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Histriónico, Porfirio ya es historia como lo que es: converso, apóstata de conveniencia. Déjenlo tranquilo redes sociales. Dejen al viejito que tome tragos en su abjurada paz. Ya no lo condenen.
Jose Jaime Ruiz
octubre 3, 2018, 8:40 am

Durante décadas el actual presidente de la Cámara de Diputados, Porfirio Muñoz Ledo, ha tratado de deslindarse de sus discursos elogiosos, que no elocuentes, sobre Gustavo Díaz Ordaz. Que deje de hacerlo, la retórica no le va. Si Porfirio Díaz duró 30 años en el poder, que nuestro Porfirio no dure cincuenta en el joder...

El tipo treintañero que elogió miserablemente a Díaz Ordaz no es el anciano de hoy. El tiempo cambia a las personas, pero las personas no pueden borrar su historia. Como político del sistema, Porfirio no es esencial. Poco ha aportado al cambio de régimen. Hay personas esenciales de la izquierda, dos ejemplos: Rosario Ibarra y Heberto Castillo. ¿Intelectuales de izquierda? Pepe Revueltas y Carlos Monsiváis. También hay farsas intelectuales en este aniversario, como Madame Fake Poniatowska.

Contradictorio, en el agringado “AMLO Fest” del Estadio Azteca, Andrés Manuel López Obrador destacó a los jóvenes del ’68, pero también a nuestro Porfirio, distinguido apologeta de Gustavo Díaz Ordaz. Cierto, la historia es el error. Ya que andamos dos octubreros, recordemos parte del poema de Octavio Paz, “Nocturno de San Ildefonso”, ya sea por el bazucazo o por la poesía.

“Conversiones, retractaciones, excomuniones,/ reconciliaciones, apostasías, abjuraciones/ zig-zag de las demonolatrías y las androlatrías/ los embrujamientos y las desviaciones...”.

Alguna vez nuestro Porfirio calificó a Octavio como el Fidel Velázquez de la cultura, se equivocó (si falla mi memoria, me corrijo). También se equivocó, político en ascenso priista, al lamer el discurso del Informe de Gustavo Díaz Ordaz. La valentía de nuestro Porfirio es acomodaticia. Octavio renunció a la embajada de México en la India y escribió un poema insólito desde la tristeza y la rabia, ejemplo poético de compromiso social. Nuestro Porfirio quiso ser elocuente al elogiar a Díaz Ordaz, resultó patético.

Leo en las redes sociales porfías contra Porfirio. Una guardia de honor presente no anula las guardias de deshonor pretéritas. Nuestros muertos no son sus muertos. Histriónico, Porfirio ya es historia como lo que es: converso, apóstata de conveniencia. Déjenlo tranquilo redes sociales. Dejen al viejito que tome tragos en su abjurada paz. Ya no lo condenen. Zig-zag, zig-zag, esa es su historia.