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Asustados por el descontón, los operadores de la candidata acusada en el video de andar de compravotos, reaccionaron exactamente como no debían: negando los hechos, pidiendo explicaciones e invocando la obsoleta Ley de Imprenta.
Francisco Tijerina
junio 14, 2018, 4:46 pm

“Difama, que algo queda…”

 

Construir un rumor no tiene mucha ciencia, se requiere de una mínima parte de verdad y el resto de una gran mentira que contenga el famoso “VESS” de mi amigo peruano Javier Maza, entendido como “violencia, escándalo, sangro o sexo” y si se pueden mezclar dos o más de esos ingredientes, mejor que mejor.

El martes pasado se publicó que en la mismísima sede nacional del PRI estaban pagando 500 pesos por una copia de su credencial de elector, las historias empezaron a surgir por doquier. El mismo martes por la tarde apareció como el famoso perro “solovino”, un video en redes sociales, sin nombre ni apellido, en el que un hombre con una mochila y un montón de papeles fue “grabado” ofreciéndole dinero a un ciudadano por su credencial de elector.

Asustados por el descontón, los operadores de la candidata acusada en el video de andar de compravotos, reaccionaron exactamente como no debían: negando los hechos, pidiendo explicaciones e invocando la obsoleta Ley de Imprenta.

Un hecho cierto (la publicación de una nota, verídica o no esta), le da un toque de verdad a la historia y lo demás es un vulgar montaje.

Si analizas con detenimiento el video de marras, te darás cuenta de algunos detalles interesantes.

1).- ¿Cómo o por qué diantres un tipo cualquiera en la calle decide poner a grabar su teléfono celular unos metros antes de que se acerque un hombre cargado de papeles?

2).- ¿Cómo es que un “operador” que presuntamente anda comprando copias o credenciales de elector trae las manos ocupadas con tantos papeles si lo que requiere es movilidad para realizar la jugada?

Como cuando al Chavo del Ocho le ofrecían sus amigos jugar a cualquier cosa, nada más le faltó al brillante investigador del video ponerse a decir todas las cosas que iban a suceder tras la compra de la credencial. Indignado, recrimina al delincuente electoral y le dice que le debería dar vergüenza porque “el voto no se vende”, pero, ¿por qué no lo detuvo y denunció si contaba con ventaja física y tenía lo que presuntamente era una prueba contundente de la flagrancia? ¿Dónde está la denuncia ante la autoridad de este valiente ciudadano?

El escándalo de la presunta compra de votos, mezclado con el antecedente de las filas en le PRI nacional, hacen un cocktail perfecto en el tiempo justo.

Lo malo es que a pesar de ser una canción tan vieja, los nuevos genios de las campañas no se sepan la letra y mucho menos cómo minimizar el desperfecto.