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La ofensa pública de Donald Trump consiste en insistir ante su base electoral que los mexicanos somos “forajidos de una raza tan cobarde como maldita”.
Eloy Garza
marzo 12, 2018, 7:18 am

Cuando yo era niño y vivía en la frontera, me gustaba leer las novelitas de aventuras del Capitán Mayne Reid, que compraba en McAllen, Texas.

En esas novelas del siglo XIX (cuyo autor en su época fue más famoso que Julio Verne) se narraban las historias de intrépidos aventureros norteamericanos.

Los héroes del Capitán Reid, llamados tiradores del rifle, cruzaban la frontera sureña y se enfrentaban con valor a miles de “forajidos de una raza tan cobarde como maldita”.

Ya entrada la adolescencia, caí en la cuenta de que esos “forajidos de una raza tan cobarde como maldita” era yo. Y mi papá y mi mamá. O sea, mi familia, que es mexicana.

La ofensa pública de Donald Trump consiste en insistir ante su base electoral que los mexicanos somos “forajidos de una raza tan cobarde como maldita”.

Luego, para enderezar el entuerto (el mundo al revés), Trump presiona al gobierno de México para que destine una partida presupuestal que pague el muro fronterizo, levantado (por cierto) fuera del territorio mexicano.

Es decir, Trump pretende acabar con la soberanía del gobierno de México (al menos en su parte económica) para que rinda tributo como humillada colonia norteamericana.

De negarnos a la construcción de la ruin muralla, Trump ya dijo que romperá cualquier encuentro diplomático entre ambas naciones y sus representantes. Lo que sigue será que la Casa Blanca imponga un arancel al acero mexicano, para que el muro se pague con esos ingresos.

Leo los diarios personales del presidente gringo James K. Polk, en el siglo XIX, donde se refería a los mexicanos como “bandidos grasientos”, palabras despectivas muy parecidas a la de “forajidos de una raza tan cobarde como maldita”.

Desde James K. Polk a la fecha, ningún presidente de EUA se había expresado hacia nosotros tan despreciativamente como este tirano.

Vamos a ver, al final de este sexenio, cuántos funcionarios de primer nivel terminarán trabajando para una de las tantas empresas de Jared Kushner.

No sería la primera vez. Ernesto Zedillo, quien como Presidente acabó con Ferrocarriles Nacionales de México, ahora es consejero de la empresa transnacional de ferrocarriles Kansas City Southern. Vaya casualidad.

Hace falta en México iniciar una política de restauración de la dignidad nacional. Que el patriotismo (esa palabra hoy tan deslavada) vuelva a llenarse de contenido y se identifique con el coraje y el valor de los mexicanos.

Porque no es verdad que seamos una raza tan cobarde como maldita . Ni muchos menos bandidos grasientos. Aunque Mayne Reid, James K. Polk y Donald Trump digan lo contrario.