La Carpeta:
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México tiene un nuevo agravio: votó por Vicente Fox para sacar al PRI de Los Pinos, Vicente fue y sigue siendo un fiasco; votó por Andrés Manuel López Obrador, llegó Felipe Calderón, “haiga sido como haiga sido”, y el país se sumergió en violencia, violencia que no ha parado en estos doce años.
Jose Jaime Ruiz
marzo 8, 2018, 6:20 pm

“El país abriga un agravio insatisfecho”, escribió Enrique Krauze en su notable ensayo “Por una democracia sin adjetivos”. Cito de nuevo: “Las sociedades más diversas y las estructuras más autoritarias descubren, sobre todo en momentos de crisis, que el progreso político es un fin en sí mismo. Confiar en la gente, compartir y redistribuir el poder, es la forma más elevada y natural de desagravio”.

México tiene un nuevo agravio: votó por Vicente Fox para sacar al PRI de Los Pinos, Vicente fue y sigue siendo un fiasco; votó por Andrés Manuel López Obrador, llegó Felipe Calderón, “haiga sido como haiga sido”, y el país se sumergió en violencia, violencia que no ha parado en estos doce años. El país votó por Enrique Peña Nieto, quien hizo de la corrupción exacerbada su forma de gobierno ­–también la de su generación de gobernadores. Hoy, de nuevo, el “país abriga un agravio insatisfecho”.

Hay que confiar en la gente, como lo suscribió hace décadas Krauze, aunque los mexicanos se equivoquen. ¿Los ciudadanos se equivocarán con Andrés Manuel López Obrador? Es probable, pero como con Fox, como con el fraudulento Calderón y como con Peña Nieto, es una decisión ciudadana.

En su artículo publicado en NYT, Krauze afirma: “El cambio de gobierno es bienvenido. El Partido Revolucionario Institucional (PRI) merece perder por haber reincidido en actos de corrupción que todos asociamos con su comportamiento habitual en el siglo XX”.

Si esta es la convicción de Enrique, obvio que no votará por José Antonio Meade.

Krauze acierta: “México es una democracia, pero hay un descontento profundo con sus resultados. La mayoría resiente, con razón, el magro crecimiento de las últimas décadas, la persistencia de la pobreza y la desigualdad. A esos males se aúnan cuatro problemas abismales: la violencia, la inseguridad, la impunidad y la corrupción. Ante este balance desolador, la reacción natural en cualquier democracia es castigar al gobierno en turno”.

Krauze le da vida electoral a Ricardo Anaya Cortés: “Los votantes no tienen elementos suficientes como para juzgar a Anaya, porque hasta ahora no ha abordado los detalles de su programa. Ante la caída del candidato oficial, el gobierno ha respondido usando a la Procuraduría General de la República en una guerra mediática contra Anaya por un supuesto caso de lavado de dinero. Si sobrevive a esa andanada y llega al inicio formal de las campañas, el 30 de marzo, Anaya habrá demostrado temple y puede resultar un candidato competitivo”.

¿Tan competitivo y con tanto temple como para que Enrique Krauze vote por él?

Enrique nunca votará por Andrés Manuel López Obrador. Hoy propugna por una democracia con adjetivos. Cualquiera, menos Andrés Manuel: “Tres candidatos independientes aparecerán también en la boleta, sin posibilidades reales de triunfo. Más allá de sus diferencias, todos, salvo López Obrador, comparten el respeto a la democracia”. ¿Respeto a la democracia, “haiga sido como haiga sido”?

1.- “Para comenzar, ha dicho que no cree en la existencia misma de la democracia mexicana, aunque es en el marco de sus reglas, instituciones y libertades que está en posición de ganar la presidencia. Tampoco confía en el árbitro: el Instituto Nacional Electoral. Tras perder la elección de 2006 por un margen estrechísimo (0,58 por ciento), se declaró víctima de un fraude, se autodesignó ‘presidente legítimo’ y sus seguidores ocuparon por casi dos meses el Paseo de la Reforma, la arteria central de Ciudad de México, una acción públicamente criticada. En la elección de 2012 fue derrotado por un margen más amplio (6,62 por ciento) y volvió a reclamar fraude. No ha cambiado desde entonces su desdén por las instituciones de la democracia liberal. ‘Al diablo con sus instituciones’, dijo famosamente en 2006 y no ha retirado esas palabras. Recientemente, acusó a la Suprema Corte de Justicia de ser un instrumento de la oligarquía para dominar al pueblo.”

Para un “liberal” otro liberal. Dejemos que Jesús Silva-Herzog Márquez, en un anticipado artículo publicado en Reforma, conteste las posteriores aseveraciones de Krauze:

“En uno de los momentos más tensos de nuestra guerra civil fría, el candidato del PRD desconoció la resolución del tribunal electoral que confirmaba su derrota. Era septiembre del 2006. Rechazando aquel fallo, Andrés Manuel López Obrador convocaba a la resistencia y gritaba: ‘Que se vayan al diablo con sus instituciones’. Subrayo el adjetivo posesivo. Lo que mandaba al infierno eran las instituciones de los otros. Sus instituciones. Las tres letras importan porque reflejan la convicción de López Obrador de que las instituciones democráticas no son, en realidad, un patrimonio compartido sino una herramienta que controla una minoría para su propio beneficio.

“Esa denuncia de la ajenidad es el centro de su crítica política. Carecemos de instituciones comunes. Las que se presentan como instituciones públicas son, en realidad, instituciones secuestradas. No merecen confianza porque actúan para proteger a sus ocupantes y solamente a ellos. Lo que el discurso de López Obrador pone en duda es el ámbito de la neutralidad que es, ni más ni menos, el sustento del orden liberal. Para la existencia de una democracia liberal que merezca ese título es indispensable contar con instancias de la imparcialidad: reglas que permitan el juego de las alternativas, procedimientos que garanticen la vigencia de los derechos, árbitros que no lleven puesta la camiseta de uno de los equipos. ¿Es injusta, infundada, absurda la denuncia de nuestras instituciones torcidas? No lo es. Nadie a estas alturas puede desconocer el mérito de esa crítica de López Obrador al funcionamiento de la democracia mexicana. No hemos construido plataformas de la neutralidad; no hemos cuidado las que algún día tuvimos”.

Más voz a Enrique Krauze:

2.- “Entre sus seguidores y él hay un genuino vínculo de fervor religioso que no es exagerado llamar mesiánico. Movido por esa convicción, López Obrador ha mostrado una inflexible intolerancia a la crítica de los medios e intelectuales. Para todos los que se le oponen o critican tiene un adjetivo descalificador: ‘simuladores’, ‘conservadores’, ‘vendidos’. Ha llamado a la prensa ‘fifí’ (es decir, burguesa). López Obrador es incapaz de ejercer la autocrítica y exhibe una marcada inclinación a dividir al país entre ‘el pueblo’ que lo apoya y todos los demás, que apoyan a ‘la mafia del poder’.”

¿Cuáles son los adjetivos descalificadores desde hace años de Enrique Krauze contra Andrés Manuel López Obrador? Enrique enfatiza sus críticas y no reconoce las disculpas públicas que le extendió Andrés Manuel a él y al citado Silva-Herzog Márquez. Enrique acusa a López Obrador de ser ajeno a la autocrítica, pero Krauze no se impone la autocrítica y olvida su aprendizaje de alguna enseñanza de Octavio Paz: la verdadera crítica empieza por ser una autocrítica.

3.- “Lo que a mí más me preocupa, sin embargo, es su actitud ante nuestra frágil democracia. Sus defensores argumentan en su favor su trayectoria como jefe de gobierno en el Distrito Federal (2000-2005), pero en ese puesto no tenía, ni remotamente, el poder absoluto que podría acumular en la presidencia. Si López Obrador decide apelar a movilizaciones populares y plebiscitos, no sería imposible que convocara a un nuevo Congreso Constituyente y procediera a anular la división de poderes, a subordinar a la Suprema Corte y las entidades autónomas, a restringir a los medios y a silenciar las voces críticas.”

Pues Krauze se equivoca. Este sexenio no tuvo que llamar a un Congreso Constituyente, le bastó, más allá de la representación popular, suscribir un “Pacto por México” donde la “división” de poderes fue una fiesta de unión de poderes y donde participó en primerísima línea de baile Ricardo Anaya Cortés. Enrique, ¿cómo se restringe a los medios de comunicación sino a través de contratos y a los periodistas con cochupos? ¿Voces críticas en estos sexenios? Regularmente sólo son críticas en los finales de sexenio, ¿por qué?

Para finalizar con la paupérrima argumentación de Enrique, cito de nuevo a Jesús Silva-Herzog Márquez:

“Cuando Mario Vargas Llosa advierte que una victoria de Andrés Manuel López Obrador significaría un retroceso democrático imagina una playa hermosísima a punto de ser invadida por los bárbaros. El novelista cierra los ojos al retroceso que han provocado los gobiernos de la alternancia. Han sido los gobiernos de Fox, de Calderón y de Peña Nieto los que han pervertido las instituciones democráticas poniéndolas al servicio de sus intereses. Si la crítica populista tiene fundamento es precisamente por ellos. Cuando era tiempo de cimentar las imparcialidades se empeñaron en revivir el corporativismo, en pervertir los órganos regulatorios, en negociar el cumplimiento de la ley, en debilitar a los árbitros y en emplear la ley para combatir a sus enemigos.

“La profundidad de nuestra crisis exige decir lo elemental: las instituciones del Estado, si quieren serlo, han de ser de todos.”

Han de ser de todos, en efecto, como lo suscribió el entonces demócrata Enrique Krauze hace lustros: “Confiar en la gente, compartir y redistribuir el poder, es la forma más  elevada y natural de desagravio”.

Te pregunto, finalmente, Enrique, ¿por qué votar por Ricardo Anaya?

PD.- EK, el Paseo de la Reforma no es la arteria central de la Ciudad de México, es la arteria del poder financiero, económico y político, sus estatuas la delatan. La arteria principal es Insurgentes. Piénsalo.