La Carpeta:
1 de 10
 
Quienes conocen al controvertido comunicólogo dicen que en sus oficinas de TV Nuevo León opera ese y otros muchos contratos de su empresa privada; que con vehículo oficial a su cargo se desplaza a TICSA, Tinta y Letra y a los comités de campaña de sus clientes.
Eloy Garza
junio 25, 2012, 5:29 am

El pasado 23 de junio El Norte publica en su sección local dos notas sin relación aparente: por un lado, la demanda de un particular en contra de la empresa TICSA. Por otro, la clausura por “motivos electorales” de la imprenta Tinta y Letra que ejecutó Desarrollo Urbano de Monterrey. Curiosamente en ambas notas el propietario de las empresas es Raymundo Pérez Lancón.

Ayer domingo, El Norte ata cabos y menciona la réplica de Pérez Lancón, que tiene pleno derecho a defenderse. El acusado se dice víctima de la guerra sucia del PAN por ser el impresor “oficial” de los candidatos del PRI. Se deslinda de TICSA (soy sólo el rentero) y denuncia: “El Grupo San Nicolás que encabeza Fernando Larrazabal tiene especial interés en desprestigiar y atemorizar a las personas que no lo respaldan”. Redonda su defensa quedando bien con los candidatos del PRI a quienes asesora.

Pero el plan de Pérez Lancón de aislar como único culpable a Julio Loyola cae por su propio peso. Quienes conocen al controvertido comunicólogo dicen que en sus oficinas de TV Nuevo León opera ese y otros muchos contratos de su empresa privada; que con vehículo oficial a su cargo se desplaza a TICSA, Tinta y Letra y a los comités de campaña de sus clientes.

Varios ex empleados de su empresa hacen circular por redes sociales fotografías del interior del inmueble de Bella Vista donde aparecen tirajes enteros de propaganda que Pérez imprimió a candidatos panistas, incluyendo al Grupo San Nicolás.

Pérez Lancón camina al filo de la navaja. Le gusta jugársela: en un principio denunció a TICSA a varios periódicos. Quiso operar control de daños siendo él mismo delator. Quiso vacunarse de una crisis creada por él. Quiso quemar la plaza y tender puentes. Quiso ganar en TICSA, en Tinta y Letra, en las campañas, en el diseño de desplegados de El Norte, en la impresión de Informes de Gobierno, en la nómina estatal, en los recibos de agua, en el tráfico de influencias. Quiso engañar a socios y contratantes; estar en donde huela dinero; ser impune, líquido, escurridizo.

Hasta que apareció en El Norte.

En su respuesta luce aficionado, no profesional. Quiere hacer política y dinero a la vez. Denuncia por debajo de la mesa a TICSA como comunicólogo, pero responde como político de vieja guardia cuando lo salpican: “es el Grupo San Nicolás en contra mía”. Irónico: un operador de guerra sucia denunciando ser víctima de guerra sucia. Un comunicador priista que hace negocios de impresión con el Grupo San Nicolás. Un comunicador que dedica las campañas electorales a defenderse él y no a sus clientes. Un comunicador que pide le redacten sus respuestas a El Norte, porque no sabe escribir él mismo dos líneas. Un comunicador que amenaza a sus enemigos con “echarles los medios” que luego lo exhiben a él mismo. Un comunicador que con sus desaseos arriesga las campañas de sus clientes. Un comunicador que filtra en beneficio suyo los acuerdos de los war rooms. Un comunicador que coyotea y es la enfermedad electoral cuando dice ser la cura. Un poema de Octavio Paz lo retrata de cuerpo entero: “Cantan los pájaros, cantan sin saber lo que cantan: todo su entendimiento es su garganta”.