían los romanos para tratar de los negocios públicos”– eran en México ocasión de violencia y los votantes acudían a las urnas frecuentemente, yo lo vi, con pistola al cinto. La cultura mexicana asocia inevitablemente al consumo del alcohol con la violencia. No necesariamente.

En la llamada ley seca, al igual que todos los mexicanos, yo me abastecía de una dotación de cervezas y whisky para satisfacer mis bestiales instintos y los de mis amigos y vecinos en el día de elecciones. Ayer me enteré de que la ley seca no solamente prohibe la venta de bebidas alcolólicas sino igualmente su consumo. Si lo interpreto bien, el próximo domingo puede entrar a mi casa cualquier sicario a impedirme mi democrático derecho de pistear. No se vale.

Puede que te dé mi voto, puede que no.

Pero no chingues.

felixcortescama@yahoo.com