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El asunto es que los mensajeros son las primeras víctimas de la historia. Si son portadores de malas nuevas son ejecutados para que no se sepa lo que ellos son los únicos en saber.
FELIX CORTES CAMARILLO
julio 12, 2018, 7:19 am

Si se calla el cantor calla la vida,

                porque la vida misma es todo un canto…

                Horacio Guarany, Si se calla el cantor

En el discurso triunfalista de Andrés Manuel López Obrador hubo dos asertos que fueron los únicos en merecer mi aplauso interno. El segundo, la invitación a la reconciliación que es, para empezar, lo que más necesita nuestro México. Pero el primerísimo, su pronunciamiento a respetar la libertad de expresión. Si el nuevo Presiente se ha ostentado como demócrata, su primera obligación es respetar la libertad de expresión.

En el año de 490 antes de nuestro tiempo, eso quiere decir hace dos mil quinientos años más o menos, Grecia venció a los persas en Maraton.

Un valle y costa por ahí. Dice la leyenda que Filipides se fue corriendo a reportar a su señor de la victoria en Atenas. Herodoto, que se asume mundialmente como el padre de la historia —aunque el suceso de Maraton ocurrió 30 o 40 años antes de que Herodoto escribiera sus siete libros que se conocen como historia—, dice que no es así. Que Ferdipides no fue a informar de victoria alguna ni corrió 42 y pizcacha de kilómetros que hoy se corren en Boston, Berlín y otros afamados sitios, sino que casi el triple. Fue de Atenas a Esparta a pedir apoyo militar ante el acoso de los persas, que se sentían el Donald Trump de aquel tiempo.

El asunto es que los mensajeros son las primeras víctimas de la historia. Si son portadores de malas nuevas son ejecutados para que no se sepa lo que ellos son los únicos en saber.

Si sus nuevas son buenas, no se espera otra cosa de ellos. Tal vez por ello, los políticos de hace dos mil quinientos años inventaron el cuento de que Filipides traía buenas noticias. De otra manera tuvieran que matarlo. Herodoto dice otra cosa. Regresemos al presente. Los medios de comunicación, los periodistas, los opinadores en columnas, radio, televisión, no fuimos entusiastas promotores del proyecto Andrés Manuel. Los dueños, operadores, concesionarios de los medios decidieron, finalmente, irse a la cargada en el estadio Azteca que un par de semanas se llamó Guillermo Cañedo.

No matemos al mensajero. No le conviene al presidente López Obrador. Lo que menos le favorece es el ciego apoyo que el PRI —que él conoce muy bien en sus entrañas— y la acrítica afiliación a todo lo que diga el señor Presidente. Es el periodo de reflexión seria.

PILÓN.- Hace un par de semanas mi hermano Ricardo me preguntó por qué el futbol —que los gringos llaman soccer— es tan mundialmente popular al grado de que la FIFA tiene más países afiliados que la ONU. La respuesta es muy fácil. Para jugar beisbol necesitas entre otras cosas, una pelota, un bate y nueve manoplas o guantes.

Para jugar futbol —en esencia quiere decir pelota y pies— agarras los periódicos de la semana, los amontonas, amarras con un mecate y pones en la calle de tu casa cuatro piedras señalando las dos porterías. Es, como el boxeo, deporte de las minorías jodidas, que ahora resulta que somos mayorías. Croacia tiene cuatro millones de habitantes. Inglaterra tiene más o menos doce veces esa cifra. Personalmente, a mí me dio mucho gusto que la jodida Croacia, una de las piezas del proyecto del mariscal Tito que se llamó Yugoslavia, vaya a jugar la final de la Copa del Mundo que antes se llamaba Jules Rimet.

Y si no la gana, me vale madres. Los croatas serán más que felices.