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¿No le interesará a Andrés Manuel López Obrador, como a Vicente Fox, cambiar el sistema político mexicano, sólo lo modificará para sus intereses? O, finalmente, como atajó Octavio Paz la incorrecta frase de Mario Vargas Llosa de la “dictadura perfecta”, ¿no estamos regresando a un sistema hegemónico de dominación? ¿Padecer de nuevo la dominación hegemónica de un partido, como antes con el PRI, pero ahora con Morena?
Jose Jaime Ruiz
septiembre 10, 2018, 11:00 am

El 3 de julio escribí: “El presidente Enrique Peña Nieto y el presidente electo Andrés Manuel López Obrador acordaron una transición tranquila, en orden, en paz, sin sobresaltos. Los arúspices del desastre se equivocaron de nuevo. Andrés Manuel ha dado certidumbre a los mercados, el peso no ha padecido, tampoco hay incertidumbre en los inversionistas. A dos días de la elección, México está mejor”.

¿Cómo vamos en septiembre?

Para Martí Batres (El Financiero): “A México le conviene una transición de terciopelo. Le conviene a la estabilidad económica, le conviene al gobierno saliente, le conviene desde luego al gobierno entrante. Pero faltan tres meses para la toma de protesta del nuevo Presidente de la República. Es un lapso largo. Durante este tiempo, han aparecido señales de incomprensión.

“Algunos afirman que grupos del viejo régimen desean dejarle al nuevo gobierno  conflictos vivos. También hay personajes del movimiento triunfante que siguen buscando confrontación con el gobierno que se va, aunque haya sido derrotado ya en las urnas.

“Desde aquí apuesto y hago votos por una transición de terciopelo. Es bueno para el país que el cambio profundo que viene comience y se desarrolle en un clima de paz, estabilidad y colaboración”.

En cambio, Víctor Beltri escribe sobre la novela de la transición (Excélsior): “La  historia de la transición ha sido, además, la de los desengaños: en este caso, no tanto para la ciudadanía como para el propio vencedor en la contienda. Es positivo, sin duda, que quien habrá de ejercer el gobierno ajuste sus propuestas de campaña a la realidad: no lo es, en absoluto, cuando se ve obligado a realizarlo con respecto a temas torales, que han estado durante años en la palestra pública y a cuyo debate no quiso sumarse, en su momento, por creer y defender, durante 18 años, que sus propias soluciones eran las únicas válidas. Ahora se da cuenta, nos damos cuenta, de que no era así.

“La historia de la transición no es la de un aprendizaje o una sabia rectificación, sino la del replanteamiento de un gobierno que aún no inicia y ya se ha visto obligado a reconocer la evidencia de lo equivocado de su diagnóstico para lo que habría de seguir después de la campaña y en los próximos años: la realidad demuestra que no es lo mismo vociferar que tratar de formar consensos, que no es lo mismo mantener una narrativa como opositor que como mandatario, que no es lo mismo hacer política que proponer gobierno. Aunque se tenga el poder absoluto”.

La pregunta es fundamental: ¿habrá un cambio en el régimen o un cambio de  régimen? ¿No le interesará a Andrés Manuel López Obrador, como a Vicente Fox, cambiar el sistema político mexicano, sólo lo modificará para sus intereses? O, finalmente, como atajó Octavio Paz la incorrecta frase de Mario Vargas Llosa de la “dictadura perfecta”, ¿no estamos regresando a un sistema hegemónico de dominación? ¿Padecer de nuevo la dominación hegemónica de un partido, como antes con el PRI, pero ahora con Morena?