La Carpeta:
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El Bronco acudió al edificio del Congreso estatal de Nuevo León, se sentó frente a sus opositores y escuchó los posicionamientos de las bancadas ahí representadas.
FELIX CORTES CAMARILLO
octubre 16, 2018, 6:10 am

What the heck is this house for a manly Cowboy Mouse?

                Hello you! Let me out! and don’t catch me like a trout.

                Cri-Cri, El ratón vaquero.

Como si quisiera facilitarle el trabajo a este cancionero, el ingeniero Jaime Heliodoro Rodríguez Calderón, gobernador de Nuevo León, comenzó su discurso, al rendir ayer en Monterrey su Tercer Informe de Gobierno, con una frase cantada por Lupita D’Alessio, cuyo hijo metido en la política anda por ahí haciendo estropicios con la herramienta favorita de los que no saben hacer política, las redes sociales.

Pero yo lo oí, dijo el llamado Bronco: Hoy voy a cambiar.

Él se refería de manera específica a que, en lugar de su costumbre de hablar a partir de la memoria y las ocurrencias, iba a leerles un documento de 54 hojas. Rodríguez Calderón, quien no es tonto, sabía que ya había cambiado, al menos en la ceremonia del Informe. Desde la medrosa actitud de dos presidentes panistas de la República y uno priista, que hicieron precedente nacional, todos mandaron por interpósita persona sus voluminosos informes a los Congresos locales o al Congreso de la Unión. Como adelanto de lo que hará Andrés Manuel cuando le toque. El Bronco acudió al edificio del Congreso estatal de Nuevo León, se sentó frente a sus opositores y escuchó los posicionamientos de las bancadas ahí representadas.

Posicionamientos que, por lo general, fueron tan suaves que parecieron previamente acordados. Tanto el PAN como el PRI y Morena señalaron las deficiencias en el ejercicio del poder de un gobernador que se pasó la mayor parte de este año recolectando firmas y haciendo campaña para la Presidencia y olvidando sus obligaciones con su estado, pero todos se comprometieron a apoyarlo si se enmienda y se ocupa de los problemas más importantes del estado: seguridad, agua y vialidad.

Como, evidentemente, ya estaba enterado por escrito de estos planteamientos, el gobernador les contestó, con nombre y apellido a cada una de las demandas.

Como en los viejos tiempos, vaya.

Como en los viejos tiempos, el ratón vaquero sacó sus pistolas y amenazó con quedarse al frente de Nuevo León, por lo menos un año más. Debe reconocerse su denuncia sobre la necesidad de revisar el llamado Nuevo Sistema Penal Acusatorio, que para lo único que ha servido es para liberar delincuentes y castigar aún más a las víctimas. Lo otro digno de mención es el deseo de terminar el mocho metro de Monterrey y el de crear una nueva ciudad en el olvidado puerto fronterizo, el único que tiene Nuevo León, en Colombia, allá en el norte.

Pero de que el ratón vaquero se quiere quedar, contra todo pronóstico, se quiere quedar en el Palacio de Gobierno de Nuevo León.

PILÓN.- Me entero, con profunda tristeza, del fallecimiento de uno de los hombres más importantes de mi vida. Daniel Dimas Segovia murió en mi tierra, después de una vida intensa y divertida. Daniel fue quien me sedujo y me condujo a las únicas dos adicciones de mi vida profesional: el periodismo y el teatro. Reportero de a pie en el diario El Tiempo, de Monterrey, que me publicó hace sesenta años mi primera letra, se daba tiempo para hacer teatro y darnos clases de ese arte a jóvenes aficionados en el Aula Magna de la Universidad de Nuevo León, que todavía no era autónoma; al mismo tiempo formó parte del grupo de actores que hicieron —físicamente— el mínimo teatro El Globo, de Monterrey, donde hizo sus mejores, magistrales, interpretaciones actorales, que yo le vi.

Nunca dejó de ser reportero, cuando El Globo fue demolido y El Tiempo ya había desaparecido, tampoco dejó de ser amigo intenso y, desde luego, nunca dejó de acudir, todas las tardes, al Bar-Zon, en Emilio Carranza, entre Calzada Madero y Reforma, para reventarse todo el repertorio de los danzones con quien se dejara.

Gracias por todo, Daniel. Vamos quedando menos.