Los enfrentamientos entre los cárteles y las fuerzas de seguridad del Estado han obligado a los científicos a abandonar el trabajo de campo, a interrumpir experimentos e incluso a modificar sus áreas de investigación.

De acuerdo con el subdirector de Coordinación de Comunicación en el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, David Ledesma, no existe documentación sistemática sobre los efectos del crimen organizado en la comunidad de investigación mexicana.

Sin embargo, para Arnulfo Blanco García, un ecologista de restauración de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo en Morelia, los científicos están siendo testigos de los efectos de algo que está transformando profundamente al resto del país.

La semana pasada se informó sobre la suspensión de las actividades en el Telescopio Milimétrico de Puebla debido a la operación de grupos criminales en los alrededores del volcán Sierra Negra que se vinculan al robo de combustible por la cercanía de ductos de Petróleos Mexicanos (Pemex).

El reportaje publicado por la revista Nature y escrito por Emiliano Rodríguez Mega compila los testimonios de varios investigadores mexicanos a lo largo de la república, entre ellos el de Blanco, quien asegura que colaboradores en la región de Tierra Caliente han recibido amenazas de muerte por parte de grupos criminales locales quienes exigen que los investigadores dejen de monitorear a la población de Guacamayo militar, una especie en peligro, debido a que atraen a curiosos a la zona.

Los colaboradores internacionales también se han visto afectados por la violencia derivada del narcotráfico, fue el caso de Bryan Fry un investigador de venenos de la Universidad de Queensland en Australia quien visitó una cueva cerca de Cuernavaca para estudiar a los murciélagos vampiros, cuyo veneno podría tener aplicaciones médicas, sin embargo, debido al clima de violencia optó por reubicar su investigación en Costa Rica.

Mariela Fuentes Ponce, una agrónoma de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) que colaboraba con comunidades indígenas en el suroeste de Guerrero para mejorar las prácticas de siembra, abandonó su proyecto sin publicar los resultados dado que toda su investigación se perdió luego de que soldados acusaran a un colega de tráfico de drogas en 2016.

Pese al anuncio de la nueva administración dirigida por Andrés Manuel López Obrador, quien aseveró que la guerra contra el narcotráfico había llegado a su fin, los investigadores se mantienen escépticos y en espera de que las autoridades les ayuden a continuar con el desempeño de sus labores científicas.

Foto propiedad de: Juan Carlos Cruz / Cuartoscuro