La Carpeta:
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Por primera vez es posible que cualquier persona una el talento y los recursos para crear cosas físicas. Pero no se trata de hacer las cosas cada uno por sí mismo, sino entre todos. Y esto lo conseguimos con la web, la automatización y la gamificación (el juego como método de conocimiento creativo).
Eloy Garza
febrero 10, 2015, 4:49 am

eloygarza-editorial

Vivimos en Nuevo León la Tercera Revolución Industrial. Por primera vez es posible que cualquier persona una el talento y los recursos para crear cosas físicas. Pero no se trata de hacer las cosas cada uno por sí mismo, sino entre todos. Y esto lo conseguimos con la web, la automatización y la gamificación  (el juego como método de conocimiento creativo).

Internet es el centro de la Tercera Revolución Industrial que modifica las pautas del diseño industrial y la producción. Bits al servicio de átomos. El mundo digital al servicio del mundo real. La web no nos aparta de la realidad: la aumenta y enriquece, mediante la desintermediación.

Las patentes han dejado de tener importancia para poner de relieve la invención colectiva. Un proyecto atractivo convoca a los profesionales a mejorarlo sin retribución inmediata, integrando comunidades hackers que desprecian la propiedad intelectual y ponderan el alto valor del crowdsourcing (colaboración abierta distribuida).

Y lo más valioso son los actuales software diseñados para facilitar la fabricación de prototipos. ¿Un ejemplo? Arduino es una herramienta open source –es decir, sin reclamo de pago de licencias y donde mete mano cualquier programador que le dedique tiempo libre-- para inventores profesionales y amateurs.

Un manual de Arduino no es tan fácil de aprender como un instructivo de Lego, pero con algo de paciencia logramos grandes avances. El segundo acto consiste en adquirir un programa CAD para componer cualquier tipo de productos, o una impresora 3D, abastecerla con suministro de materias primas y en cuestión de minutos obtendremos el prototipo de un objeto innovador.

Y esto es apenas el principio de la Tercera Revolución Industrial. En menos de diez años la mayoría de los regiomontanos podremos tener en nuestra casa una de estas impresoras 3D, con un costo aproximado de mil pesos, para imprimir cepillos de dientes, pasta dental, peines, lámparas, jabones, cucharas, frascos, botellas, etcétera, personalizados a nuestro gusto, cuando hasta ahora sólo nos los producen las grandes empresas en procesos estandarizados. Estas tribus web revelan el desembarco de los aficionados creativos en las costas de los profesionales cerrados. Los bárbaros han invadido Roma. Y por primera vez estoy del lado de los invasores.