La Carpeta:
1 de 10
 
En los días que faltan para su derrota, Othón puede optar por su prestigio o por su desprestigio impulsando las medias verdades y las mentiras redondas. Lo peor que puede suceder en política (y esto va también para Enrique Peña Nieto), es darse el lujo de ser un perdedor de lujo.
Jose Jaime Ruiz
junio 11, 2012, 9:26 am

Después de obtener su reintegro, Othón Ruiz Montemayor todavía le apuesta al premio mayor. La lotería no funciona así. El candidato del PRI a la alcaldía de San Pedro ya agotó, ya mal agotó todas sus armas en contra del candidato del PAN, Ugo Ruiz, y la candidatura de Ugo ha sido abollada, pero no derribada.

En la competencia por la alcaldía de San Pedro Ricardo González Sada ya tiró la toalla y sabe que es imposible ganar. Jorge Longoria, por otro lado, abandonó su campaña seria y de propuestas y se dejó seducir por el baile de las botargas: así tampoco se gana una campaña.

Othón Ruiz Montemayor no pudo construir una candidatura ganadora porque, primero, es un pésimo candidato: sus talentos se desarrollan tras un escritorio, no en la calle. Segundo: toda reputación precede, pero no concede. Tercero: su poco avance en relación a la candidatura de Jorge Arrambide demuestra que lo que pesa en San Pedro es la marca. Cuarto: El Norte ayuda, pero no define. Cinco: la mejor ganancia de Othón ya está registrada, es decir, su abandono de la Secretaría de Finanzas y Tesorería General del Estado de Nuevo León es su mejor triunfo porque, al menos, mantiene mal que bien parado su prestigio.

Othón entró al baile de la campaña sin saber bailar. Cansado, avejentado, jubilado, Othón nunca contagió el entusiasmo que se requiere para edificar una candidatura. Sus primeras lanzas contra Mauricio Fernández desgastaron el inicio de campaña. Sus últimos misiles contra Ugo Ruiz resultaron apenas pólvora mojada.

Campaña sin campaña; candidatura sin candidato; debate sin debate; “pruebas” sin evidencia; acusaciones y retractaciones… Othón Ruiz Montemayor conspiró contra sí mismo. Tuvo a El Norte como alfombra roja y no supo caminar sobre las notas que criticaban a Mauricio Fernández y Ugo Ruiz… o caminó mal. Ya no hay tiempo para recuperarse, todas las encuestas así lo manifiestan.

En los días que faltan para su derrota, Othón puede optar por su prestigio o por su desprestigio impulsando las medias verdades y las mentiras redondas. Lo peor que puede suceder en política (y esto va también para Enrique Peña Nieto), es darse el lujo de ser un perdedor de lujo.