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Después de la sacudida del primero de julio, la sociedad mexicana ha ido recuperando el piso. Gradualmente, nos estamos dando cuenta de que el cambio radical no es tal, sólo aparente.
FELIX CORTES CAMARILLO
septiembre 12, 2018, 12:16 pm

Yo no sé si la podré encontrar, yo no sé, yo no sé.

                Héctor Jorge RuizHoracio Ángel Lanzillota,

                ¿Quién será la que me quiere a mí?

Después de la sacudida del primero de julio, la sociedad mexicana ha ido recuperando el piso. Gradualmente, nos estamos dando cuenta de que el cambio radical no es tal, sólo aparente. De hecho, es el mismo libreto con otros actores. La diferencia estriba en el acelere del cambio por el cambio mismo: Nada debe parecerse a lo que se hacía antes, aunque sea idéntico. De ahí se desprende el apresuramiento para comenzar a desplazar al solitario en Palacio —precisamente en Palacio— en pronunciamientos e intenciones de gobiernos que invalidan la vieja frase que todos usaron en su momento: Voy a ser Presidente hasta el último día de mi mandato.

Entre las innovaciones que llaman la atención está la desaparición del embrujo que provoca la adivinanza del “y ahora qué va a ser de mí” que la clase política generalmente cocinó con fruición en estas semanas previas al relevo formal. Andrés Manuel López Obrador adelantó vísperas y desveló los nombres de la mayor parte de su gabinete; a pesar de tener que recular y sorprender, como en los casos de Marcelo Ebrard o Manuel Bartlett. Ya había indicios en ese sendero: Napoleón Gómez Urrutia y Elba Esther Gordillo. Toda una baraja de cínico pragmatismo en el que el perfil de las sotas o los caballos no importa, mientras su utilidad rinda frutos.

Además de ello, la nueva práctica tomó a los viejos del sistema político fuera de base; a pesar de todos los indicios inevitables, confiaron en que lo que estaba firme no podía caer. El tema es que nada estaba firme y la apuesta al doctor Meade tuvo el destino que ya sabemos. Ahora, los que se quedaron fuera están fuera. Y están cantando la tonadilla de quién será.

Es evidente que el Presidente electo no tiene suficientes cuadros de calidad para la operación de la enorme burocracia mexicana. Desde luego que en el aparato gubernamental del pasado no todos son ineficaces y corruptos funcionarios. Hay un aparato con amplios conocimientos, experiencia y memoria que deben ser aprovechados en el nuevo gobierno.

Pero hay un problema: La demagogia en el poder está introduciendo el corte draconiano a todos los gastos a los que los funcionarios se acostumbraron durante medio siglo. Sueldos altos, gasolinas, celulares, comidas, regalos de navidad, barberos —literalmente—, choferes, asesores, limpiabotas, médicos, hospitales, viajes y otras minucias desaparecen. Todo mundo aplaude, en el espíritu de la venganza, como foca de circo. Muy bien. Nada más que eso lleva a los profesionales calificados en diferentes áreas a pensarlo dos veces antes de aceptar tres. Yo no puedo trabajar con la misma eficiencia, dedicación y entusiasmo si mi ingreso se reduce a la mitad. Mejor busco otro sitio.

Esto lo sabe el sector privado, que bien conoce a los especialistas fiscales, contables, de ingeniería, comunicaciones o estrategias de negocios que hoy están en el gobierno y van a quedar sueltos. Eso se debió pensar antes del corte de cimitarra.

¿Quién será la que me dé su amor, quién será, quién será?

PILÓN.- Nunca un libro ha tirado a un gobernante, podríamos decir. La voz de un niño revelando que el emperador estaba desnudo acabó con su saga. El príncipe hizo y deshizo reinos numerosos con sus consejos sabios. Bob Woodward y Carl Bernstein, en 1974, tomaron la frase de un canto ligado al huevo en el muro, al que caído, todos los hombres del rey no pudieron rehacer, escribieron All the President’s Men, que acabó con la Presidencia de Richard Nixon.

Ayer se publicó Miedo: Trump en la Casa Blanca de Bob Woodward con tremendas revelaciones de los intríngulis de la Casa Blanca. Nadie espera que acabe con la Presidencia de Trump. Pero antes de salir a los aparadores, el libro ya llevaba siete ediciones. Puede tener una influencia fuerte en las elecciones de noviembre.

Ya veremos, dijo un ciego.