La Carpeta:
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Alimentarnos, sanar las enfermedades, construir cosas, aparatos, y descubrir otras más, y salvaguardar nuestra integridad, y todas las demás actividades del hombre son hijas de la educación. La mediocridad no es una opción elegible.
Carlos Chavarria
septiembre 10, 2018, 7:01 pm

Martí Batres, uno de los más insignes izquierdistas mexicanos, acaba de anunciar con singular satisfacción que buscarán reformar la Constitución para derogar la evaluación magisterial y todos los procedimientos distintos al escalafón, para que los maestros tengan la tranquilidad de que sus derechos serán sempiternos sin importar su desempeño y la calidad de la educación.

De golpe y porrazo se acabarán los incentivos y castigos implantados alrededor de la calidad de los resultados en la labor magisterial. Como bien lo prometió AMLO : “al diablo con su excelencia educativa”.

Asumamos que los maestros están de acuerdo con que sea nada más el escalafón la guía para su progreso laboral personal, aceptemos también que los exámenes que se aplican a los maestros no son una medida confiable del potencial de cada uno, que se eliminen también los exámenes a los alumnos, que se acepte todo por mas retrógrado que sea, lo que no se alcanza a comprender en que se beneficiaría el resultado educativo con todo ello.

Es necesario que nos expliquen los morenistas cómo cumplirán o con qué suplirán lo siguiente extraído del texto de la reforma constitucional:

“El Estado garantizara? la calidad en la educacio?n obligatoria de manera que los materiales y me?todos educativos, la organizacio?n escolar, la infraestructura educativa y la idoneidad de los docentes y los directivos garanticen el ma?ximo logro de aprendizaje de los educandos”.

Pienso que es necesario que la izquierda mexicana insertada en MORENA, debe de una vez por todas definir qué tanto le importa el futuro del país y cuáles serán las líneas de pensamiento que guiarán sus propuestas no sólo en materia educativa sino en todos los temas, porque esto es una muestra de su “progresismo” que premiará la mediocridad.

Degradar  la educación más de lo que ya está no le ayuda a la propia izquierda y sí afecta son severidad el futuro del país y el bienestar de los ahora educandos, mañana adultos sin habilidades para el mundo que se viene encima cada vez más rápido y en el que sin preparación, convivencia y actitudes apropiadas no podrán salir adelante.

Reducir los estándares de cumplimiento de los maestros a partir de algún grupo de ellos que no los alcanza, no ayudará a mejorar las condiciones remunerativas del magisterio y sí los coopta debilitándolos, pues el régimen asumirá que ya les cumplió su demanda de echar atrás la reforma educativa y que fue todo lo consecuente que se podía.

Volver al estado de cosas anterior, donde los líderes del sindicato lo controlaban y administraban todo no les asegura que el sometimiento a ciertos grupos acabará, además de que su progreso dependería de nuevo de la suerte de conocer gente dentro del sindicato y no de su capacidad.

El ser maestro no es un trabajo como las demás ocupaciones accesorias al tejido social. A pesar de que el mundo moderno nos hace suponer que en estos tiempos la automatización de todas las tareas es la columna vertebral para el desarrollo y por tanto ese es el único talento reconocible como importante hoy y mañana, el éxito de cualquier iniciativa transformadora depende del mismo conocimiento esencial insoslayable.

Alimentarnos, sanar las enfermedades, construir cosas, aparatos, y descubrir otras más, y salvaguardar nuestra integridad, y todas las demás actividades del hombre son hijas de la educación. La mediocridad no es una opción elegible.