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La crisis de los partidos políticos obliga al surgimiento de nuevos institutos, jóvenes e innovadores.
FELIX CORTES CAMARILLO
mayo 18, 2018, 8:07 am

La Margarita Zavala que vimos a partir de la noche del miércoles, y en el road show mediático que le ha seguido, es una persona muy diferente a la que habíamos visto durante dos décadas. No se trata del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, desde luego, pero sí hay el desdoblamiento de una personalidad que no había querido salir. Y una personalidad que va a jugar un papel muy importante en el futuro político de México.

Solamente un hecho estrictamente providencial puede evitar que Andrés Manuel López Obrador asuma en diciembre un poder omnímodo, dictatorial, persecutor y demagogo. De la demagogia que en el Zócalo pregunta a la multitud ¿verdad que esto es la democracia?

Ese indeseable fenómeno necesita un contrapeso real.

Si Andrés Manuel fracasa en la construcción de la segunda patita de su monstruo, el Congreso no estará dominado personalmente por él, aunque su Morena tenga importante fuerza. Considerando al Poder Judicial inmerso en una tradición de ineficiencia y corrupción, es indispensable que en el foro político abierto, al margen de los poderes instituidos, tengamos factores de influencia poderosos y confiables.

Margarita va a ser uno de ellos.

Desde luego, no al margen de los partidos políticos en tanto persista este régimen electoral espurio, inequitativo y mal hecho. Una de las frases de la señora Zavala al explicar su salida es aquélla en la que afirma que las candidaturas independientes fueron diseñadas para que fracasaran. Ahora, la crisis de los partidos políticos, tanto los tradicionales como los oportunistas, obliga al surgimiento de nuevos institutos políticos, jóvenes, innovadores, comprometidos y —dentro de lo posible— inmaculados.

Faltan seis semanas para las elecciones presidenciales, que son las que centran la atención de los mexicanos cada seis años. Pueden pasar muchas cosas todavía. En esa cascada de acontecimientos está, desde el miércoles, Margarita Zavala. A través de un partido nuevo o provocando un deseable cataclismo en el PAN con su reconstrucción inmediata y muy vívida. Ya lo veremos. De la misma manera en que el PRI tendrá que renovarse o morir, el PAN no tiene más camino que reinventarse. Con otra directiva.

PILÓN.- Entre los ritos y tradiciones que los mexicanos cultivan con entusiasmo se encuentran el doble rasero y la doble moral. Hágase justicia en los bueyes de mi compadre. Eso surgió ayer, a nivel incluso de Secretaría de Estado, ante la afirmación de Donald Trump de que los delincuentes y pandilleros centroamericanos que llegan a Estados Unidos no son seres humanos, sino animales. La imprudencia e imbecilidad de una afirmación así está fuera de duda. Lo que me llama la atención es que para los mexicanos, y sus órganos de gobierno, las afirmaciones de El Bronco —“mi caballo come menos que mi vieja”— son graciosas ocurrencias y las estupideces de Trump son intolerables violaciones a los derechos humanos que merecen nota diplomática de la Cancillería y del embajador mexicano en Washington. Bien por la dignidad y el decoro, siempre y cuando sea parejo. Los ojos, la paja y la viga surgen, inevitablemente, al pensamiento.