En una gala más corta de lo habitual -tres horas y cuarto- y sin presentador, el ritmo de la 91 edición de los Óscar lo pusieron los discursos políticos y un final lleno de sorpresas, con “Green Book” haciéndose con el premio a mejor película por encima de las dos grandes favoritas, “The Favourite” y “Roma”, aunque el filme mexicano hizo historia.

De los tres Óscar que se llevó el filme dirigido por Alfonso Cuarón, uno fue el de mejor película en lengua no inglesa, el primer en la historia para México tras ocho nominaciones anteriores: “Macario” (1960), “Ánimas trujano” (1961), “Tlayucan” (1962), “Actas de Marusia” (1975), “Amores perros” (2000), “El crimen del padre Amaro” (2002), “El laberinto del fauno” (2006) y “Biutiful” (2010).

UNA VICTORIA CANTADA.

Indudablemente era la noche de “Roma” y, pese a la calidad de algunas de sus contrincantes como la trágica “Cold War”, de Pawel Pawlikowski (Polonia), o la tierna “Shoplifters”, de Hirokazu Kore-Eda (Japón), la victoria del filme de Cuarón estaba cantada.

Una película que demuestra que “no hay fronteras ni muros que frenen el ingenio y el talento”, como dijo Javier Bardem, en español, al presentar este Óscar.

También en español, al presentar “Roma” como candidata al Óscar a mejor película, Diego Luna afirmó: “Ya se puede hablar español en los Óscar (…) Ya nos abrieron las puertas y ahora no nos van a sacar”.

Y sin duda la frase de la noche fue la primera de la gala, pronunciada por Maya Rudolph: “Esta noche no hay presentador, no habrá premio de película popular y México no va a pagar el muro”.

Era el aperitivo de una noche que se antojaba gloriosa para “Roma” y, aunque no lo fue tanto, salió del Teatro Dolby de Los Ángeles con tres premios importantes: mejor película extranjera, dirección y fotografía.

Segundo Óscar de dirección para Cuarón tras el de “Gravity”, en 2014, y primero por la fotografía, una labor además que no había realizado hasta ahora en ninguno de sus largometrajes.

“GREEN BOOK”, LA SORPRESA DE LA NOCHE.

Pero no se llevó el premio gordo al que aspiraba y que hubiera sido histórico. Hasta ahora ninguna película en lengua no inglesa se ha llevado el Óscar a mejor película. Y esa noche tampoco.

El premio, con una gran sorpresa, fue para “Green Book”, lo que demuestra algo que ya se sabía, que las historias sobre racismo son una historia que interesa en Hollywood porque es una herida no cerrada en Estados Unidos.

Por eso la película se llevó tres Óscar -también consiguió los de mejor guion original y mejor actor secundario (Mahershala Ali)-, es decir, tres de los cuatro premios a los que aspiraba.

Un drama dirigido por el rey de las comedias, Peter Farrelly, que contaba una historia de racismo en el Estados Unidos de los años sesenta, sin ahondar en los problemas raciales.

Algo parecido a lo que hizo Spike Lee con “BlacKkKlansman”, otra historia de racismo, en clave de comedia y que no profundiza, pero que tiene mucha más ironía y más crítica que la de Farrelly.

Como demostró Lee al recoger su Óscar al mejor guion adaptado: “Las elecciones presidenciales de 2020 están a la vuelta de la esquina. Movilicémonos. Estemos en el lado correcto de la historia. Hagamos la elección moral de amor contra odio”.

COLMAN LE ARREBATÓ EL ÓSCAR A GLENN CLOSE.

En una gala llena de sorpresas, una de las mayores fue que Gleen Close se fuera una vez más -y ya son siete- con las manos vacías, pues el Óscar a la mejor actriz se le escapó entre los dedos cuando todas las apuestas señalaban que la favorita.

Pero la favorita de los académicos fue Olivia Colman, precisamente por la cinta “The Favourite”, quien parecía la más sorprendida de haber dejado a Close, una vez más, en la butaca y con cara de póker.

“Glenn, esto no es lo que yo quería. Eres magnífica. Te quiero”, aseguró Colman que ha seducido a todos con su interpretación de la reina Ana de Gran Bretaña y que apenas podía decir incrédula: “¡Oh, guau! He ganado un Óscar”.

Donde no hubo imprevistos fue en el Óscar al mejor actor, en el que compartían favoritismo casi a partes iguales Christian Bale (“Vice”) y Rami Malek en su papel de Freddie Mercury para “Bohemian Rhapsody”, aunque finalmente se impuso el actor de origen egipcio.

Y Malek fue, ante todo, agradecido: “Gracias por dejarme ser la parte más diminuta de su fenomenal y extraordinario legado (…) Estoy en deuda con vosotros para siempre”.

Tampoco se salió del guion el premio de mejor actriz secundaria a Regina King, por la intensa historia de amor con trasfondo de racismo que dibuja “If Beale Street Could Talk”, igual de esperado que el de Mahershala Ali por actor de reparto, por “Green Book”.

Y QUEEN TUVO PREMIOS Y PRESENCIA.

Y aunque de categorías consideradas menores, la biografía de Freddy Mercury y Queen se fue con cuatro Óscar en el bolsillo, el del mencionado actor principal y los de montaje, edición de sonido y mezcla de sonido.

Además de ser los protagonistas de la explosiva apertura de la gala, con una muestra de las canciones más famosas del grupo, esta vez con Adam Lambert como vocalista, que pusieron a todo el auditorio de pie al grito de “We will rock you”.

Mientras que “Black Panther”, la película más taquillera del año pasado y primera historia de superhéroes negros, se llevó dos Óscar, los de diseño de vestuario y el de diseño de producción.

Era la ganadora cantada de esa categoría de mejor película comercial que la Academia de Hollywood anunció como novedad para este año, pero que aún no ha visto la luz.

En animación también lo que se esperaba, “Spider-Man: Into the Spider-Verse”, el filme del que más se ha hablado este año. Y en documental, uno de hazañas de escaladores, “Free Solo”.

Pero si hubo un momento emotivo en la noche fue la actuación de Lady Gaga y Bradley Cooper, pareja protagonista de “A star is born” e intérpretes de la canción “Shallow”, que poco después se llevaba el Óscar a mejor canción.

Y Lady Gaga lloró desconsoladamente mientras agarraba con fuerza su Óscar.