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Ante decenas de miles de simpatizantes en el Zócalo capitalino, aseguró que no será un presidente subordinado a grupos de interés que defraude la confianza de los mexicanos.
Staff
junio 28, 2012, 8:02 am

El candidato presidencial de las izquierdas, Andrés Manuel López Obrador, se comprometió a transformar México e iniciar una nueva etapa en la vida pública.

Ante decenas de miles de simpatizantes en el Zócalo capitalino, aseguró que no será un presidente subordinado a grupos de interés que defraude la confianza de los mexicanos.

“Estoy muy consciente de mi responsabilidad histórica. No es un asunto político, esto tiene que ver mucho con los afectos y sería una canallada fallarles, traicionarles, y eso no lo voy a hacer nunca”, expresó.

Señaló que el pueblo es el motor del cambio verdadero.

En su discurso, aseveró que volverá a ganar la Presidencia de la República. “Hay condiciones inmejorables: tenemos organización, contamos con el respaldo de los militantes de los partidos progresistas y sobre todo contamos con el apoyo de ciudadanos independientes, así como de panistas y priístas inconformes”.

Elogió la participación de los jóvenes durante la campaña, porque ayudaron a “sacudir las conciencias” de los mexicanos. Afirmó que gobernará para todos, para simpatizantes y detractores.

“No habrá persecución ni destierro para nadie. No buscamos venganza, queremos justicia. No odiamos a nadie. Sencillamente queremos lograr el renacimiento económico, social, político, pero sobre todo el renacimiento moral de México”, advirtió.

Se comprometió a “serenar el país” para que ya no haya más muertes y se respeten los derechos humanos.

Manifestó que con su política económica el país crecerá 6% anual.

El tabasqueño estuvo acompañado de su familia, de su eventual gabinete, del mandatario capitalino Marcelo Ebrard y del candidato de las izquierdas al gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera.

Canallada, traicionar a la gente: López Obrador

Andrés Manuel López Obrador, candidato presidencial de la izquierda, prometió llevar a cabo la transformación de México, a través de una nueva etapa en la vida pública del país, y dijo que “sería una canallada fallarles”.

Arropado por miles de simpatizantes que lo acompañaron en su cierre de campaña —que a la vez fue también su único mitin de la campaña presidencial en la ciudad de México— aseguró que no será un presidente subordinado que defraude la confianza de los mexicanos.

“No se preocupen, no les voy a fallar. No voy a traicionar al pueblo de México. Estoy muy consciente de mi responsabilidad histórica. No es un asunto político, esto tiene que ver mucho con los afectos y sería una canallada fallarles, traicionarles y eso no lo voy hacer nunca”, expresó.

“Ustedes son el motor del cambio verdadero. Con el pueblo todo, sin el pueblo nada”, manifestó en la Plaza de la Constitución.

El tabasqueño sostuvo que su movimiento —de 2006 a la fecha— no es de conveniencia, y que pagará con amor, el amor brindado.

Aseguró que volverá a ganar la Presidencia de la República: “hemos trabajado con intensidad, hay condiciones inmejorables; tenemos organización, contamos con el respaldo de los militantes de los partidos progresistas y sobre todo contamos con el apoyo de ciudadanos independientes”, dijo.

Aseguró que el 1 de julio también saldrán a votar por él panistas y priístas inconformes con la “mezquindad de dirigentes y personalidades de esos partidos”.

“Lo nuestro será distinto (...) no habrá persecución ni destierro para nadie. No buscamos venganza, queremos justicia. No odiamos a nadie. Sencillamente queremos lograr el renacimiento económico, social, político, pero sobre todo, el renacimiento moral de México”, advirtió.

El abanderado presidencial se comprometió a “serenar el país”.

“Mi compromiso es que ya no haya guerra, que no siga habiendo más muertes, que se respeten los derechos humanos y que se atienda a deudos y a familiares de víctimas”, sostuvo el abanderado de la izquierda.

Adelantó que su gobierno cambiará la política económica, misma que crecerá 6% anual, generando 7 millones de empleos en el sexenio.

En su último día de campaña, López Obrador hizo un recuento e informó que se reunió con 2 millones de personas, celebrando 136 reuniones con integrantes de sectores productivos y sociales, sin ningún incidente y pidió a sus simpatizantes no confiarse e ir a votar y cuidar el voto.

Cierra campaña con viaje subterráneo

El Metro Bellas Artes sirve de transporte para que Andrés Manuel López Obrador acuda a su cita con la historia que él ya tiene con la ciudad de México, y que se envuelve en la magia del Centro Histórico... del Zócalo.

Miércoles capitalino y obra en tres actos. Inicia en el Ángel de la Independencia y culmina con lleno total en el Zócalo, arropado por los que lo quieren y con la mira puesta en la elección del domingo para llegar a Los Pinos.

“La tercera es la vencida” muestra una pancarta, errónea. Otra dice que López Obrador no usa “limucina” (sic), aunque lo que aquí importa es que esta gente se le brinda con el corazón; los que conforman la República Amorosa.

La marcha es folclor puro. Tanto, que turistas franceses dicen a Miguel Torruco, nombrado eventual secretario de Turismo, que por sus ojos desfila la historia.

En el Zócalo lo espera un lleno a tope. Pero el trayecto es accidentado. Lo acompañan sus cuatro hijos. El mayor, José Ramón; el de en medio, Andrés Manuel, y el menor, Gonzalo Alfonso que se agacha en el trayecto para abrochar a su padre las agujetas.

Su esposa Beatriz Gutiérrez camina al lado, y el menor de sus hijos, Jesús Ernesto, es llevado en hombros entre la multitud; Beatriz no duda en limpiar la mejilla a su marido a cada beso que recibe de jóvenes que logran burlar la seguridad.

El tumulto hace detener varias veces la marcha, segundos que López Obrador aprovecha para peinarse, mientras en azoteas, ventanas y comercios, la gente se le entrega.

Cuauhtémoc Cárdenas se suma al contingente a 10 minutos de iniciada la marcha. Ya está ahí su hijo Lázaro Cárdenas, ex gobernador de Michoacán, y así desde la ciudad más grande del mundo, la izquierda manda una señal que no mostró hace seis años: unidad.

Fiesta cívica y las mantas de todos colores y con todo tipo de consignas aparecen. El tabasqueño recibe amor, y paga con creces. Lanza besos al aire a quienes están colgados de monumentos como Cuitláhuac y Colón, y se da el lujo de firmar libros en medio de los empujones.

Segundo acto. La gente espera impaciente en el Zócalo y Nicolás Mollinedo, su coordinador de logística y chofer, decide sobre avenida Juárez subir al candidato al Metro Bellas Artes; caos.

Espera el siguiente vagón vacío. Recibe muestras de afecto. No viaja sentado, se agarra del tubo, espera dos estaciones, y baja en la estación Zócalo, no sin antes cambiarse de camisa. Con la que marchó estaba empapada de sudor.

En la plaza un mar de gente se abre a los ojos del tabasqueño. Calles aledañas están llenas.

Pide a los suyos hacer historia. Se fue la campaña y ríos de gente abandonan la plancha de concreto. En cafés y bares festejan el triunfo.

La noche envuelve el primer cuadro, y este líder que viaja en Metro y espera vagones desiertos en la ciudad que gobernó, cumple su cita con la historia, y deja prendida una luz de esperanza...

// El Universal