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Desde luego que César Yáñez está en su absoluto derecho de festejar su acontecimiento nupcial como mejor le parezca.
Staff
octubre 1, 2018, 6:50 am

POR JOSÉ LUIS CAMACHO ACEVEDO

En su presentación en la cámara de diputados el pasado 24 de septiembre, el inescrutable comunicador de AMLO, Jesús Ramírez Cuevas, se permitió “darnos la clase” tanto a los medios de comunicación como a los periodistas que de verdad “amen su trabajo”.

“Redignificar nuestra labor de medios y periodistas”, dijo empachado de sentirse dueño de la cátedra, así Don Jesús Ramírez Cuevas calificó implícitamente de indignos a no sé cuántos piense de quienes ejercemos el oficio de periodistas. O bueno, cuando menos yo recojo la parte del regaño de Ramírez Cuevas que a mí me toca por “indigno”.

Escuchar a Ramírez Cuevas en ese discurso reivindicatorio de la tarea de la prensa representó para mí un ejercicio de interpretación imposible.

El discurseador pasaba de un tema a otro, de un concepto a uno diferente, descontextualizado de sus palabras inmediatamente anteriores, incoherente pues, con una velocidad digna de mejor causa. Mucha clase fifí de dignidad, de democracia y de periodismo la que ofreció Ramírez en ese evento para un modesto escribidor como el redactor de estas notas.

Y después de proclamar el comunicador de AMLO el advenimiento de un gobierno democrático, en Puebla César Yáñez, uno de los más cercanos colaboradores del presidente Electo, celebró su boda en medio de fastos y señales de elitismo que muy poco tuvieron que ver con la democracia.

Desde luego que César Yáñez está en su absoluto derecho de festejar su acontecimiento nupcial como mejor le parezca.

Pero hasta en SDP Federico Arreola dio cuenta, como si fuera un remasterizado cronista de sociales-políticas, de esa boda versallesca.

Lo anterior significa que si bien el señor Yáñez puede hacer de su forma de vida algo que corresponde al orden de lo privado, el hecho de que un analista político con el olfato de Arreola dedique una de sus columnas a las formas tan especiales que se guardaron en ese evento, por contrastar tanto con el discurso democratizador y de austeridad del presidente electo, lo tuvo que atraer al ámbito de lo público.

Y en esos tonos fifís (no sé si el plural de fifí que escribo sea el correcto, reconozco) se ha comentado el regreso a la radio de Carmen Aristegui, acontecimiento anunciado hace meses por el propio AMLO.

Nunca he sido seguidor de las emisiones de la señora Aristegui.

Pero los números de los ratings de INRA indican claramente que el objetivo fundamental de la señora Aristegui será luchar por ocupar un lugar en un rol de comunicadores que encabeza Ciro Gómez Leyva, un rol en el que sencillamente desde que salió de MVS, Aristegui ya no existe.

Morbo aparte, será el enterarse la manera en que Aristegui ajusta cuentas con el saliente gobierno peñista, después de todo el azaroso recorrido que ha vivido la comunicadora desde que tomó una notoriedad que había perdido con la investigación de la Casa Blanca propiedad de la señora Angélica Rivera.

Nada más nos falta que el gobierno democrático que nos prometen los morenistas trate de convertir la conmemoración de 2 de Octubre en otro rollo Fifí en Tlatelolco.

Pues mucho evento fifí es el que viene envolviendo la llegada del gobierno de la austeridad que tomará plaza el ya muy cercano 1 de diciembre.

¡Que el Señor nos coja confesados!

EN TIEMPO REAL

1.- En Acapulco el gobernador guerrerense Héctor Astudillo tuvo que darle plazo al alcalde saliente Evodio Velázquez, para que entregara las armas que bajo custodia le asignó en calidad de préstamo el Grupo Coordinar Guerrerense. Astudillo Flores deslindó a su gobierno de cualquier mal uso que la gente de Evodio pueda hacer con el mencionado armamento. Mientras ese delicado tema transcurre, la alcaldesa electa se dedica a dar entrevistas a la prensa nacional en la que destaca sus ansias de ser munícipe del puerto.