La Carpeta:
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Quienes hemos sufrido reveses grandes o pequeños del corazón, sabemos que las visitas al cardiólogo son una buena práctica. Lo criticable de AMLO no es que se cheque periódicamente su órgano preferido, sino que no lo hiciera, en razón de la dolencia que padeció hace algunos años. Nadie tiene la vida comprada y por eso nunca está de más encarar el problema. Y ver las cosas con naturalidad.
Eloy Garza
octubre 9, 2018, 8:25 am

Quienes hemos sufrido reveses grandes o pequeños del corazón, sabemos que las visitas al cardiólogo son una buena práctica. Lo criticable de AMLO no es que se cheque periódicamente su órgano preferido, sino que no lo hiciera, en razón de la dolencia que padeció hace algunos años. Nadie tiene la vida comprada y por eso nunca está de más encarar el problema. Y ver las cosas con naturalidad.

¿Qué le aconsejo a Andrés Manuel como colegas del mismo defecto de fábrica? Que cuente su caso abiertamente. Que no le de pena. Si en algo ayuda, le recordaré que Elvis Presley se murió de un infarto al miocardio mientras se sentaba en el inodoro. Tenía el corazón cuatro veces más grande del tamaño normal, hasta que le reventó. Pero como Elvis nunca confesó su enfermedad, corrió el rumor de que había muerto por consumir tanta droga. Todavía hay infinidad de fans del cantante sumidos en el error.

Muchos pacientes que sobrellevan una enfermedad, la cuentan públicamente en redes sociales, Facebook o Twitter y comparten sus vivencias. Yo recuerdo que el primero que lo hizo en Internet fue un periodista gringo: Jeff Jarvis. Hasta la fecha, Jeff (que ya es amigo mío) escribe un blog que ahora es legendario, con entradas diarias, sobre su lucha contra el cáncer de próstata que padece desde hace muchos años.

Conozco críticos que acusan a Jeff por exhibir morbosamente su intimidad y conozco periodistas crueles que exhibieron a AMLO por su dolencia cardiaca, como si fuese un pecado capital. Gabriel Zaid, comúnmente juicioso, escribió un artículo durante la campaña presidencial, condenando a Andrés Manuel porque se había infartado. No se vale, porque el propio AMLO informó oportunamente, en aquel entonces, sobre su dolencia. Y es que la privacidad que uno mismo hace pública no es obscenidad, si se trata de un problema de salud. En México nos sentimos culpables cuando enfermamos de algo grave y eso sí es un prejuicio obsceno: de nuevo, no asumimos las cosas con naturalidad. ¡Como si Gabriel Zaid estuviera muy sano de cuerpo y alma!

Y voy más lejos, AMLO debería saber que cada vez que un paciente platica sobre su enfermedad, en especial con personas que padecen el mismo mal, se crea información personal y clínica, datos de medicamentos, recetas, consejos, hábitos de salud que nunca antes se habían registrado en línea. Y eso nos beneficia a todos los mexicanos, enfermos o sanos por igual (claro, quién esté sano, que tire la primera piedra).

AMLO también debería saber que en EUA, por ejemplo, hay plataformas en Internet en donde la gente los enfermos comparten abiertamente y a gran escala, sus experiencias, síntomas y tratamientos. Así, el Presidente electo y millones de pacientes similares podríamos autogestionar una herramienta para comparaciones clínicas instantáneas. La información agregada sobre tratamientos seria analizada por investigadores y expertos mexicanos. Y lo mejor: AMLO no tendría que meterle ni un centavo del gobierno federal (ya si él quiere gastarse dinero público en esta aplicación innovadora, sería otro cantar).

¿Qué tendría que hacer AMLO o cualquier otro paciente con similares características clínicas? Primero elegir en un menú su comunidad en línea, escribir sus síntomas y tratamientos y a partir de ahí interactuar con otros miles de pacientes con un perfil similar al suyo (edad, género, etapa de la enfermedad). Luego, la aplicación abrirá un foro virtual sobre los tratamientos que siguen y cuáles han sido sus resultados.

Sería interesante que por iniciativa de Andrés Manuel (obviamente en sus ratos libres), en México pudiéramos diseñar entre todos una plataforma por Internet, sin costo alguno, en donde los pacientes convivan, escriban sus experiencias, apunten los medicamentos que toman, las rutinas que siguen, qué cosas les divierten y cómo sobrellevan su condición. Sería más barato que todas las políticas públicas que armará AMLO o cualquier acción de su próximo Secretario de Salud.