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Pero una cosa es que el proyecto guste, que se vea viable y que haya dinero para construirlo, y otra muy diferente es juntar las voluntades y los intereses políticos, sociales y económicos que se requieren para llevarlo a la práctica.
Eduardo A. Campos
agosto 8, 2016, 5:45 am

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En su visita al Estudio de Calzada Política la semana pasada, además de su lacónica condena hacia el Sistema Penal Acusatorio, el Alcalde Mauricio Fernández reveló un proyecto para hacer una conexión vial entre el Municipio de San Pedro por el área de Valle Oriente, con el Municipio de Monterrey a la altura de la Colonia Independencia (ver cápsula completa).

Ni qué decir que ese plan captó de inmediato la atención de los Medios, pues la creación de una verdadera nueva vialidad en la complicada zona metropolitana es nota de primera plana, ya que por años lo único que se ha podido hacer es ampliar, adecuar o reorganizar las calles y avenidas ya existentes.

Claro que hay que recordar que la ruta que ahora proponen Mauricio y las autoridades estatales siempre ha sido promocionada, pero nunca se ha hecho realidad. Recuerdo a principios de los 90, cuando se hablaba del diseño del Túnel de la Loma Larga, muchos proponían que se hiciera por esa ruta más o menos, desembocando más hacia el Centro de Monterrey, por la Colonia Independencia.

Sin embargo, como la perforación de un Túnel requería de mucho más terreno y la relocalización de incontables vecinos, hubo intereses políticos que se opusieron a ese trazo y así mandaron el proyecto a donde ahora está, a la altura de Venustiano Carranza.

Pero héte ahí que, sin conocer todos los detalles técnicos, este nuevo proyecto parece más alcanzable, pues se trata de un paso sin perforación del cerro y que utilizaría la parte más baja de la Loma Larga. También suena promisorio que la nueva arteria intente llegar con una regeneración a una área muy deprimida de la Independencia, lo que hace al plan doblemente atractivo.

Pero una cosa es que el proyecto guste, que se vea viable y que haya dinero para construirlo, y otra muy diferente es juntar las voluntades y los intereses políticos, sociales y económicos que se requieren para llevarlo a la práctica.

En un proyecto de esa magnitud mucho tendrán qué decir los dueños de importantes predios de la Loma Larga, pero también meterán su cuchara líderes políticos y cívicos que siempre han visto como su territorio los populosos barrios de la Colonia Independencia.

Si alguno de esos muchos intereses se lo proponen, los automovilistas de Nuevo León verán cómo el multicitado proyecto se queda como idea efímera --carta a Santa Claus-- mientras que la zona metropolitana sigue ahorcada por falta de vialidades.