La Carpeta:
1 de 10
 
La sanciones sin claro sustento legal pueden provocar el efecto contrario: de rechazo popular hacia el gobierno, sobre todo ahora que Uber ya acepta no sólo tarjetas de crédito sino de débito y de nómina, por lo que ensancha su universo de consumidores.
Eloy Garza
agosto 26, 2016, 5:03 am

eloy-nuevo

Uber fue lo mejor que pudo pasarle al servicio de transporte global. Su plataforma de pago es tan hermético que no puede hackearse. Su uso de GPS lo vuelve invulnerable en la seguridad personal tanto del chofer del vehículo como del pasajero. Su lucha contra la regulación que monopolizaban los taxis sindicales, ha mejorado la libre oferta de este tipo de servicios.

Pero Uber también ha cometido excesos. Los fines de semana, esta aplicación puede incrementar al doble o triple su tarifa base, con absoluta arbitrariedad. Últimamente se han presentado casos – sobre todo en el Uber X—de choferes desaseados, vehículos en malas condiciones e incluso con fallas mecánicas de riesgo.

No creo que la solución sea que el Estado multe a los socios de vehículos de esta empresa, protegida bajo su condición de startup. La sanciones sin claro sustento legal pueden provocar el efecto contrario: de rechazo popular hacia el gobierno, sobre todo ahora que Uber ya acepta no sólo tarjetas de crédito sino de débito y de nómina, por lo que ensancha su universo de consumidores.

Así que la solución no está en sanciones sino en un tipo de impuesto que operará pronto en algunos estados de EUA, como Massachusetts. Se trata de cobrar veinte céntimos a las apps de transporte de viajeros, que se destinarán a benéficos sociales concretos. No lo pagará el dueño del vehículo o los pasajeros sino directamente la plataforma. Este impuesto, al menos en EUA tiene fecha de caducidad: se cancelará definitivamente en el año 2026.

El problema practico del cobro de este impuesto reside en que no se destina directamente para mejorar el servicio que presta Uber. Como toda buena idea, en la práctica esta aplicación comienza a delatar serios defectos de atención y abuso a los usuarios. Si este modelo de negocio no mejora y solo sirve para que el gobierno reciba más recursos por la vía impositiva, el único actor que saldrá perdiendo será el pasajero. Y como siempre es el ciudadano el que baila con la más fea.