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A sus 63 años, Willem Dafoe es un actor de prestigio que, sin embargo, ha recibido pocos premios. Pero su interpretación de Vicent van Gogh en un filme de Julian Schnabel presentado hoy en Venecia le sitúa entre los favoritos para llevarse la Copa Volpi de esta edición.
Staff
septiembre 4, 2018, 7:36 am

A sus 63 años, Willem Dafoe es un actor de prestigio que, sin embargo, ha recibido pocos premios. Pero su interpretación de Vicent van Gogh en un filme de Julian Schnabel presentado hoy en Venecia le sitúa entre los favoritos para llevarse la Copa Volpi de esta edición.

Una precisa interpretación que hasta hace olvidar su edad en At Eternity's Gate, un filme que compite por el León de Oro y recrea las últimas semanas de vida del artista, que murió cuando tenía 37.

"Todo el mundo cree que lo sabe todo sobre Van Gogh y que es innecesario hacer otra película sobre él", resaltó en rueda de prensa Schnabel, que contó cómo tras una visita al Museo de Orsay (París), Jean-Claude Carrière y él tuvieron la idea de hacer un filme que hiciera sentir al espectador como cuando sales de ver una exposición.

Al salir "tienes una acumulación de imágenes en la cabeza y es la idea que queríamos crear en la película", resaltó Schnabel, que apareció en Venecia con una camisa rota y manchada de pintura e informales bermudas.

Esa idea fue el punto de partida para la historia que Schnabel, que como pintor conocía muy bien la vida de Van Gogh, quería pintar, pero aseguró que le resultaba "imposible" explicar la película, que ha tratado solo de transmitir sensaciones.

A Eternity's Gate sigue a Van Gogh cuando se traslada de París a Arles en busca de la luz, se instala en la famosa habitación amarilla y acaba cortándose la oreja para regalársela a su amigo Paul Gauguin (Oscar Isaac en el filme).

Es en ese periodo cuando el pintor holandés empieza a ser consciente de que tiene problemas mentales, algo que en la película está tratado con imágenes en blanco y negro y con escenas medio desenfocadas.

Una historia sacada principalmente de las cartas que Van Gogh escribió, sobre todo a su hermano Theo, pero también a otros artistas, como Gauguin.

Textos que reflejan que Van Gogh "estaba absolutamente lúcido" en esa última etapa de su vida, en Arles (sur de Francia) y en Auvers-sur-Oise (cerca de París).

También Dafoe leyó las cartas para preparar su personaje y considera que Van Gogh fue "absolutamente inspirador y lúcido sobre lo que hablaba", lo que le ayudó mucho en su trabajo.

Fue más difícil, reconoció el actor, cuando tenía que mostrar las dificultades de compartir con los demás las visiones que tenía, pero sobre todo pintar.

"Conozco a Julian desde hace casi 30 años, he trabajado con él, he estado con él cuando trabaja en el estudio, y me gusta cómo hace las cosas. Y sabía que iba a tener que pintar en la película", explicó Dafoe.

El realizador le enseñó nociones de pintura y cómo mover la mano, los gestos necesarios que fueron la clave para entender además la profunda relación que Van Gogh tenía con la naturaleza.

Un artista que no fue entendido en vida, que la película muestra como un hombre muy religioso, un poco obsesionado por su amistad con Gauguin y que tenía que ser interpretado por Dafoe, único actor al que Schnabel veía en el papel.

Nunca pensé en nadie más para interpretar a Vincent Van Gogh, siempre pensé en él para hacerlo, tiene la vida interior y la profundidad necesaria y es un actor muy físico", dijo el director, que afirmó que tenerle para hacer el papel fue "lo mejor" que le podía pasar.

Sobre la historia, Schnabel reconoció haberse tomado algunas licencias, como el hecho de que Van Gogh se fijara en Goya cuando no vio realmente ningún cuadro del pintor español.

Y sobre la tesis del asesinato que la película defiende frente al suicidio que siempre se ha asumido como la causa de su muerte, Carrière —coguionista, junto a Schnabel— afirmó que "no hay testimonio alguno de que Van Gogh se suicidara".

Una teoría que ya se lanzó hace algunos años en una biografía del maestro holandés escrita por Steven Naifeh y Gregory White Smith.

Carrière resaltó que, en sus últimas semanas, Van Gogh pintaba un cuadro casi por día y no pasaba por ninguna depresión, lo que avala más que fuera asesinado.

Presenta Kusturica a un Mujica inspirador

El serbio Emir Kusturica pasó tres años conversando intermitentemente con el ex presidente de Uruguay, José Mujica, para preparar El Pepe, una vida suprema, un documental proyectado hoy en Venecia y en el que le presenta como alguien "supremo", "único" e "inspirador".

Frente a los "deshonestos y corruptos" gobernantes socialistas que hay hoy, Mujica es "el único ejemplo en el mundo en el que un presidente puede inspirar, con toda su capacidad de comunicación" a un pueblo entero, el uruguayo, que le despidió entre lágrimas cuando abandonó su cargo.

Fue precisamente la despedida de Mujica como presidente, con su famosa frase "No me voy, estoy llegando", la que Kusturica utilizó para estructurar el documental, que gira alrededor de las conversaciones que mantuvieron, con el cineasta fumando un puro y el aún presidente bebiendo mate.

Y de los testimonios de su mujer, Lucía Topolansky, y de los dos compañeros que compartieron con Mujica más de 12 años de cárcel por pertenecer al movimiento Tupamaro y luchar contra la dictadura militar —el que fuera ministro de Defensa Eleuterio Fernández Huidobro, que falleció poco después de grabar su participación en el documental, y el escritor Mauricio Rosencof—.

Un retrato favorable y sin aristas de un político que se ha convertido en un símbolo del socialismo y de la lucha a favor de la pobreza, en una figura que atrae apoyos desde su planteamiento de vida sencilla y sin lujos.

Entre los que han caído rendidos ante la honradez del ex presidente está Kusturica, que recomendó a "todo el mundo que sea tan libre como él", señaló en rueda de prensa.

En el futuro, la gente estará más inspirada por él que por Castro", agregó el realizador, que consideró que "otros presidentes actuales en este mundo de corrupción deberían mostrarse avergonzados ante él".

Una libertad remarcada en el documental y que ha llevado a Mujica a afirmar que el delito no es robar un banco sino crearlo o que la burocracia es peor que la burguesía, que hizo de Uruguay el primer país que legalizó la marihuana y que no para de decir y de demostrar que no necesita más dinero que el que ya tiene.

Sigue conduciendo un viejo coche y viviendo en una casa con escasas comodidades, en el patio de su casa tiene un colorido banco construido con tapones de plástico de botellas y provocó risas en la proyección cuando apareció con un móvil en la mano diciendo: "estoy esperando a que le pongan baño al celular, para los viejos como yo".

Todo un personaje que Kusturica ha retratado tras recibir un encargo por parte de los coproductores argentinos —junto a uruguayos y serbios— y que le llevó a descubrir a alguien muy real "en un momento en el que en este planeta hay falsedades por todas partes".Al respecto, el cineasta destacó que el 70 % del salario de Mujica va para los pobres en Uruguay, que redujo la pobreza del 39 % cuando llego al poder al 11% actual, que hizo "socialismo dentro del capitalismo".

"En el mundo corrupto de hoy tenemos a alguien que no lo es", afirmó Kusturica en un encuentro previo con un reducido grupo de periodistas.

E insistió en que "vive como se ve en la película", con la sencillez que se ve en la pantalla. "No es una pose. En el futuro cuando alguien se plantee cuál es el buen ejemplo del socialismo dirán que fue Uruguay" en la época de Mujica.

En un panorama en el que hay "una izquierda falsa y una derecha falsa", Kusturica ha querido realizar su "contribución al mundo de la política" con un documental que sin embargo considera que es en el fondo una historia de amor.

Un amor, el de Mujica y Topolansky, que se vio afectado por la militancia de ambos, y que se demuestra con la presencia del expresidente en Venecia para presentar el filme por su amistad con Kusturica, pero que abandonará inmediatamente después de la proyección de gala esta noche para llegar a Montevideo y poder ver a su mujer antes de que, pasado mañana, se vaya a China.

Luce camiseta de "Weinstein es inocente"

El director italiano de cine Luciano Silighini Garagnani desató la polémica en la 75 edición de la Mostra, al portar una camiseta que presumió con la leyenda impresa de "Weinstein is innocent" (Weinstein es inocente) durante la alfombra roja de la película Suspiria, dirigida por Luca Guadagnino, el pasado sábado.

Silighini hasta presumió la prensa con la imagen del magnate de Hollywood, acusado por más de 70 mujeres de conducta sexual inapropiada y varios delitos sexuales.

El cineasta italiano portador de la polémica camiseta es conocido por apoyar públicamente a Donald Trump (donando dinero a su campaña) o a Silvio Belusconi, protagonista de la que será su próxima película.

Harvey Wenstein está acusado de acoso, abuso y violación y enfrenta a una pena que va entre diez años de prisión y la cadena perpétua.

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