La Carpeta:
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¿Le huele usted esto, como me huele a mí, al nombramiento de 32 virreyes?
FELIX CORTES CAMARILLO
julio 13, 2018, 10:14 am

Yo soy Jehová, tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de siervos.

                No tendrás dioses ajenos delante de mí….

                Libro del Éxodo, capítulo 20, versículos 2 y 3.

Moisés solamente tuvo diez reglas que le había mandado decir Jehová a su prole bajando del monte Sinaí. Andrés Manuel leyó a su propia prole que son los diputados y senadores que entrarán en ejercicio antes que él una cartilla más amplia: no solamente tiene doce versículos, sino, como se dijo en la conferencia de prensa posterior a su cenáculo hay muchos capítulos menores, pero no menos importantes. La mayor parte de los enunciados ya había sido anticipada como lo de que nadie puede ganar más que el Presidente de la República, cosa que ya está en la sección segunda del artículo 127 de la Constitución. Independientemente del indiscutido principio jurídico de que nadie puede ver disminuido su salario por decisión de la autoridad.

La creación de la Secretaría de Seguridad Pública es loable, previsible y meramente administrativa. Igualmente la eliminación del cómplice fuero, incluyendo al Presidente en funciones es algo que Huitzilopochtli celebrará. La venganza, dicen es un plato que se come frío. Mucho menor atención ha causado la parte sexta del dodecálogo de López Obrador, que es muy importante: la revocación de la privatización del agua, que a todos les pasó de noche porque la administración actual se la sacó de la manga de última hora, cuando todo era las campañas y las elecciones. Mucho más complicado será cumplir los puntos ocho y nueve del código de López Obrador. Se refieren al más álgido tema, que es a la vez la obligación primaria de todo gobierno, la educación.

Cierto, el artículo tercero constitucional ya establece que la educación pública debe ser laica, libre, y gratuita. Andrés Manuel quiere que específicamente ese derecho abarque todos los niveles de la educación. Traducido al castellano, ello quiere repetir la oferta descabellada de campaña —que no, necesariamente, debe ser compromiso de gobierno— de que todo chamaco o chamaca que quiera ingresar a la universidad entrará sin distingo y sin costo. Para él o ella, claro. Para todos nosotros, incluyendo a López Obrador, sí. La educación superior, por naturaleza, tiene que ser selectiva; sólo los mejores deben tener acceso a ella.

La revocación del mandato cada tres años para el Presidente es algo que, supuestamente, está ya incluido en el sistema electoral mexicano, que debe transformarse radicalmente. Votar por presidente cada tres años en lugar de cada seis es solamente alimentar una burocracia que a lo largo de todo el dodecálogo se pretende reducir.

En la conferencia de prensa posterior al cónclave legislativo, el próximo Presidente de México anunció la eliminación de subsecretarías, direcciones y delegaciones federales en los 32 estados. Qué bueno. Sí y no.

Se esboza por ahí el nombramiento de 32 delegados del poder federal que sustituyan a las delegaciones existentes. Una alternativa a los gobernadores de los estados de la federación, un poder alterno que tendrá que lidiar con asuntos locales de carácter hacendario, económico, de salud, educación y —sobre todo— de poder.

¿Le huele usted esto, como me huele a mí, al nombramiento de 32 virreyes?