La Carpeta:
1 de 10
 
Desde la designación evidentemente presidencial de José Antonio Meade como candidato del PRI a la Presidencia de México quedó repetidamente consignado aquí que para el éxito de esa candidatura era indispensable un rompimiento con la casa presidencial y su todavía titular.
FELIX CORTES CAMARILLO
marzo 6, 2018, 6:51 am

eré en tu vida lo mejor

                de la neblina del ayer

                Cuando me llegues a olvidar

                como es mejor el verso aquel

                que no podemos recordar.

                Homero y Virgilio Expósito, Vete de mí. 1936.

Desde la designación evidentemente presidencial de José Antonio Meade como candidato del PRI a la Presidencia de México quedó repetidamente consignado aquí que para el éxito de esa candidatura era indispensable un rompimiento con la casa presidencial y su todavía titular.

No la cobarde sana distancia que Ernesto Zedillo esgrimió para ocultar la daga de Bruto que mató al PRI disfrazado de César entregando prematuramente el poder a Vicente Fox. Más allá, incluso, veo un México con hambre y sed de justicia de Luis Donaldo Colosio, a quien Meade invocó anteayer en las vísperas de un PRI nonagenario y decrépito.

Se impone un rompimiento claro y explícito con la actual administración en sus expresiones más despreciables, la de la corrupción más que la de la ineficiencia. No la fantochada de “voy a meter a Peña al bote”, que dijo Anaya el domingo. Un rompimiento en el estilo moderado y serio del candidato del PRI. Se tiene que dar.

Hay quienes me han señalado que una actitud así por parte del candidato Meade, quien según yo reúne las mejores calificaciones para el puesto, lo pone en la mirilla del asesinato político como pasó con Luis Donaldo Colosio, cuyo hijo hoy se forma disciplinado en las filas de la corrupción de Ricardo Anaya. Alguien a quien el encargado del despacho de la PGR o su jefe directo con sus actos arbitrarios insisten en convertir en una víctima digna de lástima y compasión, aumentando su índice de simpatía. Si Meade y sus dudosos estrategas quieren ganar la Presidencia, tienen que romper con Peña.

No se puede descartar la posibilidad de una nueva versión del asesinato de Colosio, aunque uno quisiera pensar que el México de hoy no es el México de Carlos Salinas y que hemos madurado políticamente lo suficiente para que sea imposible inventar a un Aburto misterioso y evanescente. El mismo peligro corre cualquier otro de los candidatos, independientes o no. Pero si no hay un destete del candidato Meade del hombre de Los Pinos, don José Antonio solamente puede triunfar la madrugada del dos de julio mediante el tradicional chanchullo y el sistema caído. Lo cual no es de descartarse, lamentablemente.

Y ello sería, como en el caso de un asesinato brutal de cualquiera de los aspirantes, un retroceso a la era cavernícola de la política mexicana.

La forja de la democracia mexicana, incompleta, deficiente, lenta y corrupta no ha dado los resultados deseados ni con la presteza deseable. Pero si no avanza, nuestra vida política será una prueba lamentable de que cinco siglos después no hemos abandonado el culto a Huitzilopochtli.

PILÓN.- El circo de los Oscares, amén de cultivar el patriotismo, siguió atizando la flama del machismo a la inversa, de allá pa’cá, ahora que está tan de moda la memoria repentina de acosos sexuales del pasado. Vivan las mujeres por el hecho de ser mujeres y que los hombres por el hecho de ser hombres vengan a pedirnos chamba a las oficinas de Hollywood. Tampoco.

Conozco a Ricardo Rocha Reynaga desde hace más de 40 años, cuando iniciaba su carrera. Compartimos juntos intensos momentos de vida profesional y personal. Incluso, sí, un par de pecadillos erótico-sentimentales. Me consta que ellos fueron por mutuo consenso de todos los adultos y adultas en ellos involucrados. Insinuar, como se ha hecho últimamente, que Ricardo aprovechó el supuesto poder que da una cámara enfrente y un micrófono en la mano para lograr torvos objetivos sexuales, no solamente es mentira, es una canallada.