La Carpeta:
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El modo de vida de Ricardo lo delata. La lucha por el segundo lugar tuvo sus derrotas. Meade no impone agenda, su táctica rígida lo ahoga; Ricardo está tocado, la trinchera no es campo abierto; dinámico, López Obrador sigue avanzando también por algo muy simple: los ciudadanos eligen votar en contra de Peña Nieto.
Jose Jaime Ruiz
marzo 5, 2018, 12:35 pm

El entusiasmo del Grupo Reforma, manifestado a través de su columna “Templo Mayor”, parece ilusión, deseo, anhelo. Es muy temprano para concluir lo ahí escrito, falta ver las encuestas que siguen, incluyendo la de este grupo informativo.

“LOS ESTRATEGAS del PRI se aplicaron y le dieron un buen empujón a la campaña... ¡pero a la de Ricardo Anaya!

“EN SU AFÁN por torpedearlo para que José Antonio Meade lo alcanzara, los priistas le están regalando al candidato del Frente PAN-PRD-MC una plataforma de lujo para llamar la atención en plena intercampaña y, de paso, posicionar sus propios temas. “ESTA campaña del PRI y el gobierno, de la mano de la PGR, es para Anaya el equivalente al desafuero de Andrés Manuel López Obrador. Si lo querían hundir, lo catapultaron.

“Y LO QUE es peor para los tricolores es que ahora Anaya puede adelantar los pasos de su campaña. Originalmente en esta primera etapa, el panista se iba a concentrar en diferenciarse del PRI. Pero ahora el pleito ya escaló y el adversario no es el partido, sino su jefe: el Presidente.

“DE AHÍ que, a partir de ayer mismo, el candidato opositor enfilará sus baterías en contra de Enrique Peña Nieto, especialmente en lo que se refiere a los temas de corrupción y de inseguridad pública. Y todo por cortesía de los estrategas priistas. ¡N’mbre, unos genios!”.

¿Qué hace diferentes a Ricardo Anaya, José Antonio Meade y Andrés Manuel López Obrador? La congruencia. Ricardo fue un alegre socio de Peña Nieto y Luis Videgaray, hasta que rompieron. Andrés Manuel ha sido un duro crítico de los gobiernos del PAN y del PRI, por un lado; por el otro, hasta ahora no hay cola que le pisen. Ricardo es un candidato muy cómodo para Reforma (como lo fue en su momento Jaime Rodríguez Calderón). López Obrador, cuando lo ha requerido, impugna las informaciones del rotativo. Tal parece que Alejandro Junco ya decidió su apoyo por Ricardo Anaya.

La carta abierta de los intelectuales toca el meollo del asunto en la judicialización de la política: “Si hay pruebas contundentes sobre la responsabilidad legal de Ricardo Anaya exhortamos que la autoridad ministerial proceda en consecuencia. De lo contrario, el uso de la PGR para perseguir a un líder de la oposición, pone a México junto a países con regímenes autoritarios o democracias totalmente disfuncionales.

“Ante la falta de autonomía del MP, usted Presidente Peña Nieto es la máxima autoridad responsable de este proceso", señalan en la carta.

“Este posicionamiento no implica de ninguna manera un apoyo a la candidatura de Anaya sino una preocupación fundada en el uso del poder del Estado para incidir en el destino de los comicios”.

¿Quién lo iba a pensar? México, como Venezuela, con elecciones de Estado.

Anaya no tiene que demostrar su inocencia, la PGR tiene que demostrar su culpabilidad. En algo tiene razón la columna “Templo Mayor” porque esta campaña ya se definió y Andrés Manuel siempre lo supo: Meade no es el adversario, es Peña Nieto. Al asumirse como el verdadero agente de cambio –no perdonará como Andrés Manuel, metería a la cárcel al mismo Peña Nieto– Anaya olvida que fue un político orgánico del régimen y que su presunta corrupción trabaja en su contra.

A Andrés Manuel no se le ha comprobado corrupción, sí decisiones políticas polémicas. En Nuevo León el Bronco prometió meter al exgobernador Rodrigo Medina a la cárcel, faltó a su palabra. Nada indica que Ricardo Anaya, exsocio de Los Pinos, cumpla sus promesas. Su historial de traiciones es extenso.

En época de descrédito político, Ricardo está tocado y suele suceder que los socios se enojen en el reparto del botín. ¿Puede crearse Anaya un halo de honestidad y de justiciero? Es difícil, su pasado lo sigue esperando. Los ciudadanos no saldrán a la calle a defender a Anaya de los actos facciosos de la PGR. No, su situación no equivale, aún, al desafuero que sufrió López Obrador.

El modo de vida de Ricardo lo delata. La lucha por el segundo lugar tuvo sus derrotas. Meade no impone agenda, su táctica rígida lo ahoga; Ricardo está tocado, la trinchera no es campo abierto; dinámico, López Obrador sigue avanzando también por algo muy simple: los ciudadanos eligen votar en contra de Peña Nieto.

Por último, todo entusiasmo es pasajero, efímero. En realidad, ¿votarías por Ricardo Anaya?