La Carpeta:
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Y que debemos estar orgullosos de él y no dejar que nos agredan. Mucho menos Donald Trump. ¡Viva México, chingao!
FELIX CORTES CAMARILLO
abril 9, 2018, 6:46 am

Porque uso de lado el sombrero vaquero,

y fajo pistola y chamarra de cuero,

y porque acostumbro el cigarro de hoja,

y anudo a mi cuello mi mascada roja

me creen otra cosa.

 Pepe Guizar, El Corrido del Norte

Con excepción de las canciones mal llamadas rancheras, en los tiempos de mi memoria encuentro pocas referencias de exaltación hacia lo mexicano, particularmente en el ejercicio político. O en la conducta civil. Nadie vibra con el Himno Nacional o pone la bandera tricolor cuando menos en septiembre en su casa. Recuerdo con emoción intensa haber leído de la señora que llevó su gallina al Palacio de Bellas Artes para ayudarle al presidente Cárdenas a pagar la indemnización por la expropiación petrolera. Vagamente tengo recolección de haberme sentido muy chingón porque nos devolvieron los gringos un pedazo de tierra que se llama El Chamizal. En algún momento repelimos una agresión ridícula por parte de la Guatemala de Ydígoras que protestaba por los piratas mexicanos que pescaban camarón ilegalmente en sus aguas, y nos sentimos muy orgullosos.

La semana pasada, Enrique Peña Nieto dio muestras de un desusado orgullo patrio enviando un mensaje al Presidente de los Estados Unidos exigiéndole respeto a nuestro país y a los connacionales que viven en el territorio de arriba. Del mensaje presidencial, los mexicanos creemos que, como se dice en misa, era justo y necesario. Las agresiones verbales y económicas del presidente Trump hacia los mexicanos habían llenado de piedritas el buche de este pollo que se llama México.

Lejos de la retórica que, aparentemente, es inevitable en estos tiempos electorales, el mensaje del Presidente a su vecino fue mesurado, elegante, prudente y enérgico. Justamente lo que todos los mexicanos estábamos esperando como respuesta al orate norteamericano, precisamente en la época en que se supone que la renegociación del Tratado de Libre Comercio entre Canadá, los Estados Unidos y México está entrando en su etapa final.

Es importante resaltar que los cuatro candidatos a la Presidencia dentro de ochenta días hayan abandonado, al menos en apariencia, la mezquindad de sus posturas políticas para solidarizarse con el Presidente. Para solidarizarse con los mexicanos, que sorpresivamente tuvieron voz en el jefe del Ejecutivo. Hay que señalar que la gente de la calle, pese al hartazgo que la corrupción y la ineficacia del aparato gubernamental han demostrado durante cinco años, se pronuncia al lado de su presidente.

Yo no necesito caras encuestas amañadas de preferencias electorales, o simpatías políticas, para saber que la deteriorada imagen de Peña entre la ciudadanía subió notablemente gracias a su esperada respuesta al hombre de la peluca naranja, ni me quedan dudas de que el candidato Meade se va a subir a éste cómodo tranvía. Es notable la tardanza del magnate neoyorquino metido a presidente para darle respuesta a Peña con alguna de sus bravuconadas, amenazas o reprimendas. Le salió la criada respondona, por decirlo de una manera que yo me entienda.

En resumen, lo más importante debe ser que los mexicanos tenemos una oportunidad única de estar orgullosos de ser mexicanos. No se trata de la patriotería del charro y la china poblana, de José Alfredo y Jorge Negrete. Se trata de darnos cuenta de que tenemos un país bello, rico, generoso, abundante en retos y tan maravilloso que los mexicanos, con todo el ingenio que demostramos en la producción de los memes, no hemos podido acabar de partirle la madre.

Y que debemos estar orgullosos de él y no dejar que nos agredan. Mucho menos Donald Trump. ¡Viva México, chingao!