Cada año el excandidato presidencial del PRI celebra su cumpleaños con lo que él llama una taquiza. En la casa de sus padres, creo.

El año pasado hubo mucha gente en la fiesta. Todos los asistentes sabían que José Antonio Meade perdería en la contienda electoral presidencial y, solidarios, se hicieron presentes en algo que pareció ser un funeral anticipado.

Este año hubo más gente en la taquiza de Meade y el ambiente no era fúnebre, tampoco festivo: el ánimo era combativo. Por lo que me cuentan.

Hoy en El Universal el columnista Mario Delgado dice que Carlos Slim es el “relegado de la cuarta transformación”.

Periodista muchas veces exagerado en sus juicios, esta vez —según los que saben de estas cosas—, el señor Maldonado podría andar con la brújula bien calibrada.

Slim, según Mario Maldonado, pensaba que no le podía ir peor que en el sexenio de Peña Nieto. Son los riesgos de pensar. Esto es, tal vez —después de la cancelación de las obras del aeropuerto, de no haber tenido éxito en una licitación petrolera y de no haber sido invitado al Consejo Asesor Empresarial de AMLO—, el hombre más rico de México debe estar empezando a cambiar de opinión.

El hecho es que Slim estuvo anoche con Meade. Todo un desafío, de plano. ¿O se puede interpretar de otra manera el plato de grasosos tacos que se zampó, lo que no me consta, pero supongo: el ingeniero parece ser de buen diente?

Entre los invitados había personalidades de los medios que han sido mucho muy críticas —sin amarillismos— de Andrés Manuel, como Joaquín López-Dóriga, que lleva semanas publicando en Milenio columnas realmente dignas de leerse y, sobre todo, analizarse. Normalmente no estoy de acuerdo con Joaquín, pero sus argumentos deben ser tomados en cuenta.

Desde luego, el PRI del pasado y el PRI del presente e inclusive el PRI del futuro, si algún futuro tiene este partido, estaban en la taquiza: Luis Videgaray, Alejandro Alito Moreno —aliado de AMLO solo en la medida en que ello no lo aleje de las bases priistas—, Aurelio Nuño, Eruviel Ávila, Paul Ospital, Mario Zamora y muchos más.

Algo cocina Meade, un hombre normalmente prudente que, antes de su reciente reaparición como figura mediática, se lanzó duro —con unas cuentas más bien raras— a retar al gobierno de López Obrador por la cancelación del NAIM.

Y, ni hablar, los anuncios de estos días de sus dos nuevas chambas —una en HSBC, en Londres; la otra, en el Grupo Alfa, en Monterrey—, hacen de José Antonio Meade si no el líder de la oposición política, sí un contrapeso real, no institucional por supuesto…, y como ni este hombre ni sus aliados son ingenuos, el señor Meade debe ser considerado un contrapeso al que no le cabe la etiqueta de “ternurita”.

Posdata

Me invitaron a la taquiza. No asistí, como lo comenté ayer aquí mismo, porque no ando de humor para las parrandas.

No soy anti AMLO —simpatizo con el presidente, sí: inclusive lo aprecio de verdad—, tampoco soy pro Meade, un tipo que me cae muy bien; desde luego, no me considero contrapeso, cuando mucho tengo exceso de peso: nomás no logro bajar la panza, lo que tarde o temprano me provocará problemas.

En fin, lo único que puedo concluir es que viva la libertad y, en esa lógica, que cada quien que haga lo que quiera: el respeto a la grilla ajena es la paz.

@FedericoArreola