La barca de oro que debe conducirme.

Yo ya me voy. Sólo vengo a despedirme.

La barca de oro, Cuco Sánchez o Abundio Martínez

Hoy, jueves, se debe discernir en las cámaras legislativas mexicanas la perversa iniciativa de reforma constitucional para dos intenciones tramposas: la revocación de mandato y la consulta popular.

Uno y otro procedimiento son, supuestamente, significativos avances de la democracia participativa, que cuentan con la entusiasta autoría e impulso de Andrés Manuel López Obrador, que eso equivale a decir la mayoría de los políticos activos de México, los políticos en el poder de la aplanadora con el que el partido del Presidente opera.

La revocación de mandato es, ciertamente, un instrumento de la oposición para echar del mando a un gobernante inepto, impopular, tiránico y soberbio. Sin embargo, en los regímenes totalitarios se convierte en un plebiscito que ratifica a quien ejerza el poder, siempre y cuando cuente —como López Obrador cuenta— con las ventajas de logísticas, de convocatoria, y organización para hacer de la votación por la revocación de mandato, que se haría según la propuesta de reforma constitucional, si el 40 por ciento del poder electoral lo solicita.

Realizado en coincidencia con las elecciones federales de la mitad de sexenio, el plebiscito se inscribe en la campaña electoral y coloca al presidente López en el papel protagónico y mediático que no está dispuesto a abandonar. Pese a la explícita negativa de que el sexenio del presidente López durará solamente seis años, esa ratificación multitudinaria del Presidente, que se puede desde ahora adivinar, apunta mucho a la pifia que se coló estos días en un documento oficial, lo que motivó regaño para su autor: el haber incluido al calce de tal documento la frase Sufragio Efectivo, No Reelección.

Tal vez más peligrosa sea la iniciativa que no solamente pretende legitimar, sino hacer práctica permanente y casi obligatoria la consulta popular. Por ese camino se descalificó el perfectamente calificado nuevo aeropuerto internacional de la Ciudad de México, y por ese camino se va a legitimar cuanta ocurrencia tenga el presidente López. El pueblo manda, es una frase muy bella en los discursos y en las sesiones electorales; es una práctica que legitimó no solamente el golpe de Estado de Adolfo Hitler a la República de Weimar: le dio su aval a todos los crímenes nauseabundos de la Segunda Guerra Mundial.

PILÓN.- Pese al obligado optimismo que el actual régimen nos receta cada mañana, en que el país amanece visto de jauja, uno no puede dejar de reconocer el avance que promete la aprobación lograda de la Guardia Nacional, esa enorme masa de policías vestidos de soldados o de soldados vestidos de policías. El uniforme no importa. Su vocación civilista, lograda pese al empecinamiento presidencial nos hace abrigar cierta esperanza de que, finalmente, un esfuerzo institucional pueda lograrse a favor de la paz social y en contra de la delincuencia, organizada o no. Las intenciones son innegablemente buenas. Démosle el beneficio de la duda.