La Carpeta:
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Si por el contrario, el resultado indica que hay que seguir con la obra en Texcoco, concesionando su continuación, terminación y posterior operación a la iniciativa privada, que en este caso ya tiene nombre y apellido: el grupo Carso.
FELIX CORTES CAMARILLO
octubre 24, 2018, 11:39 am

The winner takes it all

           The loser standing small

           Behind the victory

           That´s her destiny

           Grupo ABBA, Benny Andersson, Björn Ulvaes

Este fin de semana los mexicanos vamos a pasar por un singular experimento que tendrá repercusiones graves para la economía de nuestro país en los departamentos del turismo, la aviación y el empleo.

A mayor abundamiento, comprometerá el futuro económico de México por los próximos 20 años. Una supuesta consulta popular ha de efectuarse durante cuatro días en unos 538 municipios mexicanos, escogidos arbitrariamente, y con una distribución de mesas de votación, igualmente aleatoria, a fin de que “el pueblo” decida si quiere que sigan las obras del nuevo aeropuerto de la capital del país en la zona aledaña al actual sobre lo que queda del lago de Texcoco —que llevan una quinta parte de avance y una buena cantidad de millones gastados, además de los que están ya comprometidos— o si se transforma la base aérea militar de Santa Lucía en un segundo aeropuerto alternando en funciones con el Benito Juárez.

“No va a pasar absolutamente nada”, dice el presidente López Obrador sobre los barruntos de tormenta financiera y económica si la propuesta favorecida por él explícitamente, Santa Lucía, derrota al que es, según las encuestas de opinión, la que resulta más lógica para los expertos en esta materia y para el público en general. Ciertamente, tiene razón: no va a pasar absolutamente nada porque él está cubierto en las dos apuestas, como se hace en el frontón. La mañosa consulta transparenta las preferencias presidenciales, el resultado ya está arreglado y decidido. Lo único que necesita es que se le dé carta de validez al hacerlo público. La técnica priista del acarreo volverá a demostrar su eficacia, especialmente, cuando no hay un organismo oficial que supervise el curso de este plebiscito.

De esta suerte el resultado previsible es el que el presidente López quiera. En ambos casos va a ganar. Si el conteo de las dudosas boletas nos dice que la mayoría de los que en la consulta participaron prefiere que el proyecto entero se mude a Santa Lucía en sus diferentes opciones —alternando con el Benito Juárez o apoyándose, igualmente, con el aeropuerto de Toluca— la decisión ya está tomada. No importan las pérdidas millonarias que la cancelación de Texcoco implica y que llevarán el costo a más del doble de lo ya gastado. Es la voluntad del pueblo bueno.

Si por el contrario, el resultado indica que hay que seguir con la obra en Texcoco, concesionando su continuación, terminación y posterior operación a la iniciativa privada, que en este caso ya tiene nombre y apellido: el grupo Carso. En otras palabras, el ingeniero Carlos Slim y sus empresas, no tienen problema alguno en tomar en sus manos este negocio que —está probado— es un gran negocio, que en su vida útil pagará su costo no una, sino dos o tres veces.

Si éste es el resultado de la consulta, es igualmente la decisión del pueblo bueno. Si esto implica que López Obrador tendrá que abandonar su compromiso de campaña, uno más, de cancelar el proyecto de Texcoco, qué se le va a hacer. Es lo que el pueblo pide. Independientemente de la magna importancia de este proyecto transexenal, de su costo gigantesco y su trascendencia multimodal, este experimento que vamos a vivir en los próximos días sentará precedente.

Las decisiones de gobierno, que deben ser tomadas por el Ejecutivo con toda su autoridad y su capacidad de hacerse de los mejores consejos y asesorías, tendrán, necesariamente, que someterse al plebiscito de gente que es muy fácil de engañar, de acarrear, de seducir y de hacerle votar como quiera el que hace la consulta.

Todavía.