La Carpeta:
1 de 10
 
El ambiente regulatorio que “administra” el gobierno no tiene sentido en los tiempos actuales excepto en sus intenciones recaudatorias. El gobierno consume más recursos en su administración que en los resultados que debiera aportar.
Carlos Chavarria
enero 27, 2018, 1:08 pm

La humanidad ha avanzado mucho en cuestiones técnicas en los últimos dos siglos pero no ha logrado erradicar la pobreza.

A todos nos lastima que la mitad de los mexicanos vivan en el nivel de la pobreza y más de la tercera parte de ellos subsistan con menos de 1 dólar al día.

Cada nuevo gobierno se enfrenta al mismo dilema para alcanzar estadios superiores en el desarrollo social. No han faltado por supuesto aquellos presidentes que cayeron en la tentación populista y los pobres terminaron mas pobres que antes.

Es encomiable que se prometa mejorar el perfil de la desigualdad en el ingreso y la distribución de la riqueza en México en todas las elecciones pero no se logrará nunca regalando un dinero que el gobierno no tiene como excedente real capturado de la actividad económica y la productividad siempre creciente.

Por ejemplo, los estados del sureste mexicano han recibido, del gobierno federal y de los gobiernos locales, enormes recursos y subsidios y contiúan en las mismas condiciones de miseria.

La teoría económica bajo el modo capitalista y la experiencia muestran  que con una buena educación académica y un gobierno que no estorba el desarrollo del país, todos los mexicanos dispondrían de oportunidades para salir del nivel de la pobreza.

El postulado teórico es que una persona educada, sana y bien alimentada puede acceder a un empleo y el que tiene empleo no está en la pobreza y puede, si quiere, elevar el nivel de vida de su  progenie.

A pesar de que existen las opciones, el analfabetismo funcional aún es muy alto y la educación en ciencias y tecnologías es pobre y poco accesible.

Respecto a evitar un gobierno que no estorbe el desarrollo, el nuestro es uno obeso, diletante, y con las prioridades diferentes y en muchos casos contrarias a los problemas actuales y más si vemos hacia el futuro.

El ambiente regulatorio que “administra” el gobierno no tiene sentido en los tiempos actuales excepto en sus intenciones recaudatorias. El gobierno consume más recursos en su administración que en los resultados que debiera aportar.

Yo no he escuchado de ninguno de los actores políticos relevantes en este país, así como de los precandidatos a la presidencia, algún planteamiento concreto y serio para mejorar la movilidad social y reducir el aparato de gobierno en aquellas ramas absurdas, como la Secretaría de Turismo  y más de  700 fideicomisos inútiles.

¿Cuánto del gasto que ejercen las secretarias de desarrollo social en todos los niveles llega en realidad a la población objetivo y que impacto generacional ha tenido? Es un misterio.

Lo cierto es que las estadísticas  de pobreza se mantienen casi sin cambio a 100 años de terminar la revolución mexicana.

La sociedad ha avanzado pero no crecido en habilidades de grupo, se ha logrado a pesar del gobierno pero sólo en las principales áreas urbanas, sobre todo en los temas materiales como la infraestructura, pero en lo social poco o nada se ha conseguido y el retroceso en calidad de vida ha sido bastante y parejo en todo el país.

Como sociedad no ha crecido nuestra habilidad para participación solidaria y autoregularnos como cualquier organismo complejo, el ejemplo más palpable es la inseguridad y la degradación del concepto familia.

Ahora estamos inmersos en un proceso electoral más y volvemos a escuchar las mismas propuestas  desde hace 100 años. Somos testigos del tianguis político donde se juegan el destino de México unos pocos de los mismos aunque cambien de color, franquicia o patrón y el resultado no cambiará.

Entonces y mientras tanto, ¿qué hacemos con nuestros pobres?