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Además, el hipotético trasvase de votos (algo así como tres millones), con los que Anaya remontaría la diferencia con el puntero López Obrador, no es más que un supuesto: quienes iban a votar por Margarita no lo harán necesariamente, en automático, por Anaya. Eso lo saben los Calderón pero no lo acepta Anaya, atenido a la máxima de que “lo que caiga es bueno”.
Eloy Garza
mayo 16, 2018, 3:55 pm

Margarita Zavala acabó con su viacrucis electoral y declinó su candidatura por la Presidencia. Hace días, se reunieron ella y su esposo Calderón con el octogenario Claudio X. González Laporte. El viejo líder empresarial les instó a que dieran su apoyo a Ricardo Anaya. No habló a título personal. Margarita estuvo más receptiva; Felipe en cambio, fue tajante: con Anaya, ni a la esquina. Es posible interpretar la disparidad de criterios de los Calderón no como una democracia doméstica sino como una estrategia de negociación.

Además, el hipotético trasvase de votos (algo así como tres millones), con los que Anaya remontaría la diferencia con el puntero López Obrador, no es más que un supuesto: quienes iban a votar por Margarita no lo harán necesariamente, en automático, por Anaya. Eso lo saben los Calderón pero no lo acepta Anaya, atenido a la máxima de que “lo que caiga es bueno”.

Es un secreto más o menos revelado que Claudio X. González, junto con otros empresarios de la cúpula, fue mecenas de buena parte de los 300 millones de pesos que gastó Zavala en el proceso para ser postulada candidata independiente. Bajo ese tenor, don Claudio tiene la autoridad moral para exigirle a su ahijada Margarita que decline por Anaya, a pesar de las afrentas (en grado de traición) que les aplicó el joven líder panista. Y así sería, de no ser por un factor en contra de esa maniobra de última hora: Enrique Peña Nieto.

El Presidente nunca se ha negado a los favores de don Claudio X. González a lo largo de su sexenio, con una única excepción: para Peña apoyar a “ese traidor” de Anaya no es negociable; Imposible limar asperezas con él. Pero el empresario cortó por lo sano: o lo apoyan con Anaya o la cúpula empresarial (que por cierto ya no es monolítica como en los buenos tiempos de don Claudio) tomará sus propias medidas en el último tramo de las campañas; medidas que pueden ser extremas, incluso dejando de lado el Estado de Derecho. No vienen días de vino y rosas: tampoco de margaritas.