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Enrique Llanes inventó para la naciente televisión las funciones de lucha libre; tuvo entonces el mayor éxito de audiencia.
FELIX CORTES CAMARILLO
febrero 7, 2017, 5:59 am

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Cuando Enrique Llanes, protagonista de la lucha libre en México en los años cuarenta del siglo pasado, inventó para la naciente televisión las funciones de lucha en el estudio A de avenida Chapultepec, tuvo entonces el mayor éxito de audiencia, porque todo el que tenía una tele estaba viendo las luchas.

Al mismo tiempo, le surgió un mediano problema de operación.

Los luchadores que actuaban, en lo que Carlos Monsiváis llamó el único y legítimo teatro popular mexicano, y los actores adquirieron de inmediato una privilegiada posición como ídolos del populacho. Se volteaban entonces hacia Llanes y cada semana le pedían lógicamente mayor estipendio, amenazando con largarse. Fueron los primeros en no entender que el medio era el mensaje.

El presupuesto no podía pagar lo que ahora cubre el futbol americano.

Llanes fue con don Emilio Azcárraga Vidaurreta y le explicó el problema; el viejo sabio rápidamente le dio una solución que resultó tan simple e histórica como añadirle las trompetas al mariachi: ponle máscaras a los luchadores; si uno se va, viene otro con la misma cara.

Me recordé de esta excepcional anécdota la noche del domingo y me brotó la frase del inolvidable musical Chicago de Fred Ebb y del inmortal Bob Fosse en labios del padrotón personaje Billy Flynn: It’s show business kid, and you are talking with the star.

Desde luego que estábamos, millones de pendejos que vimos el domingo por televisión el Super Bowl, hablando con las estrellas. Otros tuvieron el privilegio de gastarse tres o cinco o diez mil dólares por asiento en el estadio. Pero nadie de los aficionados al deporte salió contento con el resultado, históricamente en tiempo extra, en la cancha.

¿Nadie?

Pregúntenle a las casas de apuestas de Las Vegas o, para ahorrarse la visa gringa, pregúntenle a Caliente. It’s show business, kid. De la misma manera en que era cuando el Cavernario Galindo le rompió la frente a Gory Guerrero en el estudio A de Televicentro, de la misma manera, en vivo y en blanco y negro.

Esto no tiene nada que ver con mi afición por tal o cual equipo de futbol americano en Estados Unidos, mi temprana devoción por Seki Sano, el Cavernario Galindo, El médico asesino, La Tonina Garza, mi torpe aplauso a los Tigres sobrevaluados de Nuevo León o la pinchurrienta Selección Mexicana.

Esto simplemente tiene que ver con el hecho de que, cuando le dicen a usted “respetable público”, crea solamente la segunda palabra.

PILÓN.- Una frase perdida de Emiliano Zapata:

El que quiera ser águila que vuele; el que quiera ser gusano que se arrastre.

Nomás no chillen cuando los pisen.