La segunda cumbre entre el presidente de EE.UU., Donald Trump, y el líder norcoreano, Kim Jong-un, comenzó con un saludo entre ambos en un céntrico hotel de Hanói, ocho meses después de su histórico primer encuentro en Singapur. Los dos líderes tenían previsto reunirse a solas durante unos veinte minutos antes de compartir una cena junto a cuatro de sus asesores, en la primera jornada de una cumbre de dos días centrada en el proceso de desnuclearización de Corea del Norte.

La segunda cumbre entre el líder norcoreano, Kim Jong-un, y el presidente de EEUU, Donald Trump, busca resolver cuestiones planteadas en su primer encuentro de 2018 tras ocho meses de diálogo poco fructífero. Estas son las cinco claves con mayor peso en la cita de Hanoi.

– El significado del término “desnuclearización”:

En su primera cumbre de Singapur de junio Trump y Kim acordaron “trabajar para la desnuclearización de la península coreana” al tiempo que Washington se comprometía a garantizar la supervivencia del régimen de Pionyang.

La falta de una hoja de ruta impidió desde entonces cualquier avance de peso y Washington, que con los meses ha parecido rebajar sus exigencias para que Pionyang implemente un desarme “total, verificable e irreversible”, avanzó que en la cumbre buscaría establecer una “definición común” de lo que significa “desnuclearización”.

De este modo, gana enteros la posibilidad de que Kim ofrezca un desarme parcial centrado en el complejo nuclear de Yongbyon, en el que Corea del Norte produce su combustible para bombas atómicas y el cual ya se ofreció a desmantelar “permanentemente” a cambio de “medidas correspondientes” de la Casa Blanca.

– Relajación de sanciones y un principio de acuerdo de paz:

Todo apunta a que entre las “medidas correspondientes” con las que Washington incentivaría la desnuclearización norcoreana se contaría una relajación de sanciones que permita revivir proyectos de cooperación económica entre las dos Coreas y una declaración para dar portazo a la Guerra de Corea (1950-53), que concluyó con un alto el fuego.

Este documento alejaría para Pionyang la posibilidad de un ataque o invasión estadounidense y le brindaría esas “garantías de seguridad” que prometió Washington en Singapur.

– Abrir la puerta a relaciones diplomáticas propiamente dichas:

La cita de Hanoi se podría saldar con un proceso para iniciar relaciones diplomáticas propiamente dichas entre ambos países tras 70 años de desencuentros. EE.UU. nunca ha reconocido diplomáticamente la existencia de Corea del Norte desde que se fundó oficialmente en 1948 y con la que técnicamente sigue en guerra.

Se cree que la declaración conjunta podría incluir el establecimiento de “oficinas de enlace”, misiones diplomáticas de grado menor que estarían encabezadas por un funcionario acreditado por las respectivas Cancillerías en vez de por las jefaturas de Estado (como es el caso de los embajadores propiamente dichos).

– ¿Qué se juega Trump en esta cumbre?

Trump ha tratado de rebajar las expectativas antes de la cumbre, al asegurar que “no tiene prisa” en el proceso de desnuclearización de Corea del Norte. Pero ésta es la única gran apuesta diplomática de un presidente proclive al aislacionismo y las guerras comerciales, y le gustaría salir de Hanoi con un algún anuncio que le reivindicara como garante de la paz internacional e, incluso, como posible aspirante al Premio Nobel de la paz.

La cumbre con Kim también le ha dado a Trump un respiro en un momento políticamente complicado, con la investigación de la presunta injerencia rusa en las elecciones de 2016 a punto de concluir y las tensiones con la oposición demócrata a flor de piel debido a la batalla para financiar el muro con México.

– ¿Quiere Kim Jong-un iniciar un proceso de apertura económica en Corea del Norte?

En abril de 2018 Kim Jong-un anunció que daba por concluida la era del “Byungjin” (desarrollo paralelo de la economía y del programa armamentístico) que él mismo inauguró en 2013 y que el régimen pasaría a centrarse casi exclusivamente en el crecimiento económico del empobrecido país.

Este énfasis en el desarrollismo, la aparente voluntad de Kim de desmantelar su programa nuclear a cambio del levantamiento de sanciones o sus viajes desde 2018 a China, Singapur y Vietnam, cuyos avances económicos han sido alabados por la propaganda norcoreana, hacen pensar que el líder está dispuesto a aplicar reformas económicas.

Muchos analistas han señalado además el hecho de que esta cumbre tenga lugar en Vietnam, país comunista que desde los ochenta aplicó el proceso “doi moi” (cuyo objetivo era la creación de una economía de mercado de orientación socialista), y la posibilidad de que Kim lo explore como modelo aperturista.