La Carpeta:
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Estoy seguro que la herencia en vida no es viable. Y que, con el gesto de ayer, Margarita no está muerta políticamente.
FELIX CORTES CAMARILLO
mayo 17, 2018, 8:52 am

no pensaste un momento, vida mía, que la vida sin ti no la quería…

                Pablo Valdez Hernández, Sentencia

Técnica y jurídicamente, la travesura que le jugó ayer Margarita Zavala de Calderón a la política mexicana tendrá magras consecuencias. Cierto, las boletas para las elecciones del primero de julio —las dedicadas a elegir al Presidente del de país— están en proceso final de impresión con la foto y el nombre de la señora Margarita indeleble: el 10 de junio ya deben estar distribuidas en todas las casetas electorales del país. Aunque el dispendioso INE podría absorber el costo de reimpresión —¿qué tanto es tantito?— resulta más cómodo dejar que la señora aparezca en las boletas con foto y todo. Los votos emitidos a favor de su efigie serán anulados.

Hay otros daños colaterales. Hay que rediseñar el debate de candidatos del próximo domingo en Tijuana, lo que obliga a un nuevo esquema, algo que no tiene ningún chiste: cualquier amanuense puede hacerlo. Los ilegales tiempos oficiales de radio y televisión adjudicados a Margarita Zavala serán, sin duda, adoptados por los señores del INE para promover el voto a secas. Y así por el estilo.

La “renuncia” de Margarita Zavala —no existe ese término en la imbécil ley electoral como no existen muchas otras instancias imaginables y posibles— no lleva a una automática declinación de las preferencias electorales que ayer por la mañana tenía hacia alguno de los otros candidatos. La señora Margarita dijo que se salía de la contienda para dejar a sus seguidores en libertad de ir por donde les diera la gana.

No hay que olvidar que Ricardo Anaya Cortés, quien defenestró a Margarita del partido que les vio a ambos nacer, había sugerido un par de días antes que ella debiera declinar a favor de él. Tengo entendido que, de acuerdo con las fechas de mayo, ella respondió ni madres, con Anaya ni a la esquina.

Pronto nos enteraremos de los motivos reales del retiro de Margarita de la contienda. Evidentemente, tiene que ver con el lejano puesto que ocupaba en la carrera, según los santones actuales del electorado, los encuestadores.

Lo que me queda claro es que la señora está jugando una carambola que tiene más de tres bandas, y que su vida política activa, que inició tardíamente y a la sombra de su marido, no está muerta ni anda de parranda. El poco o mucho capital político que per se o a la sombra de Calderón haya reunido no es para despreciarse. Por eso no lo está heredando en vida; el único posible benefactor del donativo sería José Antonio Meade.

Estoy seguro que la herencia en vida no es viable. Y que, con el gesto de ayer, Margarita no está muerta políticamente.

Por el contrario, no me cabe la menor duda de que el dos de julio próximo, si no es que antes, Margarita Zavala, ya no de Calderón, aunque sigan casados, emergerá de sus cenizas con una fuerza política propia, capaz de lanzarse, con los apoyos de capital que no le serán negados, a la creación de un nuevo partido político de derechas que llene los dos huecos que las elecciones de este año han creado en el panorama de los partidos la derrota del PRI y el PAN.

O ¿por qué no? al relanzamiento del PAN tradicional de los principios de la democracia cristiana, las libertades burguesas y la gente decente, el PAN de Christlieb y de Luis H. Álvarez, el PAN de Margarita.

En el peor de los casos, las boletas ya impresas por el INE van a registrar votos a favor de Margarita; claro, serán anulados, pero de que cuentan, cuentan, al menos como votos de protesta. Los de mi edad se acuerdan de los votos que recibía Cantinflas en las presidenciales.

De mí se acuerdan.