La Carpeta:
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El nuevo aeropuerto, en Texcoco o Santa Lucía, o en Tizayuca, lo operen y lo construyan empresarios y empresarias (las mujeres también invierten) de México y otras partes del mundo, y que el gobierno se haga a un lado, por supuesto después de nuevos y más honestos y transparentes estudios.
Federico Arreola
octubre 22, 2018, 11:16 am

El ingeniero Carlos Slim sabe que lo admiro bastante. Lo he escrito innumerables veces y en alguna ocasión se lo dije en persona. Mis preguntas son de buena fe.

¿Por qué si el NAIM puede ser un 10% más barato estaba siendo un 10% más caro?

En la edición número 16 de la Cumbre de Negocios de México ha dicho usted, don Carlos, que es posible reducir en un 10% el costo de construcción del NAIM o NAICM en Texcoco. Seguramente tiene usted razón, es decir, habla con absoluto conocimiento de causa: es usted el principal constructor del nuevo aeropuerto. Mis primeras preguntas son las siguientes:

1.- ¿Por qué no habló antes de esos ahorros?

2.- ¿Por qué mencionó semejante posibilidad, ingeniero, solo cuando era inevitable que llegara a la Presidencia de México el señor Andrés Manuel López Obrador, que ha estado siempre en contra del aeropuerto en Texcoco?

3.- ¿Por qué, señor Slim, no exigió al gobierno de Enrique Peña Nieto la realización de un proyecto mucho más austero que el presentado por el arquitecto británico Norman Foster, por cierto en sociedad con un arquitecto mexicano que es o fue pariente suyo?

4.- ¿Significa lo anterior que si AMLO no hubiera ganado las elecciones el proyecto seguiría inflado en su costo en un 10%?

Creo en su patriotismo, ingeniero Slim, y sé que usted no es un ambicioso vulgar, por eso pregunto. No entiendo por qué si el proyecto puede ser un 10% más barato, tal como usted lo ha afirmado, era un 10% más caro.

5.- ¿Quién es el culpable del 10% de costo de más del aeropuerto en Texcoco?

6.- ¿Quién se pasó de despilfarrador?

7.- ¿Quién quería irse al baño?

8.- ¿O acaso sucedió que usted, ingeniero Slim, analizó el costo total del proyecto solo después de que Andrés Manuel armó esta polémica ya demasiado enredada, y fue entonces que se dio cuenta de ese 10% de excesos?

La destrucción creativa

También dijo usted en la Cumbre de Negocios, ingeniero Slim, que ya sea que se termine de construir el aeropuerto en Texcoco o se realice el proyecto en Santa Lucía, la operación del aeropuerto debe licitarse para que quede en manos del sector privado. Lástima que usted solo haya hablado de licitar la operación y no de licitar también la construcción. Como sea, estoy totalmente de acuerdo, don Carlos. Los hombres y las mujeres de negocios son más eficientes en cualquier actividad productiva que los funcionarios públicos.

Lo que usted dijo me ha hecho pensar en un libro de Alan Greenspan y Adrian Wooldridge (Capitalismo en América) que reseñó en el diario británico Financial Times el economista Robert Gordon, profesor en la universidad Northwestern.

El libro es interesante por el tema y, sobre todo, porque está escrito por dos expertos: Greenspan, un personaje bastante conocido que presidió la Reserva Federal de Estados Unidos durante muchos años, y Wooldridge, importante editor de The Economist.

Más allá de lo confuso y hasta desagradable que resulta que en el idioma inglés “América” sea lo mismo que “Estados Unidos”, pienso que el libro de Greenspan y Wooldridge debe ser leído. Muy probablemente usted ya lo hizo: me consta su capacidad como analista, ingeniero Slim. Si no hubiera elegido el camino de los negocios, que lo llevó a ser el hombre más rico del mundo, seguramente habría usted publicado investigaciones que quizá lo habrían acercado al Premio Nobel de Economía. Una pena para esta ciencia que usted rechazara la modesta vida del profesor concentrado en la búsqueda de la sabiduría. Prefirió, y no estuvo mal, la generación de riqueza no por ganas de vivir como magnate, sino simplemente para contribuir de esa manera, la única que da resultados, a combatir la pobreza. Me encanta que siga usted invirtiendo y trabajando duro.

Pero volvamos al mencionado libro. Según dice Robert Gordon, en la obra de Greenspan y Wooldridge destacan tres elementos:

1.- La productividad como medida del progreso económico.

2.- Los “gemelos siameses de la creación y la destrucción” como fuentes de crecimiento de la productividad.

3.- La reacción política ante las consecuencias de la destrucción creativa.

De Schumpeter a Bakunin

Honestamente hablando, yo pensaba —es lo que había leído—  que el concepto de la “destrucción creativa” era una idea original del economista austriaco Joseph Schumpeter. Ahora me entero, por Wikipedia, que en realidad el autor de esa expresión es el sociólogo alemán Werner Sombart. Y, carajo, por la misma fuente sé que quizá Sombart tomó la idea de un enemigo del capitalismo, el anarquista ruso Mijaíl Bakunin, quien hablaba de que “la pasión por la destrucción es una pasión creadora”.

Sea lo que fuera, es un hecho que en el capitalismo hay avance debido a la creación de nuevas formas de hacer las cosas, un proceso de cambio que destruye mucho de lo anteriormente utilizado. Un buen ejemplo lo hemos sufrido en la industria mediática con el avance de internet. Los medios de comunicación tradicionales han perdido potencia, y desde luego rentabilidad, porque no han resistido el embate de las redes sociales. Difíciles situaciones hemos enfrentado todos los que participamos en esta industria. Así ha ocurrido en prácticamente todos los sectores productivos. Usted mismo, ingeniero Slim, ha tenido que destruir mucho del negocio tradicional de la telefonía para progresar con las nuevas tecnologías, algo en lo que sus empresas han sido más que exitosas.

Desde luego, la creación empresarial necesita para expresarse de ambientes de gran competencia y de la mayor libertad emprendedora posible. En los sistemas regulados en exceso las cosas no funcionan. Tampoco es dable el avance sin competencia real; es decir, si el gobierno permite que algunas empresas tengan ventajas desleales sobre otras, se desalienta el proceso que lleva a la creatividad.

La destrucción del actual aeropuerto

Ha hablado usted, en la Cumbre de Negocios, acerca de que si se destruye el actual aeropuerto de la Ciudad de México para hacer el de Texcoco, en los terrenos que se liberen se “puede hacer un desarrollo con sentido social y de beneficio económico a la gente que vive ahí”. También expresó que el aeropuerto en Texcoco se construye “en el corazón de cuatro millones de habitantes y puede ser un detonador de esa población para llevarlos a la clase media”, esto es, para sacarlos de la pobreza.

Lo que usted dice, ingeniero Slim, se oye como algo maravilloso. Pero, le suplico me disculpe, los mexicanos ya no creemos en las bondades de los proyectos públicos. Esta es una de las razones por las que Andrés Manuel arrasó en las pasadas elecciones presidenciales.

El nuevo aeropuerto en Texcoco, ingeniero Slim, no solo implicará la destrucción del actual aeropuerto capitalino; también, afirman muchas personas respetables e informadas, destruirá el medio ambiente y el estilo de vida de gente que no ha pedido ni probablemente quiere vivir al lado de terminales aéreas tan imponentes como la de Hong Kong.

Quisiera hacerle estas otras preguntas, don Carlos Slim:

1.- ¿En serio es tan necesario un aeropuerto enorme como el que se ha proyectado en Texcoco, que como dice The Economist, “eventualmente daría servicio a 120 millones de pasajeros al año, más que cualquier otro aeropuerto en el mundo actual”?

2.- ¿México es un país que puede darse el lujo de construir un aeropuerto con una capacidad que ni el JFK de Nueva York o el Heathrow de Londres?

3.- ¿No se seguirá incrementado el costo del proyecto, ya bastante incrementado?

4.- ¿Conoce, señor Slim, el desastre financiero del nuevo aeropuerto de Berlín, cuyo costo no ha parado de crecer desde que empezó a construirse?

5.- ¿Puede usted garantizar, ingeniero Slim, que no seguirá creciendo el costo del NAIM en Texcoco?

6.- ¿Está suficientemente discutido el tema del daño al medio ambiente en Texcoco?

7.- Acerca de lo que puede hacerse en los terrenos que se liberarían con la destrucción del actual aeropuerto, ¿no debería opinar la futura jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheiunbaum, que de estos temas sabe bastante?

8.- Entiendo que “los mercados” se pondrían nerviosos si se cancelara Texcoco: en este caso, ¿no valdría la pena proponer no una cancelación del proyecto, sino discutirlo mucho más, de tal forma de tranquilizar a “los mercados”, que verían que aquí no se hacen las cosas tan a lo buey como, digamos, en Berlín?

9.- ¿Apoyaría usted, señor Slim, abrir después de la consulta un periodo razonable de nuevos estudios realizados por el gobierno de AMLO, de tal manera de contar con información más creíble acerca de las verdaderas ventajas y desventajas de Texcoco y Santa Lucía… o Tizayuca?

10.- Dirá usted que ya hay muchos estudios. Muy bien, ¿es irracional o perfectamente científico analizar más y mejor lo que se supone ya es una verdad irrefutable, no vaya a resultar que sea una mentira?

Finalmente de lo que se trata es de que:

A.- El nuevo aeropuerto, en Texcoco o Santa Lucía, o en Tizayuca, lo operen y lo construyan empresarios y empresarias (las mujeres también invierten) de México y otras partes del mundo, y que el gobierno se haga a un lado, por supuesto después de nuevos y más honestos y transparentes estudios.

B.-  Que lo que destruya el proyecto sea, a la Schumpeter, “destrucción creativa”, y no a la mexicana pura “destrucción a lo pendejo”, que no es lo que usted quiere hacer, señor Slim, pero sí lo que han hecho ya tantos gobiernos partidarios de Texcoco en los que de plano ya no es posible creer.