La Carpeta:
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El problema surgió cuando a los gobernantes panistas Fox y Calderón se les ocurrió darle a los soldados papel de policías, labor para la que no están capacitados. Trabajo en cuyo ejercicio los excesos no están, perfectamente, tipificados y los límites operativos de las Fuerzas Armadas son vagos.
FELIX CORTES CAMARILLO
diciembre 13, 2017, 7:09 am

El clamor ciudadano, secundado por los mandos altos y medios de las Fuerzas Armadas, de que la ley que regularía la presencia de sus efectivos en las calles de las ciudades mexicanas, tan afectadas por la violencia, el crimen y la impunidad, ha sido artificialmente atorada en los cuerpos legislativos, sigue insistente. A tal grado que —luego de la convocatoria presidencial— andan los legisladores apurados por sacar la ley de seguridad nacional esta misma semana antes de que el reloj de las compras navideñas les suene la campana. Quise decir, antes de que termine el periodo ordinario de sesiones y manden todo hasta febrero o marzo del año próximo.

Los obstáculos estériles planteados a la propuesta de ley aluden, por un lado, al “peligro de la militarización” del país y, por el otro, al poder omnímodo para que el Poder Ejecutivo —esto es el Presidente— pueda llamar cuando se le dé la gana a los soldados para reprimir a la población impidiéndole el ejercicio de sus libertades. La tropa salió de sus cuarteles hace mucho y está en contacto con la población en innúmeras situaciones —como en el Plan DN III— que con frecuencia se nos olvidan. Los soldados se dedican desde hace décadas a destruir plantíos de mariguana y amapola y a quemar las plantas decomisadas.

El problema surgió cuando a los gobernantes panistas Fox y Calderón se les ocurrió darle a los soldados papel de policías, labor para la que no están capacitados. Trabajo en cuyo ejercicio los excesos no están, perfectamente, tipificados y los límites operativos de las Fuerzas Armadas son vagos.

Los primeros en aplaudir que los soldados se vayan a sus cuarteles son los delincuentes: corromper a la policía es más fácil que a los soldados, aunque hemos sido testigos de casos de corrupción de militares en todos los niveles.

Pero eso no es el caso. Con el calendario legislativo que más les plazca, los solones tienen que dejar esto listo, cuidando cada detalle. Que no vaya a resultar que por la prisa en salir de vacaciones nos dejen una ley cucha y chueca.

PILÓN.-El idioma es a la personalidad lo que la vestimenta es al cuerpo: se trata del primer elemento con el que los demás se encuentran, es el escudo detrás del que se ocultan nuestra desnudez o nuestra ignorancia, y suele ser la carta de presentación de todo individuo.

El lenguaje de los políticos, por lo menos en este país, había sido siempre de florituras y giros de elegancia difícilmente comprensibles para el pueblo raso y llano. Eso era antes. A partir de la incursión en este campo de Fox y López Obrador, ambos contendientes por la Presidencia de la República, el idioma se ha degradado a niveles que antes nunca imaginamos y que el papel periódico, tan pudoroso él, rechazaba imprimir.

Primero fueron las víboras tepocatas y la mafia del poder. Luego vinieron el Francisco Lavestida y el Cállate, chachalaca. Ahora, estamos en la etapa en que Gustavo Madero, expresidente de un partido nacional, el PAN, se refiere a otro político como un “pendejo”, y según cuenta Pancho Garfias, el senador Ernesto Cordero —exactamente el inventor de los presupuestos mágicos para la supervivencia de una familia mexicana— se refirió al expresidente de su partido y hoy virtual candidato a la Presidencia de la República diciendo “con ese cabrón, ni a la esquina”. Andrés Manuel, a los excesos verbales añadió el tinte que sugiere discriminación racial en contra de los “blanquitos” que no les ha dado el sol. Porque claro, en este pueblo de la Virgen Morena, sólo los prietos podemos hacer política. Dice el buen libro, en el evangelio según San Lucas, 6.45: “El que es bueno, la bondad que atesora en el corazón produce el bien, pero el que es malo, de su maldad produce el mal, porque de lo que abunda en el corazón habla la boca” .

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