La Carpeta:
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Por otro lado, si se le señalan cifras del IFE, del Banco Mundial, del INEGI, de la Coneval o de cualquier otra institución, en las que queda al descubierto que su gestión como jefe de gobierno fue deficiente, entonces pronuncia las palabras mágicas: “yo tengo otra información”.
Staff
junio 23, 2012, 12:47 pm
Eduardo Sánchez Hernández
Vocero nacional del PRI
EL UNIVERSAL

López Obrador se autodefine como un demócrata honesto. Cuando se trata de acreditar honestidad, acude invariablemente al expediente de señalar su forma modesta de vivir, presumir de que no usa tarjetas de crédito y resaltar que sólo posee una magra cuenta de cheques en el banco. Su honestidad se liga exclusivamente al tema económico. Soy prángana porque soy honesto; así de fácil, así de sencillo.

Sin embargo; su concepto de honestidad es curioso. Por ejemplo: si se trata de encuestas, las descalifica todas a menos que alguna lo favorezca y cuando esto sucede, la aplaude y ubica a sus autores dentro del paraíso de los prohombres. Lo anterior, sin menoscabo de lanzarlos al infierno, en el mismo momento en el que sus números se modifiquen para ubicarlo en una posición desfavorecedora a sus pretensiones. Pero como él vive modestamente, es honesto.

Si hacemos memoria, nos encontraremos con que López Obrador es impoluto. La gente que trabaja con él sabe que dentro de su clan las buenas son suyas y las malas serán invariablemente culpa de alguien más. Al más puro estilo de los guerrilleros, si alguno de los suyos es aprehendido o herido, ni la comandancia ni sus compañeros lo conocen y, en todo caso, le dan el tiro de gracia. Si su secretario particular —Bejarano— o su secretario de finanzas —Ponce— están involucrados en casos de corrupción, él no sabe nada. Si Costa Bonino organiza cenas en su nombre para pedir 6 millones de dólares, él no tiene conocimiento. Si Morena o cualquier otra de sus asociaciones paralelas tiene ingresos oscuros y no paga impuestos, él dirá que no está enterado. Pero como no ha hecho fortuna, es honesto.

Por otro lado, si se le señalan cifras del IFE, del Banco Mundial, del INEGI, de la Coneval o de cualquier otra institución, en las que queda al descubierto que su gestión como jefe de gobierno fue deficiente, entonces pronuncia las palabras mágicas: “yo tengo otra información”. Y lo mismo si se trata de encuestas que no le ayudan: “yo tengo otra información”. Y lo mismo cuando se trata de sumar y restar las cifras alegres con las que acompaña sus ofertas de campaña: “yo tengo otra información”. Resulta entonces con que López Obrador no sabe nada cuando se le agarra con las manos en la masa; y lo sabe todo cuando toma el presupuesto nacional federal y lo divide entre todas las familias mexicanas para entregarle a cada quien una parte; o cuando un millón de ciudadanos le hicieron una marcha para exigirle seguridad y él sale con que nomás eran unos cuantos pirrurris manipulados por la “derecha reaccionaria”. De esta forma, en todos los casos que le son adversos, AMLO, invariablemente, “tiene otra información”. Pero como él tiene poco dinero, es honesto.

El indicador que señala fehacientemente el compromiso gubernamental con el combate a la corrupción es la transparencia. No por nada la institución más acreditada en la materia se llama Transparencia Internacional. Pero en este sentido, hay que decir que la corrupción vive tranquila en el feudo de López Obrador. Ni como gobernante, ni como dirigente de partido, ni como candidato, AMLO ha sido transparente. Recordemos el vía crucis sufrido por María Elena Pérez Jaén para realizar su trabajo como comisionada del Instituto de Transparencia del DF, cuando aquél era jefe de gobierno. No podemos olvidar que buena parte de la información involucrada con los casos de corrupción de su gobierno fue reservada como confidencial, como es el caso de los contratos y pagos de los segundos pisos. Y si hablamos de la información vinculada a Honestidad Valiente, Morena y demás asociaciones diseñadas para financiar a López Obrador al margen de la ley, encontramos muy buenos ejemplos de su vocación por la opacidad. Hace unos días, conocimos las maromas dadas por el presidente del PRD para violar la normatividad interna de su partido y obtener un crédito de 50 millones de pesos para quién sabe qué propósito. Pero, eso sí, como AMLO vive en un departamento muy chiquito, no debe caber duda de su honestidad.

Valiente honestidad...

eduardo@eduardo-sanchez.org