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Entiendo que el término sea complejo, difícil de asimilar por los electores y por tanto, no es de entrada una buena propuesta de campaña (ni siquiera los periodistas de Tercer Grado la entendieron bien a bien, a excepción de Leo Zuckermann, que es muy buen politólogo).
Eloy Garza
mayo 24, 2018, 11:56 am

Tal parece que en México, si un candidato presidencial formula una propuesta, los demás ya no pueden secundarla, o abanderarla, porque aquí las ideas tienen copy right. Por ejemplo, desde mi punto de vista, si la propuesta del Ingreso Básico Universal la respaldarán todos los candidatos, no habría ningún problema. Mi objeción no estriba en quién la diga (en este caso Anaya), sino en que no habría dinero público suficiente para ponerla en práctica.

Por el contrario, algunas propuestas son dignas de análisis aunque el emisor esté cuestionado, le apoden Ricky Riquín, o nos caiga gordo (en este caso Anaya). Por ejemplo, proponer un gobierno de coalición, como lo plantea el candidato de Por México al Frente. Entiendo que el término sea complejo, difícil de asimilar por los electores y por tanto, no es de entrada una buena propuesta de campaña (ni siquiera los periodistas de Tercer Grado la entendieron bien a bien, a excepción de Leo Zuckermann, que es muy buen politólogo).

En los sistemas parlamentarios las coaliciones son obligadas para formar gobierno a falta de mayoría absoluta. En términos generales, los partidos forman mayorías, pactan y nombran a un primer ministro, o presidente, según sea el caso, con un gabinete integrado por miembros de cada partido puesto de acuerdo. En México el sistema es presidencialista, o sea, los partidos en el legislativo no necesitan formar gobierno. Al Presidente lo eligen los electores, no indirectamente las fuerzas representadas en el Congreso.

Pero no estaría de más que aquí, los partidos en el Congreso eligieran a un jefe de gabinete, que dependiera del Presidente. Tampoco estaría de más que para aprobar las reformas de fondo, constitucionales, se formaran coaliciones partidistas, como pasó en la práctica en los primeros años de la presidencia de Peña Nieto, aunque luego se les deshizo el plan por tarugos.

Una opción alterna sería que el partido del Presidente tuviera mayoría en ambas cámaras y no acordara nada con las demás fuerzas legislativas, que es el escenario que espera AMLO para gobernar, cosa que de entrada no es algo malo. Pero creo que sería más democrática la primera opción. El partido del Presidente tendría por fuerza que cabildear, llegar a acuerdos, negociar: es decir, hacer política; sumar a las minorías para hacer mayoría. Esta sería la mejor alternativa contra cualquier tentativa unipersonal de asumir el mando.