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La risa del nuevo Andrés Manuel duró menos que la clásica polución temprana: apenas los pocos minutos que invirtió en leer el artículo en el que Silva-Herzog Márquez lo elogiaba.
Federico Arreola
febrero 6, 2018, 7:49 am

Carajo, no valía la pena enojarse otra vez

En Reforma, Jesús Silva-Herzog Márquez elogió al nuevo Andrés Manuel López Obrador:

* “Si en empeños anteriores mordía cada anzuelo que sus enemigos le lanzaban, hoy se burla con gracia de su torpeza”.

* En otras campañas, Andrés Manuel “caía fácilmente en las provocaciones. Era irascible, intolerante, grosero. A cada cuestionamiento respondía con una descalificación moral”.

* “Hace apenas unos meses”, López Obrador “se enfrentaba en pleitos absurdos con periodistas que cometían el terrible pecado de hacer su trabajo y hacerle preguntas incómodas. El tabasqueño rehusaba la respuesta para lanzarse a la descalificación personal de los periodistas… Ofrecía entonces consejo a los periodistas para hacer su trabajo. Cuestionarlo era venderse a los traidores”.

El Andrés Manuel había desaparecido, fue lo que dijo Silva-Herzog Márquez:

* “Aún no sabemos si el cambio sea perdurable pero es, sin duda, visible. No se perciben esos reflejos en la tercera campaña”.

* “Otro es el talante que muestra en estos días. Está de buenas y transmite su humor”.

* “Ha descubierto un recurso valiosísimo: la risa”.

* “Es claro que un candidato que sabe reír puede encarar de una manera muy distinta las embestidas de sus críticos. La mejor forma de desarmar las críticas desproporcionadas es riéndose de ellas”.

La crítica de Silva-Herzog Márquez que me pareció un elogió enorme al nuevo Andrés Manuel.

* El peligro del nuevo AMLO es otro.

* “Del extremo del sectarismo, López Obrador se ha desplazado al punto contrario: el oportunismo”.

¿Es oportunista López-Obrador?

Sí, desde luego, pero lo es para lograr un objetivo superior. Quiere ganar la Presidencia para cambiar a México desde su muy personal forma de ver las cosas.

Es lo que dicen todos en Morena para justificar las alianzas con los más impresentables personajes. Quizá tengan razón en que el fin justifica los medios. Esto es, seguramente solo con pragmatismo extremo se puede lograr la victoria.

Eso, y no otra cosa, es lo que ha expresado Silva-Herzog Márquez, que no dijo ninguna mentira. Simplemente repitió, con sus palabras, lo que el propio Andrés Manuel ha dicho:

* “La lealtad de hoy puede vencer a la deshonestidad de ayer; los mafiosos pueden transformarse en abanderados de la regeneración nacional, los bandidos pueden ser perdonados por la infinita bondad del prócer”.

* A AMLO “le sirven los foxistas, los calderonistas, los zedillistas, los salinistas. Todos caben”.

 “Si en el escenario nacional destaca un político pragmático, si resalta un político sin nervio ideológico ni criterio ético para entablar alianzas, ese es el candidato de Morena”.

¿Era para tanto que Silva-Herzog Márquez le dijera priista a AMLO?

En realidad, decir que el pragmatismo actual de Andrés Manuel equivale al priismo del más tradicional no es crítica: es la verdad. Otra verdad del articulista de Reforma.

El priismo en México no es una ideología: es, más bien, la cultura política de todos los que se dedican al oficio de salvar a la patria. Ricardo Anaya encabeza una alianza entre la derecha del PAN y la izquierda del PRD más lo que sea Movimiento Ciudadano: exactamente lo que hacía el PRI en sus mejores tiempos. Y José Antonio Meade, que presume de no tener partido, es el candidato del priismo oficial.

Andrés Manuel no era así, no aceptaba cascajo a su lado. Dicen que por esa razón perdió o lo robaron, que para todo fin práctico viene a ser lo mismo. Es que, aseguran los que saben de estrategia electoral, si en 2006 hubiera pactado con Elba Esther ya sería expresidente.

¿Cuánto duró el nuevo AMLO, el de la risa, el que decía NO a la ira?

Dijo Silva-Herzog Márquez que no sabía si el nuevo Andrés Manuel, esto es, su cambio de personalidad, iba a ser perdurable.

Duró poco, lo que sea de cada quien... Poquititito, se lamentaría el genio llamado Enrique El Perro Bermúdez.

Decía el viejo chiste grosero y vulgar, creación de priistas de los noventa, si no me equivoco, que “el amor dura lo que dura dura”.

La risa del nuevo Andrés Manuel duró menos que la clásica polución temprana: apenas los pocos minutos que invirtió en leer el artículo en el que Silva-Herzog Márquez lo elogiaba.

Ni hablar, Andrés se enojó otra vez y respondió de mala manera a Silva Herzog-Márquez

El siguiente tuit no necesita ser comentado. Ni hablar.