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El Presidente de México sigue necesitando un avión seguro y eficiente para que lo lleve a donde tiene que ir, dentro y fuera de México.
FELIX CORTES CAMARILLO
diciembre 4, 2018, 5:30 am

La decisión radical y contundente del Presidente López Obrador se obedeció en su primera mitad con eficiencia y rapidez.

El avión TP01 que compró Felipe Calderón y poco usó Enrique Peña Nieto ya duerme en un hangar en Victorville, California, cerca de San Bernardino, a la espera de un cliente que se lo lleve para rentarlo a veinte mil dólares la hora de vuelo, a poderosos potentados de donde fueran. Extrañamente, la oferta de compra que un empresario mexicano hizo, incluyendo no solamente el superavión, sino toda la flotilla de aviones y helicópteros que López Obrador no quiere, no obtuvo respuesta del Presidente, al menos que se sepa.

La segunda mitad es más importante.

La enorme inversión para construir el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México en lo que quedaba del lago de Texcoco fue suspendida de la misma forma intempestiva e irracional a través de un plebiscito mal hecho, predirigido y antidemocrático.

Aparentemente, el presidente López seguirá acudiendo peligrosamente a las llamadas consultas populares antes de cualquier decisión presidencial, como se hizo en Texcoco.

Hoy, las obras avanzadas en ese aeropuerto no están formalmente suspendidas. La edificación es la más importante obra pública que se intentaba en nuestro país. Se trataba de colocar a México como una plataforma inevitable para el tráfico aéreo en nuestro continente. Una potencia del turismo mundial.

De alguna manera, gente cercana al presidente López Obrador ha sabido soplarle al oído que la cancelación del aeropuerto de Texcoco no era una buena idea.

De otra manera, López Obrador no podía, en su larga campaña de toma de posesión, que fue de julio a diciembre, dar un golpe de timón de esa magnitud. Aparentemente, tiene que hacerlo. El Presidente de México sigue necesitando un avión seguro y eficiente para que lo lleve a donde tiene que ir, dentro y fuera de México.

Pero, además, nuestro país sigue necesitando un gran aeropuerto –que ya se está construyendo– para superar su retraso. Sobre todo, con el enorme costo que la suspensión implica.

Puede ser que yo me equivoque en mis predicciones.

Me daría mucha pena, por mí y por mi país. Yo quisiera, como cuando fui niño, volar.