La Carpeta:
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Al imponer vigilancia de las Fuerzas Armadas en las refinerías y centros de distribución se redujo temporalmente el flujo de esas pipas robadas.
FELIX CORTES CAMARILLO
enero 8, 2019, 10:01 am

Es bastante temeraria la afirmación de Pemex en el sentido de que hay suficiente producto para satisfacer la demanda de combustibles en nuestro país, a raíz de la escasez desatada por las medidas en contra del escandaloso robo de gasolina que el presidente López denunció no hace mucho. Para nadie es un secreto que el abasto de combustibles en México depende, en gran medida, de las importaciones: si nos cierra el señor Trump la válvula que trae la gasolina desde Texas, nos lleva el tren.

La realidad es que una zona amplísima del país se encuentra con deficiencias crecientes en el abasto. Y no se trata de que no haya suficiente combustible. Es obvio que lo que está fallando es el sistema de distribución, por dos causas. La principal es la desesperada medida de bajar a mínimos la presión de los ductos que llevan el combustible a los centros de distribución. Paradójicamente, la medida ha tenido como consecuencia el resurgir de los menudistas huachicoleros, que en las inmediaciones de las carreteras han vuelto a sacar sus bidones a un precio que oscila entre los cinco y los ocho pesos por litro.

El Presidente había dicho en su denuncia inicial que estos menudistas de la ratería son causantes solamente del 20% del perjuicio al bien común. El desabasto que se muestra ahora parece darle la razón. Si falta gasolina en las bombas expendidoras no es porque los huachicoleros ya no puedan ordeñar los tubos: solamente puede ser porque no hay un sistema eficiente de transporte y entrega o porque, simplemente, una gran cantidad de gasolineras compraba las pipas rateras porque el precio de los ladrones dentro y fuera de Pemex era conveniente para ellos. Al imponer vigilancia de las Fuerzas Armadas en las refinerías y centros de distribución se redujo, por lo menos, temporalmente, el flujo de esas pipas robadas. Con la presión disminuida en los ductos, que transportan el combustible a un costo menor que el que genera llevarla en pipas, el desabasto es inmediato.

La magnitud del hurto perfectamente organizado, que según López Obrador costaba doscientas pipas diarias a la institución –a veces mil al día–, hace que reanudar el abasto sea una tarea enorme. Pero una tarea inevitable; no se trata solamente del tanque de mi carro particular; el funcionamiento de la economía nacional no puede detenerse por falta de combustibles. El comercio y la producción, el transporte de personas, dependen de ellos.

Es urgente restablecer la presión a los ductos, pero al mismo tiempo agudizar la búsqueda de los rateros al por menor; la única manera es perseguir su sistema de comercialización, por primitivo que sea. No cabe duda de que siguiéndole la pista al dinero se encuentra al ladrón.

PILÓN.- El fenómeno, que se presenta cíclicamente en Estados Unidos, de paralizar las actividades del gobierno federal, al menos parcialmente, afecta en primerísimo lugar a los más fregados. Uno de los rubros que más sufre es el reparto de las estampillas de comida, modalidad caritativa del Estado que subvenciona a los pobres para que puedan adquirir víveres. El no darles dinero en efectivo evita, en parte, el mal uso de la asistencia. Ciertos servicios, no vitales, de la función pública no están pagando sueldos a quienes se desempeñan ahí. Ellos, que ya han pasado por esto antes, saben que la congelación del gobierno no puede prolongarse tanto y que el pago no entregado llegará posteriormente. Lo que pasa es que la suspensión del gobierno ya lleva tres semanas y Trump amenaza con hacerlo durar “años”, si es necesario. Lo será si el Congreso no le aprueba el dinero que requiere para hacer su famoso muro fronterizo.

Aunque sea una cerca, ha concedido, en lugar del muro de concreto, que es su ideal. El Congreso, donde la presencia de los representantes demócratas se ha incrementado, no está dispuesto, aparentemente, a darle dinero ni para una valla de varas secas.

En este tour de force, como siempre, los más fregados son los más jodidos.

Y así será.