La Carpeta:
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La sagacidad depende de una gran concentración en los propósitos, que nadie debe saber y que deben ser ocultados cuando se trata de “dar carnita” a la prensa o a cualquier grupo de oyentes, está claro que en el gabinete de Jaime Rodríguez como que no abunda esta cualidad.
Carlos Chavarria
noviembre 11, 2018, 3:36 pm

Cuando fue secretario de gobierno, le escuché decir a Álvaro Ibarra  que era mas fácil controlar a una víbora de cascabel que a un micrófono y tuvo razón.

El expresidente Zedillo, desde su campaña, siempre reconoció que hablar no era la mejor de sus habilidades y por la misma razón no le gustaba opinar de todo y de cualquier cosa.

Qué gran divertida nos dimos con Fox y sus orejas de papel, el problema era que alguien debía salir a interpretar sus metidas de pata cada vez que hablaba ante los micrófonos.

Resuena aún en nuestros oídos aquellas memorables frases improvisadas de Luis Echeverría : "…no somos de izquierda o derecha, nosotros vamos, ¡aaaarriba y adelante!".

López Portillo, a pesar de ser un erudito y consumado orador también cayó en la trampa: “…mi hijo Ramón es el orgullo de mi nepotismo..”.

Para manejar un micrófono o la inocente grabadora de un reportero que se aproxima al rostro no se necesita ser un gran orador, se requiere sagacidad, el único que  la ha tenido siempre  a flor de piel ha sido Carlos Salinas de Gortari, así que el pobre secretario de salud de Nuevo León, De la O, estaba fundido desde que se paró frente  a ese auditorio que le causó una gran inspiración coprólata verbal.

La sagacidad depende de una gran concentración  en los propósitos, que nadie debe saber y que deben ser ocultados cuando se trata de “dar carnita” a la prensa o a cualquier grupo de oyentes, está claro que en el gabinete de Jaime Rodríguez como que no abunda esta cualidad.