No dejaré de decir que me cae muy bien José Antonio Meade, a quien considero un hombre bueno y trabajador. Por cierto, me invitaron a estar este jueves, más tarde, en una taquiza por su cumpleaños. No asistiré porque tengo problemas personales serios que me quitan las ganas de andar de juerga.

Si tuviera en este momento más tranquilidad emocional, no estaría escribiendo la presente columna, sino que me estaría preparando para acudir a la fiesta de Meade a comer tacos y a beber vino de mil pesos, que supongo es lo menos que se ofrecerá en la pachanga.

Si tuviera la costumbre de regalar objetos inútiles en los cumples de la gente, ya le habría enviado a Meade una corbata elegante para que la luzca en sus consejos. Pero, como como soy de Monterrey, no le voy a regalar nada. Ni modo: en mi tierra la austeridad no es una virtud política, sino una obsesión psiquiátrica. Soy codo, pues. Y a mucha honra.

¿Corbata fifí para los consejos en los que participará Meade? En efecto, el de HSBC y el del Grupo Alfa, dos empresas privadas que lo han contratado. ¡Qué cabrones los nuevos patrones de José Antonio Meade!

No es ilegal que Meade vaya a ser empleado en tales grupos empresariales. Y, para no debatir en exceso, diré que no tengo idea de si eso sea poco ético o no.

Lo que sí creo es que, sin duda, el hecho de que Meade esté pasando con tanta facilidad del gobierno de México a las grandes empresas nacionales y extranjeras es algo, de plano, muy poco estético: se ve de la rechingada.

Pero no tiene la culpa el indio…

Meade se está dejando querer porque va a ganar, fuera del gobierno, lo que nunca le pagaron en la administración pública.

No sé está dando cuenta el ex candidato presidencial del PRI —también ex secretario de Hacienda, de Desarrollo Social, de Relaciones Exteriores, de Energía— que la mafia empresarial lo está usando bien gacho. Y no lo están usando por sus conocimientos —incluyendo secretos que posea— en materias hacendaria o energética, que no serán despreciables para los empresarios que lo están contratando, sino por otra cosa: la derecha empresarial local y global está usando al señor Meade para desafiar al proyecto de cuarta transformación del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Una pena que Meade no se dé cuenta de ello. Una desgracia para la democracia mexicana que alguien como el ex titular de Hacienda, que pudo haber trabajado abajo varios años, haciendo política sin percibir grandes ingresos, que pudo haber construido una opción electoral competitiva para las presidenciales del 2024, esté sacrificando la posibilidad de la victoria en el largo plazo por premios menores en el plazo inmediato.

Meade se hizo verdaderamente un político importante, un líder poderoso cuando perdió las elecciones de 2018. Ese político importante, ese líder poderoso ya lo mataron las ofertas de HSBC y Grupo Alfa que, como en la película de El Padrino, el ex candidato presidencial del PRI nomás no pudo rechazar.

En fin, le deseo a José Antonio una muy buena taquiza esta noche. No asistiré porque, en serio, estoy en una situación muy complicada, no apta para las fiestas de ningún tipo. Si quiere y acepta, ya comeré con Meade, inclusive en Londres —él pagará, ya tiene chamba: dos chambas— y le diré: “La cagaste, por hacerle caso a esos cabrones que andan retando a AMLO, ya no serás presidente de México”.

Es que la lección de lucha, de sacrificio, de entrega absolutamente desinteresada que dio AMLO desde el 2006, muchos la entienden, pero pocos tienen los huevos para imitarla.