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Quiero destacar otro punto, el de la necesaria e inaplazable separación del poder político del poder económico. Esa “minoría rapaz”, esa mafia del poder. La propuesta, desde la teoría política y desde la cotidianeidad de la vida pública y privada en México es radical.
Jose Jaime Ruiz
mayo 5, 2018, 8:18 am

Lo más relevante que expuso Andrés Manuel López Obrador en su comparecencia en el redivivo “Tercer Grado” de Televisa han sido dos propuestas. Iniciando con lo que llama Cuarta Transformación: la primera fue la Independencia, la segunda la Reforma y la tercera la Revolución, esto sí, su propuesta es sin violencia. Para lograr su objetivo se propone cohesionar la riqueza natural de México con los ciudadanos teniendo buenos gobiernos. El eje central es acabar con la corrupción.

Quiero destacar otro punto, el de la necesaria e inaplazable separación del poder político del poder económico. Esa “minoría rapaz”, esa mafia del poder. La propuesta, desde la teoría política y desde la cotidianeidad de la vida pública y privada en México es radical. Ahí empieza no un cambio en el régimen sino un cambio de régimen. El neoliberalismo a través del gobierno de Enrique Peña Nieto ha seguido implacablemente la máxima de Margaret Thatcher: “La sociedad no existe”. La propuesta de Andrés Manuel es que la sociedad exista.

Cito a José Francisco Ruiz Massieu: “La transición es un cambio de régimen, es el paso de un régimen autoritario a uno plenamente democrático; no es sólo un cambio en el régimen.

“(…) A la dimensión tecnológica, metodológica de la transición la he denominado ingeniería democrática, para denotar que una transición trasciende la convicción y la emoción y abarca también la esfera de la operación y la planificación democráticas.

“Vista así la transición, nos acercamos a la democracia deliberada, aquella que resulta de la previsión y la voluntad, la democracia que reemplaza efectivamente el autoritarismo, porque en el tránsito se observan reglas y se utilizan métodos idóneos.

“(…) La transición… es un proceso inercial: así el régimen autoritario pretenda inicialmente acotar, limitar, graduar el cambio democrático, cuando éste llega a ciertas fases y traspone determinado umbral, el impulso va adquiriendo su propio ritmo para depender menos del régimen autoritario y más de las fuerzas democráticas que lo pactaron (“La transición acotada” en Reflexiones a futuro, Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública A.C., pp. 178 y 179)”.

En la transición que propone Andrés Manuel resulta preponderante la separación de poderes, de ese “privilegio de mandar”. La ingeniería democrática de López Obrador empezó con una lucha ideológica: convencer de que existe el PRIAN, que existen los poderes fácticos y que una minoría rapaz, junto a los malos gobiernos del PRIAN en estos tres sexenios, han hecho de la corrupción y la impunidad sus ejes centrales: la mafia del poder. La confrontación en estos días entre López Obrador y un grupo de empresarios de elite, que no abarca a todo el empresariado mexicano, da cuenta de ello.

Andrés Manuel impuso en la agenda esta vocación pedagógica y los ciudadanos la comprendieron, la concientizaron. Desde hace mucho López Obrador inició la transición, hoy es posible que la encabece legítimamente desde la Presidencia de la República. Para lograrlo, frente a los Romero Deschamps, la Casa Blanca, Malinalco, la Estafa Maestra, el socavón, etcétera, se impuso, como antípoda, un modelo de vida austero y honesto.

¿Por qué es importante la separación de los poderes?

Leamos a Michelangelo Bovero: “Por extrapolación de la célebre definición weberiana del Estado, ha sido elaborada una nueva tipología de las formas de poder que está más apegada a los datos de la experiencia moderna, en la cual el poder político, que detenta los medios de coacción física, es diferenciado del poder económico, basado sobre la posesión de bienes o riquezas, y del poder ideológico, basado sobre el control de los medios de persuasión (Origen y fundamentos del poder político, Grijalbo, p. 45) ”.

El problema que plantea Andrés Manuel es que el equilibrio se perdió: los poderes se confunden, hay una simbiosis extrema. Los medios de comunicación siguen –beneficiándose con el insultante gasto en publicidad– la línea del poder político que hace negocios con el poder económico que genera empatía con el poder ideológico. Para López Obrador, a partir de la lucha contra la corrupción, es imprescindible la separación de estos poderes.

La Cuarta Transformación, así, significa la transición de un régimen autoritario y corrupto a un régimen democrático que priorice acabar con la inseguridad pública, la criminalidad, la desigualdad, la corrupción y la impunidad. Eso es lo que vimos anoche en “Tercer Grado” que, por cierto, mantuvo una excelente calidad periodística en la comparecencia de Andrés Manuel. También es relevante que “Tercer Grado” se volviera sumamente incluyente al invitar a destacados editorialistas de ExcélsiorReformaEl UniversalMilenio y El Financiero.