La Carpeta:
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Así los políticos. Creen que son receptivos a los demás seres humanos cuando en realidad los divide el muro impenetrable de sus protocolos imaginarios. O sea, están aislados de la gente ordinaria.
Eloy Garza
abril 3, 2018, 8:34 pm
 

El político mexicano sufre una vida igual o peor que los dos prisioneros de aquel cuento de la filósofa Simone Weil: a ambos presos los divide un grueso muro. Con toquidos cada uno ha aprendido a comunicarse con el otro. Creen que el muro es un medio de comunicación cuando en realidad es sólo eso: un muro.

Así los políticos. Creen que son receptivos a los demás seres humanos cuando en realidad los divide el muro impenetrable de sus protocolos imaginarios. O sea, están aislados de la gente ordinaria.

¿Y cuales son esos protocolos imaginarios? Un sinfín de banalidades como querer imponer su imagen por encima de los demás, creer que el mundo gira alrededor suyo y soltar frases huecas que son lugares comunes o frivolidades disfrazadas de  frases asertivas o ingeniosas que los otros merecen celebrarle.

Pienso que si el político utilizara medianamente la cabeza, estaría seguro de menos cosas y por tanto, afinaría su compresión hacia las debilidades ajenas. Si el don del desdoblamiento con sus semejantes fuera parte de la personalidad de un político, aguzaría su sentido de observación y resolvería el gravísimo problema del muro de incomprensión que lo separa de nosotros.

Pero los políticos son seres incompletos, mutilados psíquicos que compensan sus carencias emocionales jugando efímeramente a acumular poder.

Quizá algunos de ellos alberguen estímulos más hondos, pero estos no afloran en las campañas políticas. Muy pocos de ellos tienen remedio.

De manera que veamos partir a los políticos mexicanos hacia el cada vez más lejano horizonte y levantemos en las manos un pañuelo blanco para decirles adiós, con la ilusión secreta y morbosa de ya no verlo nunca más.

Posdata: Ese enfermo mental llamado Donald Trump ha ordenado el retiro de sus tropas de Siria al mismo tiempo que ha ordenado desplegarlas en la frontera con México. La pasividad de la Cancillería Mexicana es escalofriante. La amenaza es totalmente real.